Un, dos, tres por mí y por todas mis compañeras

por Fran Valenzuela



Sobre Fran Valenzuela

Por Fran Valenzuela
Presidenta del OCAC, Observatorio Contra el Acoso Callejero.

*Dedico este texto a todas las Susys de Chile. A quienes confiaron en contarme sus historias para hacer este texto posible.

 

La Susy tiene 26 años y trabaja de cajera en el supermercado de una ciudad del norte de Chile. Camina todos los días a su trabajo mientras piensa con cariño en sus hijos, que tienen dos y siete años de edad. Ella es la principal sostenedora del hogar porque con su ex marido las cosas no terminaron bien, así que la pensión de alimentos no llega todos los meses.

Desde hace pocos años asiste a las actividades del 8 de marzo que se realizan en su ciudad. Le gusta la clase de zumba al aire libre, la manicure gratis y el doble de algún baladista que hace cantar a las chiquillas a todo pulmón. Nunca ha sabido por qué se celebra esa fecha, nadie le enseñó nada al respecto, pero le gusta la idea de que exista un día de la mujer. Ningún colegio o liceo le comentó que en 1908 un grupo de obreras en Nueva York murieron quemadas al luchar por sus derechos y que por eso se creó esa fecha conmemorativa.

Ella no lo confiesa, pero tiene miedo de que algo malo pueda pasarle a su hija de 7 años. A la Susy le tocó una vida dura. Recuerda con amargura cuando la violaron a los 16 años, dos hombres, en un callejón oscuro mientras iba caminando a visitar a su pololo. Nunca ha sabido que ella forma parte de las 17 violaciones diarias que ocurren en nuestro país, ni que en el mundo 1 de cada 5 mujeres han estado en la misma situación que ella.

Producto de esa violación quedó embarazada. Luego de un intento de suicidio perdió ese hijo. Nunca quiso abortar intencionalmente, tenía miedo de irse presa.

La Susy nunca escuchó, en ese entonces, que el aborto era un derecho reproductivo, sino que muy por el contrario, en sus oídos resonaba la campaña del “Me van a matar” o el “Si tú no estuvieras” de Fundación Chile Unido, ícono noventero de la criminalización del aborto.

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Jamás trató las heridas psicológicas que quedaron luego de esos episodios de violencia, así que no fue difícil que buscara protección en lugares equivocados. Su mamá le dijo que todo había sido su culpa, que su escote era muy grande y ella provocaba a los hombres. Así fue como se casó a los 18 años con un hombre que resultó ser agresor quien, además, es el padre de sus dos hijos. En esos años era trabajadora de casa particular. Su “patrón” le regaló una flor para el día de la mujer, pero no tenía contrato y no sabía que sus jefes incurrían en ilegalidades al tenerla en esa condición. La Susy no sabía que en esa época aún no había una ley específica para las trabajadoras de casa particular y que a ella, como muchas otras, les pagaban por debajo del salario mínimo.

Una compañera de trabajo le vio las heridas y después de una extensa jornada, la agarró fuerte del brazo y la llevó a Carabineros. Esa fue la primera vez que denunció a su marido. Recuerda el miedo y cómo pensaba con pavor “Me va a matar cuando se entere”. La Susy nunca supo que muchas mujeres pensaron exactamente lo mismo, que una víctima de violencia intrafamiliar en Chile demora en promedio 9 años en denunciar,  y que en el mundo 1 de cada 3 mujeres es golpeada, forzada a tener relaciones o abusada sexualmente. Fue la primera de muchas denuncias, ya que las medidas cautelares no se cumplían y su marido continuaba con la práctica de volver a casa y violentarla. Ella, confiaba en seguir denunciando, a pesar de que en Chile, dentro del total de femicidios, aproximadamente el 30% de las víctimas había realizado denuncias en contra de los agresores, previamente.

La Susy es muy sobreprotectora con su hija por las cosas que le ha tocado vivir. No confía mucho en la calle, allí la violaron y también acosaron en varias ocasiones. No lo comenta con nadie, porque claramente no sabe que en Chile 9 de cada 10 mujeres han sufrido este tipo de violencia y, que desde hace muy poco, el país habla de “acoso sexual callejero”. No quiere que a su hija le pase algo similar. Sabe que es peligroso y tiene razón, ya que cuando hablamos de abuso de menores de edad, nadie dice que sobre el 80% corresponde a casos de niñas.

No me gusta que calles

Es 8 de marzo y la Susy recibió un regalo en el trabajo. Le dijeron que era un día para “regalonear a las mamitas”. Vio pasar a una de las principales gerentas de la cadena de supermercados y la observó con admiración, sin saber que en Chile ella, a pesar de tener un cargo importante, gana aproximadamente un 30% menos que un hombre que realiza exactamente su mismo trabajo.

Salió del supermercado y fue a ver las carteras que tenían en el negocio de la esquina. Habían hecho una oferta especial por el día de la mujer. Llegó a su casa y en su página de inicio de Facebook vio escrita la palabra “Feminismo” en una publicación. Abajo, muchos comentarios decían que la persona era cuática y feminazi. La Susy miró a su hija, le dio like a la publicación sin saber mucho qué significaba realmente. Compartió una flor en su página de inicio por el día de la mujer, y se fue a dormir.

Este 8 de marzo aún Chile tiene muchas Susys que no conocen sus derechos. Por ellas y por todas, debemos seguir luchando.




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