Cristo-ladrón (O la pasión del Brandon)

por Cristobal Palma



Sobre Cristobal Palma

Por Cristóbal Palma

Y le llamaron cristo-ladrón,
Entró limpio, moreno y alegre a la villa montado en una moto robada.
Los chiquillos lo recibieron con ramas de cáñamo
y se armó el domingo de gramos.
Le permitieron la última cena,
Eligió un as con doble mayo,
y lo repartió, entre piñiscones, a sus famélicos fieles.
Multiplicó,
a expensas del dealer,
el porro y el vino.

En andas lo llevaron a su peregrinación y destino
Un vía-crucis de insultos y bofetadas.
Su único retrato vino de una cámara de seguridad en Las Condes
Y en Providencia anunciaron su venida con alarmas comunitarias.
Al pasar la caravana por el colegio, le gritaron que no tenía futuro
Y una escolta de soldados vestidos de rojo lo expulsó del Mall Plaza Sur.

Cómo era de esperarse, Poncio Moral se lavó las manos
apelando a la responsabilidad individual y la crianza.
Pedro Clasemedia lo negó 3 veces,
“trabajo hay en todas partes” dijo en la prensa
“era un doméstico”, vociferó en el barrio.
“las malas juntas” dijo impávido a su madre doliente, doña María Soto,
(Casada en segundas nupcias con José , albañil en paz froimovich ).

Cautivo, torturado y humillado clamó perdón,
reclamando a su padre que lo había abandonado.
¡¡Por amor de Dios!!! Exclamó teatralizando la escena.
A oídos sordos le clavaron en la cruz de hormigón
El Rambo del condominio le clavó el dolor del trabajo esclavo
Una señora añosa le clavó la angustia de la jubilación
Un joven nervioso le clavó el grillete del crédito con aval del Estado.

En la punta de la cruz sellaron su destino con la inscripción “soy ladrón”,
Que es lo mismo que decir, “aunque la mona se vista de seda”.
Para que no se olvidara nunca de donde venía,
Para que no pudiera salir más de su cárcel-estigma.
Después de horas de torturas le enterraron la lanza al costado de la marginalidad
Para ver si aún gritaba “hijo de la perra”
(Que es lo mismo que decir si estaba vivo).

En el SENAME-sepulcro intentaron visitarlo los cabros y doña María
Parecía marchito el cristo-ladrón, con los ojos morochos aun humillados
y la espalda amoratada.
Al tercer día resucitó de entre los muertos.
Todavía mareado y rabioso,
con la boca seca y una mueca risueña le dijo a su compañero de camarote,
“Pa qué po, si yo nací ladrón”
y se desvaneció en el acto.

En la villa los cabros chicos siguieron sus enseñanzas,
Nunca aceptó visita porque, y como buen salvador, tenía que “hacer la cana solo”.
Se convirtió en leyenda.
Dijeron que no le robaba a los pobres y redistribuía las ganancias,
Que una noche pastabasera había caminado por las aguas del canal
y había salido mojado y cagado de la risa.
Fue santo de los márgenes
y el temor de los fariseos del emprendimiento y las AFP.




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