Tontos y traidores

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Tontos y traidores. Son las palabras que nos salen del alma, desgarradas, para ir a tirárselas a la cara a los viejos arrugados que están sentados en la Cámara de Diputados definiendo, por el puro capricho de un cariño retorcido a su general Pinochet, el futuro de niñas aturdidas de violencia en salas sucias y suicidas del Sename. Más feas incluso son las palabras que quisiéramos ir a gritarle a Hasbún o José Antonio Kast, quienes movidos por el puro orgullo de querer defender lo indefendible llegan a decir barbaridades que no se entienden en la mente de alguien que de verdad cree en el amor a las personas. Y es simplemente eso lo que les estamos pidiendo a Rojo Edwards y Bellolio cuando les rogamos que dejen de argumentar con insultos a nuestra dignidad como ciudadanos y contribuyentes. Es: por favor, por algún momento en sus vidas, legislen, opinen, voten pensando aunque sea un segundo en las heridas en la sensibilidad que sus palabras pueden provocar en las personas que hasta el día de hoy han sufrido las consecuencias de un crimen. Porque no es sólo la mujer afectada la que sufre el suplicio de cargar con un feto producto de una violación. Son entornos familiares enteros. Son amistades. Son romances. Son vidas, destrozadas por crímenes, realizados por seres conscientes, de carne y hueso. Son crímenes las violaciones que destruyen historias con huellas visibles, huellas que el Estado obliga a mantener como mantos de tortura, sin opción a no mirarlas, a no sentirlas, a no soportaras. Sin opción a decidir.

No les estamos pidiendo que dejen de creer en lo que creen. No les pedimos que dejen de creer en Dios y en la doctrina a la que le juran lealtad. Les pedimos que dejen de tomarnos el pelo. Que argumenten, que respondan a los contraargumentos, que se hagan cargo de sus palabras. Que piensen las frases antes de tirarlas y luego las sostengan, las reflexionen. Que no actúen como tontos. Eso es lo que les pedimos, nada más. Que no actúen como tontos.

”Por último el gobierno militar mataba gente grande, ustedes quieren matarlo en el vientre”, dijo René Manuel García, tonto. “Hay vida en el óvulo”, refiriéndose a vida como un ser humano, dijo Jaime Bellolio, tonto. “Despenalización del aborto es tan grave como permitir la esclavitud”, sumó Rojo Edwards, tonto. “Este proyecto es la antesala de la eugenesia y eso significa que se acabó la Teletón y los niños con discapacidad”, remató Gustavo Hasbún, el más tonto, para que nosotros festinemos, para que los sigamos considerando payasos, para que asumamos como la normalidad que el país se siga desangrando en las poblaciones porque nuestros representantes son tontos. Para eso lo hacen, para que no nos dé rabia. Para que los miremos como los bromistas, porque a los bromistas no se les puede reclamar nada. Se les chispoteó. Son brutos, hay que ponerles cero.

Pero hoy perdieron los brutos. Los tontos por primera vez, después de 17 mociones parlamentarias, no sumaron los votos para impedir la aprobación de la despenalización del aborto en la sala de la Cámara de Diputados. Perdieron, pero no están rendidos. Saben que así, siendo tontos, nos han gobernado y han negado nuestros derechos con miles de muertes de por medio, 150 mil al año, para ser precisos. Saben que sacando la máscara de idiota por el día, cenan como dueños de la moral del país, por las noches. Saben que hablando tonteras a la tele por el día, reciben las transferencias de sus tutores por la noche. Y así van construyendo su República, la República de los tontos.

Tontos y traidores. Así son las dos clases de políticos que, imponiéndose siempre sobre todo el resto gracias a la calculadora mágica creada por los quórum de Jaime Guzmán, en las últimas semanas, en que se reactivaron los proyectos de reformas, se han subido al toro y se han montado de la forma más ridícula y descarada, demostrándonos como payasos de circo que sus vidas están destinadas a resistir hasta caer, hasta morir, dando volteretas en el suelo, como el más triste participante de un programa de televisión de los años noventa. Unos jugando al rol de tontos más que de traidores, y otros dejando cualquier asco de por medio y colocándose el traje de Judas sin reservas, sólo porque el peso de sus historias de clase así se los permiten. Esos, los traidores que se ríen mientras echan de la sala con Carabineros a sus mismos compañeros de partido cuando tramitan la reforma laboral, quizás son los más peligrosos. Porque Judas hay uno solo. Grandes traidores también. No son como los payasos. Esos son de turno, se encuentran en las esquinas. Se imprimen en gigantografías y listo. En cambio, los grandes traidores permanecen, son como la mala hierba, como el junco. Se los saca con las patas pa’ delante, ya pensando en cómo traicionarte después de la muerte. Por eso el combate a la desigualdad mediante una mayor sindicalización del país sigue dependiendo de Andrés Zaldívar, quien en el gobierno de Frei Montalva ya cortaba. ¿Sabía usted que él redacto la indicación que obliga a que las huelgas sean “pacíficas”, dando a entender que el movimiento sindical de por sí es violento?

Lo peor de los grandes traidores, esos descarados que piensan las maldades y mandan a poner la cara a los tontos, es que son capaces de traicionarlo todo: a sus partidos, a sus coaliciones y a sus historias. Ignacio Walker, Patricio Walker, Manuel Matta y Andrés Zaldívar, los cuatro senadores DC que votaron en contra de la indicación del Gobierno que busca la obligatoriedad de la negociación colectiva del sindicato interempresa, y adalides del reemplazo interno, traicionaron los acuerdos doctrinarios de su partido, traicionaron las demandas históricas del movimiento sindical, por las que expusieron sus vidas María Rozas y Manuel Bustos –a quienes homenajean cada vez que pueden-, y de seguro van a traicionar a las mujeres de su coalición que reciben escupitajos en las marchas pro aborto, poniendo mil y una trabas al proyecto que les llegue de la Cámara de Diputados. Pero ellos van a hablar en serio, como caballeros de la política. El ridículo lo van a hacer los tontos: la Ena, Moreira. Ellos van a decir que piensan en la estabilidad del país, con la misma elegancia con que defienden la detención por sospecha, con la misma soberbia con que se juntan en una oficina con Jorge Burgos a entregarle sus votos para aprobar una medida propia de la dictadura, esa dictadura con la que se llenan la boca cuando quieren justificar sus traiciones.

En estas semanas, en que nuevamente el progreso de una sociedad -que ya no entiende progreso como crecimiento económico- depende de los caprichos, tonteras y traiciones de un Senado poco representativo y de un Tribunal Constitucional elegido a dedo, vale la pena pensar, para luego llorar y llenarnos de encono, cómo es que dos tipos de sujetos nos mantienen como el quinto país más desigual de Latinoamérica y uno de los cinco del mundo sin ninguna posibilidad de aborto. Vale la pena pensar en que esta es la República hecha por tontos y traidores, para tenerlos identificados en cada próximo paso en que nos pidan nuestra venia, y decirles que no. Decirles que los descubrimos. Decirles que no nos iremos derechito al infierno, como dijo el diputado Urrutia. Decirles que el infierno quizás está reservado para ellos. Para los que entienden el infierno como el fin de la influencia y el poder. El fin de los placeres ególatras de saberse los dueños, a punta de chistes y puñaladas. A punta de ser lo que son: tontos y traidores.




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