Luksic: La parábola del poderoso

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Cuando se dice que en Chile las clases dirigentes no tienen ninguna sensibilidad con lo que vive el pueblo más desposeído (que no son sólo los que viven en campamento, sino el 91,6% de los viejos que reciben de las AFP una pensión inferior a 154 mil pesos; o sea, todos nuestros abuelos), basta con ver el video que subió Andrónico Luksic a Youtube para darnos cuenta por qué estamos como estamos. Los grandes empresarios en Chile (no los Pyme con los que se comparó Luksic -que concentran a ocho de cada diez trabajadores; o sea, casi todos nuestros padres-), viven en otro mundo, se quedaron en otro tiempo, funcionan en otra frecuencia. Están encapsulados, lejos, en las alturas desde las que habla Luksic, donde piensa y siente el 1% que se queda con el 35% que al año producimos todos. Ellos viven distinto, quizás hasta ya son una especie distinta, pero jamás seres humanos iguales a nosotros.

Porque hay que estar descarrilado, funcionando en otra esfera, otra lógica del pensamiento y el sentir, para creer que se puede retar a un pueblo, mostrándose dolido por un insulto, por sólo un insulto, para seguir sintiéndose conforme consigo mismo. Hay que estar en la locura del gueto de la riqueza para usar tu canal de televisión (porque no me digan que el video no estaba pensado para salir en Canal 13) como tu forma de terapia psicológica, como tu forma de retomar la calma, la cordura que los favorecidos con tus inversiones han dañado compartiendo miles de memes que te involucran con el daño sufrido por diversas poblaciones. Porque Luksic no le responde a Gaspar Rivas con su video en Youtube, al diputado sólo lo usa como excusa para hacer una jugada comunicacional mayor, la de exponerse como un patriota clave en nuestro crecimiento económico, harto de ser cuestionado por las acciones de sus empresas. Luksic, en el fondo, le responde a las organizaciones que trabajan por demostrar -frente a la censura y ocultamiento de los grandes medios que gozan de su influencia- lo que su obra, la que cada día tratamos de “denostar y liquidar”, deja como consecuencia.

Luksic, quien se da el lujo de exigir respeto partiendo desde la base de que es poderoso e influyente en todo menos en provocar la lluvia, usa el agravio a sus “dos madres” para mostrarse puro y cercano, por primera vez, con un objetivo claro: frenar los alaridos de una masa malagradecida que le está intentando frenar los zancos, esos que lo despliegan por el país entero en busca de algún espacio que consumir para, así, satisfacer el hambre siempre creciente que debe tener un empresario. Y nos mete miedo, nos amenaza, nos dice que si lo seguimos molestando hasta es capaz de irse del país, dejándonos pobres y sin su amparo, el de una especie de virgen mancillada por un pobre diputado y un montón de ociosos de internet.

Hay que creer que Luksic y los suyos se están convirtiendo en otra especie, y están dejando de ser seres humanos “como cualquier otro”, porque hablar de justicia con esa propiedad a la vez de mantener sin agua a la comunidad de Caimanes –pese a haber recibido dos órdenes de la Justicia para devolver el cauce del río y demoler el relave de desechos de su mina- es haber perdido sentido de realidad. Es reconocer que no puede provocar la lluvia, pero que sí tiene la influencia para mover la dirección de los ríos, recibir el rechazo de la Corte Suprema y el tribunal local, hacerse el desentendido, recibir la seguridad de Carabineros resguardando su mina de las tomas de los manifestantes y, aun así, hablar de acatar la justicia y de sentirme uno más de nosotros.

Para Luksic, el empresario que critica las reformas por su impacto en la economía (la misma economía que el año pasado le dio utilidades de casi mil 500 millones de dólares), su único pecado fue no hablar antes, no decirnos quién es antes, no notificarnos que tiene corazón y que un insulto le puede dar tanta pena como a un pobre miserable. Para Luksic, su único error fue no notificarnos que no podemos ir demasiado lejos con él, que además de demandarnos para que no le hagamos cuentas troll en Twitter, puede vender todas sus empresas en este país de quinta y mandarse a cambiar. Su único error fue no exigir antes el respeto que merece su condición de dueño del amparo y desamparo de miles que en este preciso momento se están quedando sin agua, o que la están tomando cada día más turbia, más enriquecida de arsénico, níquel, plomo, molibdeno, hierro, manganeso, entre el resto de tóxicos que el Colegio Médico encontró a principios de año en las aguas intervenidas por Alto Maipo y que nosotros estamos tomando.

La jugada comunicacional de Andrónico Luksic, que tiene permiso para devastar dos mil hectáreas de bosque nativo y remover miles de toneladas de tierra en el entorno del río Maipo para echar a andar –con el agua de Aguas Andinas- las turbinas de la termoeléctrica que le dará energía a la mina Los Pelambres –la misma que tiene a gente sin agua varios kilómetros al norte, en Caimanes-, es la del ambicioso que se viste de héroe para seguir siendo quien es, para no estar intranquilo por la suciedad que comienza a adquirir su nombre. “Quiero seguir siendo un ser humano”, es en verdad lo que quiere decir Luksic, reconociendo de alguna forma que para seguir dañando como daña su arte, la de enriquecerse, hay que dejar de ser humano, hay que pasar a ser otra especie, una con el mismo corazón latiendo, pero sintiendo diferente, sintiendo las inclemencias de algunos como parte del juego. Pero nosotros, los que gracias a sus influencias no tenemos gratuidad universal porque debemos seguir pagando intereses mediante créditos a su banco, estamos percibiendo ese quiebre, el de quien necesita la complacencia de su víctima para seguir actuando impune. Y no queremos más impunes. Por eso nos reímos. Por eso nos burlamos. Por eso no creemos en su aparición religiosa en nuestros livings en horario prime: porque en el dolor hemos aprendido a no seguir siendo devotos de los que piden silencio para no “afectar la sana convivencia del mañana”, de los que con ternura prefieren no “seguir con las descalificaciones”, resguardando la calma que los mantiene taladrando comunas bajo el velo del misterio.

Como en las parábolas, el empresario poderoso habló para que firmemos con él un pacto que garantice la injusticia. Habló para pedirnos seguir siendo sus cómplices, para que sigamos adorando su aporte al país mientras él no cumple con lo que predica (el imperio de la igualdad ante la justicia). Pero se encontró con un país que esta vez, espero, le va a decir que no. Un país que, como dice el meme cuya viralización su dinero no puede controlar, le respondió que puede seguir siendo dueño de todo Chile, pero no de nuestro corazón.

Es la parábola del poderoso.




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