Ciudades Dormitorio: La pesadilla urbana del Chile Real

por Renato Garin



Sobre Renato Garin

Por Renato Garin González
Profesor Universidad Alberto Hurtado
Profesor Universidad de Chile

“Ciudad-Dormitorio” es un concepto que se comenzó a escuchar con fuerza en Chile a partir de los años noventa, en medio del boom financiero e inmobiliario que significó la transición. Ante el crecimiento inorgánico de Santiago y la proliferación de campamentos, los gobiernos de la Concertación decidieron trasladar grandes masas hacia ciudades como San Bernardo, Melipilla, Paine, Buin, Isla de Maipo, Calera de Tango, Talagante o Peñaflor. El concepto “Ciudad-Dormitorio” proviene de Estados Unidos donde, en la década del cincuenta, se popularizaron los “suburbios”. Estos fueron pensados como ciudadelas donde los trabajadores vivirían para desempeñarse en otro lugar, una ciudad más grande, una gran urbe, una metropoli, hasta donde deberían llegar mediante transporte público o automóviles. El concepto se expandió entonces lentamente hacia el tercer mundo, llegando a Chile a mediados de los ochenta y volviéndose clave en los noventa. La promesa de una vida tranquila lejos de la gran ciudad, a la vez que conectada a ella por expeditas vías, el sueño que se le vendió a una densa porción de la clase media.

Las ciudades como San Bernardo o Melipilla comparten elementos comunes respecto a la falta de planificación urbana que ha guiado su crecimiento. Sucede que el concepto “Ciudad-Dormitorio”, en Chile, ha sido usado como un gran paraguas donde hacer coincidir diversas concepciones de lo que es una ciudad. Desde los que eran pequeños pueblos como la comuna de San Pedro, pequeñas localidades como María Pinto o la creciente Curacaví, hasta ciudades conurbadas con la capital, que tienen más de 500.000 habitantes. De esta forma, la idea de las ciudades dormitorio es multiuso y, además, contiene un profundo déficit urbano. Parecido a este concepto aparece la “Ciudad-Satélite” de Maipú. Ambas metáforas, los dormitorios y los satélites, suponen que existe un living o un planeta en torno al cual funcionan tanto el satélite y el dormitorio. Tal es el caso de las ciudades al sur de Santiago. Lugares como Isla de Maipo, Calera de Tango, Buin, Paine, Talagante, Padre Hurtado, y las ya mencionadas Melipilla y San Bernardo comparten hoy problemas comunes dada su condición de periferia. Podríamos hacer un resumen y decir que en el sur de Santiago existe un grave problema de obras públicas, tanto de tránsito como de espacios comunes, basurales y vertederos que hacen el aire irrespirable, chancherías que vuelven pestilentes barrios completos, chanchullos que entregan los intereses de todos a empresas codiciosas, planos reguladores que no se consultan a los ciudadanos, y un largo etcétera.

El caso de San Bernardo es particularmente interesante pues se encuentra conurbada con Santiago, es decir sus límites geográficos con la metropoli ya no se logran identificar. Muchos habitantes de San Bernardo se consideran santiaguinos pese a que, en estricto rigor, no lo son. San Bernardo hoy vive las consecuencias de un masivo aumento de población, pasando de 250.000 habitantes aproximadamente en 2002 hasta casi 500.000 en la actualidad. Esta inmigración ha multiplicado las villas de viviendas sociales, que son fruto de campamentos trasladados desde Santiago. Además, los tiempos de viaje de San Bernardo hasta la Alameda han aumentado, al tiempo que el Transantiago no ha entregado soluciones reales a los vecinos de la comuna. En cierto sentido, San Bernardo se ha vuelto un ícono del fenómeno de las ciudades dormitorio, particularmente tras el incendio del relleno sanitario Santa Marta, que cubrió de un espeso y fétido humo a todo el sur de Santiago. Es interesante pensar que la mayoría de la basura de Santa Marta proviene del sector oriente de la capital, y recorre largos kilómetros para ser depositada en el sur. Es así como la ubicación de la basura también genera desigualdad urbana. Es así como detrás de la etiqueta “Región Metropolitana” se encuentra una (des) planificación urbana que sirve, a su vez, para disfrazar la desigualdad entre un sector geográfico y otro. El discurso del regionalismo hace especial sentido, paradójicamente, en la misma “Región Metropolitana”.

Melipilla es otro caso de ciudad-domitorio que hoy vive una explosión demográfica, ampliándose los márgenes del territorio urbano mediante el nuevo plano regulador. Según el proyecto aprobado de espaldas a la ciudadanía, se duplicó el territorio urbano en Melipilla lo que implica una nueva alza en la cantidad de habitantes que serán trasladados desde Santiago. En la actualidad, la comuna de Melipilla tiene más de 250.000 habitantes, casi tres veces de lo que tenía en 2002 cuando marcaba 90.000 habitantes aproximadamente. Esto implica una transformación de la ciudad, proceso que no ha podido ir de la mano con este explosivo aumento, que ha vuelto intransitable el centro, que ha propagado la delincuencia y que ha generado miles de jóvenes que no trabajan ni estudian pues no hay dónde hacerlo. Actualmente, además, la Plaza de Armas de Melipilla se encuentra cerrada a la espera de los trabajos de remodelación que se encuentran atrasados desde comienzos de marzo de 2016. A eso debemos sumarle que se ha prometido durante décadas el Metrotren a Melipilla que también involucra ciudades como Talagante o Peñaflor que viven crisis parecidas. Los accesos a estas ciudades se encuentran comúnmente saturados, incluso la Autopista del Sol, otrora una expedita vía, hoy parece una gran avenida que comunica con Santiago. Los lugares patrimoniales de esta zona, como Pomaire, se encuentran invadidos de productos chinos que han dejado sin trabajo a los trabajadores de la greda. Hacia el sur, la comuna de San Pedro tiene un preocupante problema de sequía producto de los pozos profundos que ha realizado la empresa AgroTantehue filial del grupo AgroSúper de la familia Vial.

En Talagante, se vive una situación similar, con grandes tacos en horas punta y dificultad para moverse dentro de la comuna. Además, existe una grave colisión de derechos producto de las chancherías ubicadas en la comuna. La Contraloría recientemente ordenó el cierre de las chancherías del grupo Max Agro a quien los vecinos acusan de contaminar no solo con los malos olores sino también con desechos que vierten hacia las aguas. En base a este conflicto se ha polarizado la ciudad pues la empresa genera puestos de trabajo que se perderían en caso del cierre definitivo. Talagante, además, ha pagado los costos de una mala planificación urbana que durante las mañanas genera interminables tacos para salir hacia Santiago. Del mismo modo, la locomoción colectiva de esta comuna, tal como la de comunas aledañas, es cara y mala. Los buses salen desde el Terminal San Borja donde todas las noches se pueden ver las filas de trabajadores y estudiantes esperando por un bus. A aquellos que lleguen allí después de las diez de la noche les espera una larga travesía pues no salen microbuses después de esa hora. Misma situación para estudiantes y trabajadores de Melipilla, Curacaví, El Monte, Peñaflor y Padre Hurtado.

Por si fuera poco, esta zona está dividida en dos máquinas electorales, una controlada por la UDI y otra controlada por el Senador Girardi del PPD. Si bien existen alcaldes y diputados de otros partidos, se sabe que estas dos organizaciones políticas son las que más pesan al sur de Santiago. El Senador Girardi cuenta con una densa capa de dirigentes que lo acompañan hace más de una década y que son la base de su poder territorial. Esto es lo que le permiten ser no solo la primera mayoría en la zona sino también el Senador más influyente del ala progresista de la Nueva Mayoría. Del otro lado, la UDI cuenta con una larga historia de dirigentes electos por la zona de Santiago Sur. Sin ir más lejos, Jaime Guzmán fue electo Senador en 1989 por esta zona, luego ganó ese escaño Jovino Novoa que, entonces, era secundado por fuertes diputados como Juan Antonio Coloma, en Melipilla, y Pablo Longueira en San Bernardo. Posteriormente, esas organizaciones locales fueron conducidas por Gonzalo Uriarte y José Antonio Kast, volviéndose ambos piezas claves en las nuevas generaciones posteriores a los Coroneles. Uriarte luego fue escogido por el partido para ocupar el escaño senatorial en la cuarta región, que dejó vacante Evelyn Matthei al pasar a ser Ministra del Trabajo de Piñera. Kast, en tanto, se movió al distrito La Reina-Peñalolén, donde actualmente es diputado y suena como pre-candidato presidencial del gremialismo. Actualmente, en esta zona se encuentra el Diputado Jaime Bellolio, que apuesta ser la renovación de la UDI. No está de más decir que esta zona fue, en su momento, una trinchera para la Dictadura. Sin ir más lejos, recientemente nos hemos enterado que una plaza de Paine se encuentra a nombre de Cema Chile, institución ligada a Lucia Hiriart de Pinochet.

Así, la zona de Santiago sur contiene un profundo malestar social, generado por la mala planificación de las ciudades-dormitorio que hoy se encuentran cerca del colapso por la fuerza centrípeta que produce Santiago. Quizás haya llegado la hora de re pensar si acaso es conveniente que exista la Región Metropolitana que junta a Santiago con su periferia. Quizás sea conveniente pensar en una nueva Región del Maipo que le dé autonomía a las ciudades-dormitorio y permita generar un polo de desarrollo hacia el sur de la Capital.




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