Relatos de la Feria: Historia de Mansi 1

por Sebastian Mansilla



Sobre Sebastian Mansilla

Por Sebastián Mansilla

Empezaron los días de frío en el café donde trabajo. Los garzones pasamos de vender jugos a café y chocolate caliente, y andábamos con un poleroncito arriba del uniforme de trabajo. Este frío de Santiago es bien de mierda.

Estaba yo en la mía cuando de pronto llega él. Él, sus ojos azules, su virilidad y su elegancia se sientan en la esquina de la terraza. Alterna su presencia entre beber, comer y mirarme fijamente a mi y puta, pololeando y todo, a decir verdad, me sentí atraído.

Por una serie de eventos que es mejor no relatar, sé que volverá a buscarme al trabajo. No me lo ha dicho, pero lo sé. Formaba parte de ese lenguaje de miradas que habíamos construido entre los dos. Lo siento, pero no podría describirlo de manera menos chula.

No sabría precisar si llegó directamente a buscarme, o si un poco me lo encontré de casualidad. Descubrí muy pronto que vive por el sector. Me acompañó al fore y nada, saqué un cigarro y no dije mucho. Había sido un largo día de trabajo, frío y aburrido, y necesitaba encerrarme en mis ideas. El tampoco decía nada pero, honestamente, no había incomodidad entre nosotros.

En el transcurso de la noche descubrí, sin embargo, que no sabía el nombre de mi acompañante, por lo que decidí inventarle uno. Saqué el segundo cigarro, y mientras la lumbre del encendedor me recordaba el frío culiao que tenía, le dije “oye, te vas a llamar Yeti, el perrito de nieve”

Siguió recostado junto a mi en aquella banca del fore. No sé si se habrá dado por enterado, pero movió una blanca patita en lo que yo diría que fue una absoluta señal de aprobación.




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