Señoras y señores: Chiloé está privao

por Antonia Berríos Bloomfield



Sobre Antonia Berríos Bloomfield

Por Antonia Berríos Bloomfield, desde Puerto Montt

En la décima región de Los Lagos se usa la palabra “privarse”. Privarse podría entenderse como sinónimo de enojarse, pero es aún peor. Es peor que estar emputecido, enfurecido; es un enojo moral, que lleva un reproche al agente privador, no es cualquier cosa. Es verbo suficiente para bajar el tono y mirar de reojo cuando se alude al “privado”.

Si te advierten que “se privó” o “se llega a privar”, huye, porque ya la embarraste, escóndete, porque ya no hay disculpa: desataste la furia.

Ahora, con el desastre ambiental que afecta la zona de Chiloé y toda la costa de la región, es una paradoja que el slogan de la causa sea “Chiloé está privao’”, porque en este caso particular la acepción del “privao” tiene un doble sentido.

Para mí, “privado” hablaba de algo que es de uno solo, de algo que no es del Estado, sino de algunos, de “ellos”, lo que no es nuestro: “Esta era playa privada, hasta la Ley de Playas”; “No se puede pasar, camino privado”; “desierto privado”, “terreno privado”; “escuela privada”.  A mí me educaron en que eso “privado” no era mío y que enfrentarse a ello implicaba “no poder” pasar, pisar, usar o ver sin pagar, o –incluso- fotografiar.

Hoy día Chiloé está doblemente privao, furiosamente privao. Porque el Estado no ha sido capaz de defender a su pueblo chilote del mundo privado. La región de Los Lagos tiene como una de las principales fuentes de ingreso los recursos marinos y lacustres. Como era de esperar, algunos querrían sacar más de la torta y eso se logra de dos maneras: (a) cortando un pedazo más grande y (b) agrandando la torta. Como la forma (a) no es suficiente para satisfacer las ambiciosas necesidades de dinero que hoy contaminan nuestro pueblo, la forma (b) se abrió paso entre el mundo empresarial chileno. Así, y aun con el ojo encima del gobierno a través de Servicio de Evaluación Ambiental y Sernapesca, se crearon barrios de producción de salmones que estaban produciendo una cantidad anual inaudita.

El calentamiento global (gracias, de nuevo) hace más extremas las estaciones y este verano, el calor, el sol y el exceso de nutrientes en el agua, vertidos por la misma salmonicultura, provocaron la proliferación del alga chattonella que terminó con la muerte de toneladas y toneladas de salmones y con el consecuente cierre de plantas; despido de trabajadores; podredumbre; trabajo de buzos en condiciones paupérrimas, sacando peces muertos del fondo de las jaulas, con pañales para trabajar horas y horas, respirando de un tanque de aire fétido para luego ser despedidos.

Por ahí empezó el problema. El desempleo se transformó en un problema serio en la región por una industria que, naturalmente, no quiso dejar sus utilidades de lado por mantener la estabilidad económica local. Total, arrancarse con las monedas no es algo nuevo en nuestro país. Y no fue noticia en los grandes medios de comunicación porque más importante era informar la muerte del perrito de Lipigas y otros asuntos varios. Increíblemente fue El Mercurio el primer medio que cubrió la situación, pero, en concordancia con sus intereses, sólo desde el Cuerpo B de “Economía y Negocios”. Penoso.

Después, la marea roja. Cuestión conocida por los pescadores de la región, que en general tiene un comportamiento conocido: para los que son más del interior, se trata de un alga cuya coloración suele ser roja- y de ahí el nombre, originalidad marina- que no enferma peces ni bivalvos (bivalvo=conchita llámese almeja, choro, cholga y otros), y es tóxica para los humanos. Aparece cuando termina el verano y su duración es generalmente de semanas o hasta un mes como mucho.

Este año, partió y no se detuvo. Mal: temperaturas altas y, de nuevo, los nutrientes en niveles desproporcionados. No se detiene y no se puede pescar, no se puede comer, no se puede vender; barrios enteros que viven del mar -a escala humana, no como pretenden los grandes productores- comenzaron a pasar hambre, a endeudarse con el arriendo, a dejar de pagar la pensión de los hijos que estudian “en el continente”. Se pidió ayuda al Gobierno para enfrentar esta nueva arremetida de la “naturaleza.” Nada.

Una crisis local, de un mundo local que vive de sus recursos, que no necesita plata, mall, ni puente. Una tierra que era de todos se privó, o, mejor dicho, se privatizó cuando, para rematar, cuatro salmoneras decidieron tirar la basura de sus plantas en el mar. Alrededor de 400 mil toneladas de pescado podrido fueron lanzadas en las costas de la región, afectando el mar de Chiloé y de la costa continental, pues, lo que se vertió no eran sólo toneladas de podredumbre, era podredumbre “ensilada”, es decir, pasada por un proceso en que se le agrega ácido fórmico, para permitir que la mortandad se pudra “allá lejos” y no “acá cerca”, donde ellos lo puedan ver, donde ellos lo puedan oler.

Eso, para mí, equivale a una entrada de patrón de fundo: Sernapesca corre a abrirle la puerta, a limpiarse, peinar a los niños, esconder a los bastardos, poner flores en la mesa y pararse a un lado del camino. No a hablarle, por supuesto. Sólo a esperar sus señales con cautela y sumisión.

Los que creen que el mar es suyo deben responder; los que creen que desde el Gobierno no pueden/deben detenerlos, deben salir; los que saben que esto es nuestro, que es de todos, deben seguir luchando y ellos no sólo están en Chiloé y la costa de la décima, están también más al norte y más al sur. Están también donde el modelo de mercado está dejando sin agua, sin cerros, sin bosques, sin parques, sin lagunas, sin lluvias; sin ríos libres de arsénico, sin escuelas, sin oxígeno, sin canto, sin corazón.

¿Qué reclama el movimiento?

1. Atención por parte del gobierno a los efectos de la marea roja como desastre ambiental que es. Solución laboral y económica digna para cesantes y familias afectadas que considere la magnitud sistémica de la crisis.

2. Investigación seria y autónoma de los efectos que tuvo el descargo de la podredumbre en las costas del pacífico y responsabilidades políticas asociadas.

Esto no se arregla ni con bono ni con Dios: Chiloé está privao ya. De esto, no más. 




3 comentarios sobre “Señoras y señores: Chiloé está privao”