Repudio a la desafiliación de Deportes Concepción: Dejen algo

por Martin Espinoza C



Sobre Martin Espinoza C

Por Martín Espinoza C

La rabia, la pena, la impotencia. Ni las llamas de las barricadas instaladas por un centenar de hinchas lilas al interior de la Universidad de Concepción lograban expresar la agria amalgama de sentimientos que significaba la desafiliación de su club.

Habían pasado sólo unas cuantas horas desde que la ANFP decretara y anunciara -38 votos a favor, 3 en contra, 7 abstenciones- la despedida del club Deportes Concepción del profesionalismo. ¿Las razones? El cuadro penquista adeudaba cerca de $1.800 millones a bancos y a la ANFP y se transformaba, a ojos de las administraciones privadas de los clubes profesionales, en un proyecto económicamente inviable.

Sin duda lo que presenciamos se alza como una de las injusticias más grandes que le ha tocado vivir al fútbol-pasión chileno en las últimas décadas. Desde que se instaló el fútbol como un modelo de negocio, los accionistas –en forma de dirigentes- han expropiado las parcelas de sentimiento y corazón que a lo largo de su historia han edificado la actividad. Son ellos los culpables de un nuevo fracaso. Son ellos los responsables de que la pasión de los hinchas esté transándose en la bolsa y que hoy sus gestiones tengan como momento cúlmine el cierre de las puertas del profesionalismo a un club con historia y decenas de miles de barristas. Son ellos, los propietarios, los que se lavan las manos y se las secan con una camiseta a la que jamás le tomaron el valor que significa para cientos de penquistas.

Son esos cientos de penquistas los que hoy lloran y mastican la furia y la honda frustración al ver que empresarios negligentes, egoístas y nefastos en su labor profesional jugaron con lo que más querían y, cuando se aburrieron del juguete, lo desecharon cual condón usado. Son ellos, los accionistas, los que protagonizan otro episodio negro desde la entrada en vigencia de las sociedades anónimas que privatizaron el fútbol.

Esto es solamente un reflejo de la estructura social en la que nos han acostumbrado a callar. Pagando justos por pecadores. De todos aquellos agentes que pueden haber tenido grados de responsabilidad en la paupérrima gestión del club, los hinchas han de ser los únicos exculpados. Sin embargo, como es costumbre, son esos mismos hinchas los que hoy más lloran al ver a su club, el más grande de la región, desangrado por culpa de “emprendedores”. Y son esos “emprendedores” -los que de negocios saben poco, de fútbol menos, y del sentimiento que implica tener el corazón del color de un club jamás han oído hablar, nada- los que arrancan con discursos vacíos y bolsillos repletos.

Corría el gobierno de Ricardo Lagos y Arturo Salah, bajo el cargo de director del Instituto Nacional del Deporte, apuraba la tramitación de la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas. Su objetivo, según sus propias palabras: “regular y fiscalizar a los clubes, que no aparezcan dirigentes que se lo gastan todo y después se arrancan”. Una paradoja que no hace más que reflejar la línea de la máxima autoridad de la ANFP, un dirigente que hace años vive al amparo de las sociedades anónimas. Hoy, como presidente, se apunta en la historia como uno de los impulsores de la desafiliación del León de Collao.

Hablamos de empresarios, de la corruptela que los avala, de su distancia con la identidad de un club, de su ilimitada avaricia y del amor sin medidas que le rinden al dinero. Hablamos de capitalistas de sangre pura, raza infinitamente cobarde a la hora de asumir responsabilidades por el fracaso rotundo que significó la implementación de empresas como administradoras del fútbol. Hablamos, por ejemplo, de Nibaldo Jaque, ingeniero comercial, ex dirigente de O’Higgins, entusiasta opositor a Mayne-Nicholls, ex secretario general del directorio de Sergio Jadue en la ANFP, accionista y ex presidente de “Fuerza, Garra y Corazón”, la concesionaria que terminaría con el sueño de los hinchas lila.

Jaque es un ejemplo de empresario del fútbol. Con participación en más de una sociedad anónima no hizo más que reafirmar el absoluto despojo hacia los valores originales del fútbol. Fue Jaque quien, recién renunciado Jadue, abdicó de su cargo directivo en la ANFP el mismo día en que le tocaba responder a la interpelación sobre préstamos irregulares de su administración en las oficinas de Quilín. Préstamos irregulares que fueron precisamente otorgados a Deportes Concepción, pero cuyo destino no fue, al parecer, ni el pago de deudas ni el pago de sueldos.

Fue Jaque, junto a otra bandita de empresarios de medio pelo, quien desbancó a Deportes Concepción escupiéndole en la cara a los hinchas que llevan décadas vibrando con los goles y lamentando los fracasos en las graderías del Ester Roa.

Que antes de las sociedades anónimas existían problemas no es una novedad. Sin embargo, los componentes sociales siguieron vigentes hasta el último día. Los empresarios llegaron para solucionar las carencias financieras, atropellando hasta la muerte en su camino cualquier residuo social que pudiese quedar. Los hinchas son testigos de cómo la mercantilización del fútbol destruye todos sus órganos sociales sin fiscalización alguna y ellos, el componente más importante del deporte, son víctimas de una estructura que sólo le da voz a los adinerados, los mismos que, siendo juez y parte, votaron por la desafiliación.

A ellos un llamado. Dejen de intentarlo. Dejen de inmiscuirse en los terrenos que les son completamente ajenos. Nunca lograrán concebir el significado que tiene el sentir los colores de una camiseta en la sangre y la piel. Nunca van a interiorizar lo que implica amar a un equipo, porque su apego no es con otra cosa sino con el dinero. Nunca van a entender las lágrimas que lloran una inviabilidad determinada por los poderosos. Nunca van a comprender que acá lo inviable son los intereses de privados, sujetos de manos sucias y valores de papel, los que no tienen cabida en una actividad cuya esencia jamás consideró como su columna vertebral la delincuencia financiera. Ya contaminaron con sus intereses económicos de mercado todos los derechos sociales, aléjense del fútbol, que es tan del pueblo. Dejen algo.



Deja un comentario