La UDI sigue siendo la UDI

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

A veces uno se pregunta ¿habrá existido en la historia de Chile algún otro partido político tan ridículo, inconsistente y mentiroso que la UDI? Porque ya esta cuestión de la indignación está pasando a la risa ¿Cómo pueden ser tan poco inteligentes como para lanzar su nueva propuesta al país, su “mea culpa” sin culpa, y su reinvención estética en la misma semana, quizás a la misma hora, en que su ícono y baluarte moral, Pablo Longueira, declara en Fiscalía investigado por cohecho? Es como si eligieran el momento preciso para que sus acciones públicas se conviertan en nada más que memes y comentarios irónicos que lo único que hacen es reducir su credibilidad y adhesión.

La UDI el fin de semana, luego de exponer al mundo un nivel de argumentos en el tema aborto que demostró más ignorancia que la de un niño de quinto básico, presentó su nueva imagen, con un logo a todas luces feo, que vino a mostrarnos el nuevo corazón de un partido que se está secando por dentro. Con un rostro depresivo de Hernán Larraín, y al más puro estilo gringo, con pancartas levantadas desde el público, se nos notificó que ya no son el partido popular. O sea, es que quién puede ser partido popular con un 17% de aprobación –la más baja entre todas las colectividades- y un 75% de rechazo, la mayor también en ese ítem. Quién puede ser Partido Popular al ser identificado por cualquiera como el símbolo de la corrupción y la falta de sentido común, diciendo en Cámara que por lo menos Pinochet mató a adultos y que el ser humano parte en la fecundación. Quién puede ser popular, asegurándoles a las mujeres la tortura de llevar un feto sin cabeza para que nazca en el parto, y la maldad de obligar a una madre a ver en los ojos de su hijo los del hombre que la violó, aunque ella no quiera verlo. Nadie puede creerles el discurso con el que el país apolítico les creyó a fines de los noventa. Pero no se equivoquen. Tampoco nadie puede creerles que hoy, con luces y nuevos colores, sean una Unión Demócrata e Independiente.

No son Unión porque José Antonio Kast, el mismo que salió con todo a defender a Novoa y a Longueira cuando se conocieron los primeros antecedentes de sus delitos, ahora dice que deben pagar por su responsabilidad. O sea, la unión se trata de aguantar hasta que nos pillen de forma tan descarada que no podemos seguir aguantando. Eso no se llama unión, se llama mafia, club de amigos cómplices, lo que sea, pero unión política no. La Unión no depende de que te pillen con las manos en la masa. Si te mantuviste unido hasta allí no es nada más que fruto de una defensa matona, esas que hacen los narcos cuando les tocan a uno suyo.

No son Unión, porque mientras adentro unos dicen que “Somos un partido demócrata, creemos que la Democracia es la única forma de gobernar”, afuera Urrutia y Labbé advierten que si sacan de su declaración de principios el reconocimiento del Golpe Militar se van del partido. O sea, mientras unos pretenden aclararnos que son demócratas ante cualquier circunstancia, afuera los más locos enrostran el por qué no lo son. Y es que si le sacaran la alusión al Golpe quizás no sólo serían un par de diputados los que se irían; sino esa base pinochetista que les sigue creyendo aunque estén en el suelo. Ese 17 % de la Adimark.

Tampoco son demócratas, porque mientras muestran cartelitos que tienen el único objetivo de no sufrir una catástrofe en las próximas municipales, Claudia Nogueira, Renzo Trisotti, Arturo Squella y Juan Antonio Coloma advierten que irán al Tribunal Constitucional si tiene éxito en el Congreso el proyecto de aborto. Y uno piensa, ya, una vez se puede creer que sería pertinente el uso del TC, una, pero ¿todas las veces? Eso no es otra cosa que frenar la democracia. Los millones de chilenos que eligieron un Parlamento para que legislara, dependen, a juicio de la UDI, de los diez tipos y tipas designados a dedo en el TC. De ellos, donde está la ex jefa de Segundo Piso de Piñera y donde hay mayoría de Derecha, depende todo el eje central del actual programa de Gobierno. Gratuidad, aborto, reforma laboral, constitucional. Todo. No puede ser. Eso no es democracia.

Y tampoco son Independientes, o si no que lo diga Ernesto Silva, legislando en el tema de las Isapres mandatado por un correo de Carlos Eugenio Lavín, dueño de Penta, a la vez dueña de Banmedica, en el que le pide que se pongan de acuerdo para impedir que una Ley les fije topes de aumento en el precio de los planes. “Para saber eso te estaba llamando y de acuerdo a eso ver si se nos ocurre algo”, le dijo Lavín al demócrata e independiente ex presidente de la UDI.

No son independientes, porque no puede ser que en el primer gobierno en que tuvieron ministros después de la Dictadura de Pinochet, las leyes más importantes que sacaron las escribieron tras la redacción directa de los beneficiados por esas leyes. Pablo Longueira reenviando a Larroulet el correo de SQM para no subirles los impuestos hasta 2025, Democracia. Jaime Orpis recibiendo un sueldo de Corpesca para luego asegurarles ser una de las siete familias beneficiadas con la Ley de Pesca, Democracia.

No se engañen chilenos y chilenas, la UDI sigue siendo UDI y hoy es más UDI que nunca, tratando de salvar todo lo que les dio el crimen de Estado, aunque caminen moribundos. Son descarados, nos van a volver a pedir el voto, apelarán al olvido y la ignorancia que tanto les ha servido, e intentarán morir en sus cunas de privilegio mientras nosotros esperamos si nos alcanza el cada vez más esquivo chorreo.

No se engañen chilenas y chilenos, no están aquí para detener la pobreza y defender a la clase media, como dijeron el fin de semana, porque cualquiera que apueste a eso no va a dejar la vida por mantener el robo a mano armada de las AFP, con la única propuesta de “ahh, usted tiene que cotizar más”. Cualquiera que apueste a eso no va a legislar en acuerdo con el dueño de una clínica para seguir subiéndole el precio de la Isapre. Cualquiera que apueste a eso no va a ir al Tribunal Constitucional a impedir la despenalización del aborto, que cada año mata y trauma a tantas chilenas violadas, la mayoría de las veces al interior de sus propias casas, en medio de la mayor desprotección de la pobreza.

No se engañen chilenas y chilenos: La UDI sigue siendo la UDI.




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