“Qué hay de nuevo, viejo”: la historia de dos teleseries

por Virginia Gutierrez



Sobre Virginia Gutierrez

Por Virginia Gutiérrez Berner

El 7 de abril, en el popular programa farandulero Vértigo (de canal 13/ aka canal del angelito/ el de Luksic, sí) el personaje Yerko Puchento dijo algo curioso.

“No te deseo mal, Sampaoli, pero si se te ocurre una idea, ojalá no la lleves al banco. Tráela al área dramática del canal 13, pa’ que te la pelen por hueón.”

Lo dijo y qué.

Diana Bolocco, como es habitual: “Yerko, no diga eso” y ahí queda el asunto.

¿Por qué el ataque? El personaje Yerko se caracteriza por tomar lo que está en el aire, farándula o política, y lanzarlo donde le duela a alguien. Rumores en el aire sobre el plagio de Veinteañero a los 40 han dado vueltas desde antes de que la teleserie saliera. Por su parte, dos guionistas declararon en La Red que su proyecto sobre varones en la cárcel, “Libertad,” había sido presentado a canal 13 mucho antes de que el mismo canal decidiera lanzar “Preciosas”, una versión con mujeres de una historia similar. Asimismo, varias fuentes declaran haber oído que “Mamá mechona” es un plagio del proyecto originalmente llamado “La novata”. “Príncipes de barrio” habría sido robada de un trabajo de un estudiante de la UNIACC.

Esos son los rumores, pero los hechos hablan más fuerte.

El lunes 11 de abril, los guionistas Marcelo Guajardo y Alex Rivera se reunieron con la fiscal de Santiago Oriente Teresa Muñoz Becker en compañía de su abogado. Llevan más de un año desde que iniciaron procesos legales contra el área dramática de canal 13: su proyecto de teleserie, “Qué hay de nuevo viejo,” habría sido plagiado por los responsables de dicha área del canal.

Específicamente, Sergio Díaz Mora inscribió la historia de un hombre que despierta de un coma de 27 años para encontrarse con un Chile cambiado, sin Pinochet y con McDonalds; sin padre, pero con madre obsesionada con terapias alternativas; sin su pareja, que se casó con su mejor amigo; sin saber, al despertar, que tiene dos hijos de personalidades muy diferentes. Esa inscripción en DIBAM, “Veinteañero a los 40” ocurrió en marzo de 2015.

Marcelo y Alex escribieron “Qué hay de nuevo viejo,” la historia de un hombre que se despierta de un coma de 25 años para encontrarse con un Chile cambiado, sin Pinochet y con McDonalds; sin padre, pero con madre obsesionada con terapias alternativas; sin su pareja, que se casó con su primo; sin saber, al despertar, que tiene un hijo cuya personalidad y vida, de día, es el opuesto de la que tiene de noche. “Qué hay de nuevo viejo” fue inscrito en DIBAM en julio de 2014.

Los documentos, con las fechas respectivas, están ahí, en registro de propiedad intelectual. La PDI completó un informe confirmando que sí hay plagio en diciembre de 2015.

Podría ser casualidad que hayan escrito proyectos para teleserie que difieren mínimamente en el plazo de menos de un año. El problema es que Sergio Díaz tuvo acceso al proyecto de Alex y Marcelo en el taller que Isabel Troncoso, junto al mismo Díaz, dictó en las premisas del canal 13. El taller, con código SENCE, empezó en julio de 2014 y reunía a veinte y tantos guionistas bajo una promesa: los mejores guionistas podrían ser contratados y el mejor proyecto, comprado por el canal.

Empieza así una competencia amistosa entre los talleristas, que trabajan en duplas. Se reúnen en el canal dos veces por semana, pero escriben todos los días, comparan historias posibles, se hacen sugerencias. Abren un grupo en Facebook para conversar y para ir cumpliendo con las entregas a Troncoso. Saben que a tres meses del taller, se viene el temido corte: solo la mitad de los guionistas seguirá en el taller. La mayoría de las clases las hace Troncoso, pero Díaz aparece seguido y hay que impresionarlo también. Dijo, confirman tres fuentes, “acá no se mueve una hoja sin que yo lo sepa,” palabras con ecos poderosos.

Llega el momento. Alex y Marcelo plantearon su proyecto ante aplausos de Troncoso una clase. La storyline le parece buena, divertida, los personajes también. Eso es crucial, porque en general, es difícil de impresionar y no se contiene al respecto. Los otros talleristas aprueban el proyecto también y así, Alex y Marcelo se van contentos a la casa. Por eso no entienden las críticas negativas de Díaz la sesión siguiente. Se tranquilizan pensando que a Isabel le gustó el proyecto.

Pero la siguiente sesión, Isabel Troncoso no recuerda haber aplaudido nada, dice “el protagonista es un saco de hueas,” “un viejo que se cree joven,” “nadie quiere ver a ese pobre hueón.” En el calor de la discusión, toma los lápices de otro alumno y se los lanza a Marcelo. El taller duraba de 8 a 10 de la noche, pero esta vez, los gritos duran hasta las 12.

No solo Alex y Marcelo declaran lo mismo.

Bastián Ovando también estuvo en el taller. Es joven y tremendamente articulado. Dirige una obra que se estrena pronto, hace clases de teatro en un colegio y no quiere saber nada más con el canal 13, donde una vez actuó para “Directo al corazón,” esas historias del matinal.

A diferencia de Marcelo y Alex, se quedó en el taller de principio a fin. Bastián Ovando cuenta su versión. Tomando té cerca de GAM, en su historia se repiten frases que dijeran Alex y Marcelo en entrevista: “el protagonista es un saco de hueas, les dijo Troncoso cuando presentaron su proyecto. Díaz ya había rechazado la historia antes.” Me cuenta también que Troncoso trataba muy mal a los estudiantes. “Nos decía ‘huevonistas,’ fumaba una cajetilla entera en clase, nos trataba a ‘chuchá’ limpia. A mí no me afectaba, pero a otros talleristas sí.” Cuando aparecen las promos de la nueva teleserie del canal, Bastián levanta la mano y pregunta si “es el mismo proyecto que el de los chiquillos. La Isa se enojó y dijo que eran puras coincidencias.”

“La última sesión, un compañero, Urra creo que fue, encaró a Díaz acerca de los acusos de plagio. Díaz, que generalmente estaba adelante, esta última sesión estaba sentado atrás. Dijo que no, se puso colorado, miró para abajo, miró la puerta. Creo que por mi formación de actor, puedo leer el lenguaje corporal bien. Se notaba que estaba mintiendo.”

Bastián llegó al taller cuando era estudiante de teatro de último año, por consejo de una profesora en cuya clase era el mejor alumno. Llegó pensando que era la oportunidad soñada: un actor a punto de graduarse con la posibilidad de ser contratado por un gran canal y de recibir millones de pesos por su proyecto de escritura. Ahora, no solo no quiere saber nada del 13. Está desencantado de la tele en general.

David (no es su verdadero nombre) es creativo, tiene proyectos que abarcan desde la microempresa a la música, pasando por la lingüística y dos o tres disciplinas más. Reunidos en el lugar donde ensaya, donde nadie más puede vernos ni oírnos, se ve nervioso igual. Dice estarlo. No da su nombre porque tiene miedo de que alguna vez Isabel Troncoso, Sergio Díaz, Cristián Bofill o alguien más del canal 13 se entere y lo veten de proyectos, aunque no tengan que ver. Me cuenta que Isabel Troncoso trataba mal a los talleristas, pero que a él no le había afectado eso, aunque a otros talleristas sí. Me dice que su desencanto proviene de haber escuchado el proyecto de Marcelo y Alex varias veces en las sesiones de taller, de haber pensado que era bueno para al final ver cómo lo destruían y de haberse dado cuenta, viendo las promos de “Veinteañero a los 40,” de que “lo hicieron pedazos y echaron al Alex del taller para poder robárselo. No había razón para echarlo, ese iba a clases siempre, llegaba a la hora, se le ocurrían cosas.”

Al final, recién, se relaja un poco. Dice “Chile, país de poetas, pero ¿cómo se puede escribir si te roban lo que escribes? Sergio Díaz, autor de la Oda al caldillo de congrio.” Risas.

Menciona que la foto de fondo del FB de Sergio Díaz es de Úrsula, la mala de La Sirenita. Dice “no me extraña. Ella robaba voces. Sergio roba guiones.” Se ríe de nuevo y luego: “si pudiera decir algo que quedara, le diría a los cabros que van a ese taller o a cualquier otro que inscriban todo, todo. No se sabe con gente así.” Le pregunto si sigue trabajando en su proyecto. Ahí no se ríe. Se pone serio. “No, para qué, si la Isabel dijo que era como las hueas.” David no está desencantado. Está asustado hasta el punto en que dejó de escribir por más de un año y ya no le muestra a nadie lo que escribe. Ni siquiera se atreve a mandarlo a un editor, en parte porque piensa que pueden plagiarlo y en parte porque perdió la confianza en su escritura.

R.H. (no sus verdaderas iniciales) prefiere no dar su nombre por las mismas razones que David. Ella sí es de las que les afectó la actitud de Troncoso. “Llegaba pasá a copete, tomaba Coca Cola todo el rato. Una vez llegó curá. Trataba a todo el mundo a puro garabato. No entiendo cómo el 13 pudo contratar a alguien así. Yo creo que fue un error del canal.” R.H. piensa que el canal no es responsable, que Troncoso es un elemento aislado. Sin embargo, en DIBAM la teleserie está registrada a nombre de Díaz.

Por teléfono, una funcionaria del área dramática del canal dijo “Isabel Troncoso nunca ha trabajado acá.” Es, naturalmente, una de las preguntas que se deben plantear a canal 13. ¿Por qué hay llamados públicos a un taller de guiones impartido por el canal, con código SENCE y avisos en línea que llevan el nombre de Troncoso, un taller que ocurre en el canal, físicamente, según cinco testigos que lo confirmaron, si no ha trabajado nunca ahí? También, ¿tienen algo que declarar acerca de las acusaciones de plagio?

El canal 13 respondió con el siguiente comunicado:

“Veinteañero a los 40” se trabajó con un guión respecto del cual se cumplen y resguardan todos los derechos de autor aplicables. La historia de la teleserie es diferente a la de los reclamantes y sólo comparten ideas que son universales, que se encuentran en el dominio público y que pueden ser utilizadas y explotadas legítimamente por cualquier persona. La fiscalía está investigando y recabando todos los antecedentes y nosotros estamos colaborando a fin de que se esclarezca la situación, descartando la querella.

Aclaran la frase final: El Ministerio Público (Fiscalía) es el que está investigando y nosotros (Canal 13) estamos cooperando para que se acredite que la querella es infundada y que no hay plagio.

¿Qué define un plagio literario? ¿Es cuando otros testigos lo identifican como plagio, como en este caso? ¿Cuando la experta de la PDI examina los rasgos de la obra inscrita por Alex y Marcelo, la inscrita por Díaz el año siguiente, y declara que sí lo hay? La pregunta es tan difícil como esencial. Legalmente, es necesario probar que el presunto plagiador tuvo acceso a una obra intelectual, conoce la existencia del autor, sabe que se trata de una obra protegida y reproduce parte sustancial de ella, sin autorización de dicho autor. Además, debe presentarla como propia, lo que pasa a llevar la autoría original (derecho a la paternidad) y, si hay modificaciones para disfrazar el robo intelectual, también pasa a llevar el derecho a integridad.

El caso de una teleserie es particularmente complejo, porque, a diferencia de un guion fílmico o de una novela, por definición no se inscribe completo. Su desarrollo depende del rating. ¿Qué se inscribe, entonces? El arco dramático (es decir, el conflicto central y su posible desarrollo), los personajes principales y secundarios, el protagonista, desde cuyo punto de vista empatizamos o no, las subtramas posibles.

Leyendo los archivos del caso, puede verse que la defensa del canal 13 depende principalmente de un argumento: las ideas son arquetípicas e universales y a cualquiera puede ocurrírsele un personaje en coma, como cualquiera puede pensar en dos adolescentes de familias rivales en una remota ciudad de Italia, como a cualquiera las desventuras de un hidalgo a caballo. Y es cierto: casi a cualquiera se le puede ocurrir una idea. Sin embargo, las ideas no se registran en propiedad intelectual. Se registran tramas con personajes, en el caso de las teleseries. Acá se registró una historia de rasgos muy específicos que difiere de narrativas similares de forma significativa y a la cual “Veinteañero a los 40” se parece demasiado, en las tramas y las subtramas, el protagonista y el antagonista. Se cambiaron los nombres y–la diferencia más clara y quizás la más triste–la historia perdió su dimensión política.

Bastián me dijo que el protagonista de “Qué hay de nuevo viejo” tenía el accidente que lo dejaba en coma no en auto, sino en una marcha contra la dictadura: que se despertaba a un Chile que ya no tenía un militar en el poder, sino una presidenta socialista y una economía de libre mercado. Mucho había cambiado, pero poco. También me dijo que el protagonista era “menos emocionalmente frágil” y más irresponsable, más anti-héroe. David, por su parte, dice algo similar, pero destaca también que en el taller, tanto Díaz como Troncoso insistieron en que “no estamos aquí para romper paradigmas.” El protagonista tiene que ser bueno y poner ojos de animal herido. Los malos tienen que perder. El conflicto de amor debe ser lo único.

El área dramática del canal 13 logró muchas cosas. Logró tomar una historia, hacer que no rompiera paradigmas y que, claro, no tuviera ribetes políticos. Logró tener una gran banda sonora en el primer capítulo, que aparte de eso fue decepcionante (esta frase es de Bastián) y que se fuera a pique después. Logró que al menos parte de una generación de talleristas talentosos escriban con miedo o desencanto ante una televisión que los necesita, precisamente para romper paradigmas. Consiguió arruinar el trabajo de dos guionistas que han perdido un año tratando de que su querella llegue a juicio, que llevan más de tres meses esperando que el informe de PDI tenga alguna repercusión en Fiscalía. Consiguió confundir (o fingir que confunde) idea con trama. Consiguió risas y “Yerko, no diga eso” de Diana Bolocco, porque el canal de Luksic no pierde.

El comunicado oficial de canal 13 se mencionó más arriba. Isabel Troncoso y Sergio Díaz no quisieron hacer declaraciones. Dos otros miembros del equipo original de guionistas, Adela Boltansky y Diego Niño, tampoco. La ejecutiva Vania Portilla, tampoco. Francisco Melo, por su parte, en conversación por teléfono, confirmó que Alex Rivera le había contado la trama de “Qué hay de nuevo viejo” en 2014 con tanta exactitud, que cuando vio las promociones del 13 de “Veinteañero a los 40” y se encontró con Alex en la calle, se bajó de su moto a abrazarlo y felicitarlo por haber vendido su teleserie.




3 comentarios sobre ““Qué hay de nuevo, viejo”: la historia de dos teleseries”