Junten agua: No sólo es culpa de la lluvia

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Odio es lo que los chilenos deberíamos sentir hoy por la indignante situación que mantendrá por 24 horas a más de tres millones de santiaguinos sin agua. Odio, porque mientras nos estemos bañando por presas, mezclando el agua de la tetera con la sacada de la lavadora, muriéndonos de frío; cuando tengamos que caminar decenas de cuadras para hacer la cola de algún camión aljibe; mientras compremos con la plata que no tenemos botellas de Vital y Cachantún, tenemos que recordar, como un misil al centro de nuestra dignidad y soberanía, que gran parte de lo que hoy está ocurriendo se debe a que Chile es el único país del mundo en que el agua no es propiedad de su pueblo, sino de empresas privadas, de empresas extranjeras privadas, que han hecho lo que han querido con nuestras leyes. Odio, porque allí, cuando estemos sin la posibilidad de salir a recrearnos al estadio o a un espectáculo artístico, cuando huertos se sequen y animales se cansen, debemos recordar que Aguas Andinas ni siquiera ha invertido lo suficiente para evitar el colapso de las aguas, pese a haber obtenido utilidades disparadas en los últimos años: $116 mil millones en 2013 y $123 mil millones en 2014, producto del alza en las tarifas, justificadas por obras para contingencias que no dieron abasto.

Es que claro, Aguas Andinas –llegada a Chile en 1999 gracias a la entrega de la propiedad del recurso vital por parte del gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle- prefiere echarse la plata en los bolsillos, y si la va a soltar, va a ser para financiar las campañas electorales del mismo Frei, además de Golborne y los negocios de Piñera, pagando así favores pasados y sobornando para favores futuros, como terminó haciéndolo con el mismo Piñera. Por favor saquémonos todas las vendas de los ojos para enfrentar sin nubes el escupitajo en la cara que nos dan los poderosos de Chile con acciones como ésta: Según Ciper, “$430 millones fueron pagados por Aguas Andinas a tres sociedades del abogado Pedro Yaconi, yerno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle y miembro del comité de finanzas de su fallida campaña presidencial en 2009”; esto, sumado a “$27 millones cancelados a una sociedad personal de Pablo Longueira y $53,5 millones a Vox Comunicaciones, la misma empresa querellada por el SII por recibir dineros de Penta para la campaña presidencial de Laurence Golborne”.

Pero lo más terrible de este movimiento delictual de los que hoy nos privan del agua es la alianza impune con el ex Presidente Sebastián Piñera, quien como dueño de Chilevisión pagó bonos por rendimiento a los directores Jaime de Aguirre y Mario Conca, con “facturas falsas a la sanitaria por solicitud de Santiago Valdés, ex gerente de Administración y Finanzas de Bancard, sociedad de propiedad de Sebastián Piñera”, lo que le costó la salida a De Aguirre del canal, y la posterior renuncia de Fernando Paulsen de Tolerencia Cero. O sea, Piñera pagó a sus empleados con plata misteriosamente salida del bolsillo de una empresa que nada tiene que ver con televisión y que luego se vio beneficiada por el Gobierno de Excelencia, porque “fue el propio Piñera quien a fines de 2010, ya siendo Presidente, autorizó la polémica enajenación de la mayoría de las acciones (35%) que el Estado aún poseía en Aguas Andinas, hecho que se materializó en junio del año siguiente”. La suciedad más grande protagonizada por el mismo que da cátedras de cómo gobernar desde diarios extranjeros.

Pero la suciedad se hace más grande cuando relacionamos las acciones de Aguas Andinas (también dueña del agua en la Décima Región, a través de Essal), sobornando a nuestros políticos, con la conformación de su directorio, que a fines del 2014 contaba en sus sillones –Según Poderopedia- con la presencia de Andrónico Luksic, a través del Banco de Chile y del grupo Bethia -dueños de Falabella y del canal de televisión Mega-. Luksic, el mismo controlador de otro proyecto responsable de la ausencia de agua en las casas de la periferia de Santiago: Alto Maipo. De acuerdo a lo investigado por las organizaciones comprometidas con el fin de esta intervención a los ríos de la cuenca capital, “Alto Maipo mueve tierra por la construcción de los túneles, mueve tierra al construir caminos de acceso a sus faenas, mueve tierra contaminada a sus depósitos de marina, sin contar que contamina los caminos con aguas ácidas. Todos estos productos llegan al Río Maipo, al Río Yeso, al Río Colorado, a las vertientes de todos los sectores y contamina las napas subterráneas con el proceso de lixiviación”, reporta riosdelmaipo.cl. “Los rodados que comenta la empresa (Agas Andinas) se deben no sólo a procesos naturales, sino que también a la acción que está haciendo el proyecto en todos los sectores intervenidos, ya sea en la alta montaña, en las zonas de los Valles de Las Arenas y Engorda, en el sector del Yeso, en las proximidades del embalse del mismo nombre, en todo el Cajón del Colorado, afectando a las localidades de Maitines y Alfalfal, para finalmente atentar contra la naturaleza en el sector de las Lajas”. Sucio, cochino, asqueroso.

Por lo tanto, y con la rabia ya haciéndonos llorar de impotencia ante el abuso de un grupo de amigos influyentes, nos queda por hacernos una pregunta ¿Es casual que las autoridades hoy nos estén llamando a juntar agua? Y la respuesta llega sola, revisando antecedentes de leyes firmadas entre gallos y medianoche, comprobando el pago directo desde el bolsillo de los dueños de Aguas Andinas a quienes nos gobiernan y que luego les regalan el alma; y viajando unos pocos kilómetros al origen de nuestros ríos, para ver allí mismo cómo son intervenidos por el negocio de un hombre, Luksic, que se da el lujo de reclamar por la “incertidumbre” de reformas, pese a obtener ganancias de casi 8 mil millones de dólares en 2015.

La falta de agua en esta tarde y en el futuro no es ni será casual, porque la misma empresa Aguas Andinas advertía en 2008, en carta escrita por el gerente de Producción y Redes, Enrique Cruzat, que se puede “producir una falta de recurso que le impida (a Aguas Andinas) cubrir la demanda de sus clientes, generando desabastecimiento a la ciudad de Santiago (…) esto podría ocurrir en situaciones de puesta en marcha, de mantención o de contingencias del Proyecto Hidroeléctrico Alto Maipo”. Sin embargo, y tras la firma en 2011 de un acuerdo entre Aguas Andinas y Gener, la empresa responsable de Alto Maipo, la advertencia mágicamente desapareció. Esto, porque según el acuerdo secreto divulgado hace tres años por La Segunda, ahora Aguas Andinas lejos de criticar a Alto Maipo, le iba comenzar a entregar el agua para que moviera sus turbinas, movimiento que disminuye en un 14% el caudal del Río Maipo en la zona afectada. Algo de esa advertencia debe haberse comprobado hoy, tendremos que pensar.

Se habla mucho del progreso material de Chile en las últimas décadas. Usted amigo mío, amiga mía ¿Cree que es progreso entregar el agua a privados que por gestión insuficiente y negocios turbios hoy dejan a tres millones de habitantes sin servicio? Yo me temo que no y que nada aquí es casual, ni mucho menos movido sólo por una lluvia que, en las comunas afectadas por lo menos, sólo mata pajaritos.




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