En qué momento nos ganó Argentina

por Farruko



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Por Farruko

Argentina nos ganó bien, no hay nada que decir. En la previa del partido, ambas selecciones llegaban con incertidumbre: Chile con técnico nuevo y el trauma de la salida de Sampaoli a cuestas, con una fecha anterior para el olvido, sin Vidal, ni Vargas, ni Aránguiz. Argentina cargaba con su irregularidad, cuatro fechas mediocres que le habían dado solamente cinco puntos.

En lo futbolístico, no hay mucho que decir. Ningún equipo fue notoriamente superior al otro, Chile controló más la pelota pero Argentina fue más efectivo, las lesiones tempranas del Mati Fernández y Díaz desarmaron todo el esquema pensado inicialmente y nos dejaron en desventaja, faltó capacidad de gol, los cambios podrían haber sido otros, y un largo etcétera ya repetido varias veces en todos los bloques deportivos de la tele.

Pero Argentina no nos ganó por fútbol. Argentina nos ganó cuando los jugadores decidieron de forma unánime salir con un lienzo recordando a los detenidos desaparecidos de la dictadura militar el día que se cumplen 40 años del golpe en su país; y que ante las amenazas de multas millonarias de parte de la FIFA, tuvieron que limitarse a sacarse una foto con él en los camarines. Argentina nos ganó cuando el público presente en el Estadio Nacional pifió su himno y gritó “argentinos culiaos” en medio del minuto de silencio por las víctimas del atentado en Bélgica. Argentina nos ganó cuando el mismo público cantaba “ole” a los quince minutos y ganando apenas uno a cero.

Argentina nos ganó cuando esos mismos que pifiaron, insultaron y se burlaron, quedaron mudos cuando nos dieron vuelta el resultado. Y terminaron de ganarnos cuando los miles que no cantaron para apoyar a su selección sí se pararon de sus asientos para enrostrarle a los visitantes la pérdida de las Malvinas.

Argentina nos venía ganando hace rato, más menos de cuando nuestros recién campeones de América fueron a rayar los camarines peruanos con mensajes nacionalistas y soberbios. O desde que el presidente de nuestro fútbol huyó del país como una rata, metido hasta las patas en corrupción, y ahora se saca fotos en Miami. O quizás desde antes, por esa época en que las entradas para ver a la selección chilena se convirtieron en las más caras de Sudamérica, haciendo que ni siquiera el mejor equipo de nuestra historia pueda jugar a cancha llena y las tribunas se pueblen de personas con tarjeta de crédito que saben mucho del himno nacional y la pifia al ajeno, pero poco de aliento al equipo, y que van pegarse un paseo de selfies y cotillón que más parece del superbowl.

Argentina nos ganó bien, nos bajó de la nube, tal como lo hizo Uruguay, y nos mandó el mismo mensaje: muy campeones de América seremos, pero mientras sigamos siendo los arribistas que pierden toda humildad por una copa, también seguiremos siendo los perdedores. Y mientras se siga profundizando el fútbol-negocio, el estadio seguirá sin llenarse, o con mucha gente pero silente, que es casi lo mismo.




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