¿Dónde está Melnick?

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

¿Sabía usted que Sergio Melnick, el tuitero furioso que desenmascara las mentiras y malas intenciones de todos los chilenos, no tuitea una reflexión personal desde el 6 de marzo? Desde ese día, a lo único que se remite es a compartir sus columnas. Se terminaron los ataques a mansalva a cualquier cosa con olor a izquierda, las comparaciones entre el embarazo y un auto chocado o un incendio, y las descalificaciones a las denuncias de acoso callejero. El 6 de marzo, el mismo día en que publicó su refundacional columna “Sincerémonos” en La Tercera, en la que nos llama –con un tono mesiánico, de gurú espiritual, por el único móvil de la bondad en sus intenciones- a “una especie de sinceramiento colectivo nacional, una catarsis y quizás un acto de psicomagia para aceptarnos como somos y colaborar para resolver los problemas reales del país en vez de destruirnos los unos a los otros”; de lo contrario, el desenlace será fatal, otra vez. Melnick, ese 6 de marzo, nos llamó a confesarnos. A confesar nuestros odios, nuestros errores y nuestros malos entendimientos del malestar ciudadano. Como un sacerdote, nos pidió que dejemos de ser lo que queremos ser, que dejemos de equivocados, por el bien del país. Lo que jamás imaginó fue que Compras Públicas le pidiera a él también confesarse. Confesar que en el Gobierno de su amigo Sebastián Piñera, su empresa consultora ganó más plata que en cualquier gobierno, con adjudicaciones express, beneficiándose, por lo tanto, de lo mismo que nos pide dejemos de hacer: el amiguismo y el abuso del Estado. Predica pero no practica, le dijo Compras Públicas, además de dejarlo como un mentiroso, mostrándole el documento que ratifica que su empresa recibió platas del gobierno de excelencia, al contrario de lo expuesto por Melnick, quien desde ese knockout no volvió a disparar más.

¿Dónde está Sergio Melnick? ¿Está viviendo su propio proceso de sinceramiento? ¿Estará, el ingeniero comercial titulado en el tiempo récord de siete semestres, pensando en sincerarse y pedir disculpas a todas las mujeres chilenas a quienes trató, con un tono de ultra misoginia, de estafadoras de las nobles AFP si se les ocurría no pagar de más por parir en una clínica y luego irse de la isapre? “Embarazo no es enfermedad pre existente; es costo pre existente. La pregunta es quien lo paga. Es como comprar un seguro con auto chocado”, dijo en su hoy silencioso Twitter, para luego alegar que nadie lo entendió, haciendo una analogía aún más ofensiva: “Nadie te va a vender un seguro de incendios cuando la casa ya está quemada”, dijo.

¿Dónde estará Sergio Melnick? ¿Estará pensando en que no se trata de que nadie lo entiende, sino de que sus disparos hacia las mujeres son una constante porque algo le pasa con ellas? De lo contrario no se explica que cuando Camila Vallejo confiesa que ha sufrido acoso callejero, su magia interna lo lleve a la inconexa reflexión de “ella es obviamente inocente de todo…. todos los demás tienen la culpa. El acoso es por su comportamiento político”. ¿O sea, lo importante es validar el acoso, es desacreditar la posibilidad de la diputada de ser víctima? ¿O sea, el señor que dice esto es el mismo que nos pide que acabemos con el odio para progresar?

¿O estará acaso, Sergio Melnick, pensando en sincerar que su defensa férrea a la dictadura de Pinochet permanece porque sus vínculos con el Ejército le permiten tener beneficios económicos en este preciso momento? Porque, como denunció GranSopi Mulder en Twitter, son casi 500 los millones de pesos que Melnick tiene ganados a través de negocios con el Ejército con su empresa Anticipa, montos que no negó cuando Patricio Basso le pidió explicaciones. Ahora se entiende por qué cree que el Ejército no debe pedir perdón por nada, nunca, menos por los crímenes cometidos por sus socios, como Álvaro Corvalán, con quien se le ve sonriente en fotografías de celebración por la articulación de la nacionalista Avanzada Nacional. Ahora se entiende que para los 40 años del Golpe, su reflexión haya sido “los que tienen que pedir perdón son los que iniciaron el desastre en el tiempo de la Unidad Popular (UP) que reventaron al país, lo reventaron, yo estaba ahí, era joven, y lo viví”.

Sin siquiera proponérselo, Sergio Melnick cayó en su propia trampa. En el mismo juego que viene proponiendo desde que se creó su cuenta de Twitter. Atacar, disparar y calumniar, amparado en los miles de RT sostenidos por la maquinaria de la derecha, que lo goza y celebra en cada una de las barbaridades que escribe con el único objetivo de dañar, de alguna forma, las intenciones transformadoras de la sociedad. Porque ¿Acaso tiene sentido que al aparecer la noticia de la comprobación de la teoría de las ondas gravitacionales, su reflexión haya sido “Newton con su causa y efecto termina de morir. Duro golpe para el marxismo”? Locura desenfrenada. Pero cayó, porque nunca se esperó que le respondieran con antecedentes, que lo dejaran como un farsante con documentos en la mano. Y vino el silencio. El mismo silencio que guardó cuando se conoció el Power Point que vendió a un monto millonario a Codelco, en el que explica qué es la minería con diseños que parecen un chiste, con memes como argumentos científicos, y con informaciones inexactas sacadas de internet, nunca citadas.

Sergió Melnick se calló. Lo callaron enrostrándole que no se predica con cierta parte en la mano. Recordándole que cuando hable de chantas, corruptos y cafiches del Estado, no obvie que “entre 2011 y 2016 AnticipaSA facturó al Estado UF171.000”, y que “60% fueron generadas durante gobierno de Piñera”. Lo callaron señalándole con pura verdad, sin comparaciones estúpidas ni odio desplegado a mujeres, pobres y mapuches, qué es la sinceridad, más allá de sus exhortaciones que lo único que tienen como objetivo es reforzar la idea conservadora de que no hay que tocar el corazón de los negocios que lo financian. Porque si algo quedó claro en este proceso de sinceramiento, es que a Sergio Melnick lo financian.

El ministro de Planificación de Pinochet, esta vez, planificó todo mal.




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