Sobre la cuestión Palestina-Israelí: Mantener silencio es ser cómplice

por Javier Pineda Olcay



Sobre Javier Pineda Olcay

Por Javier Pineda Olcay

Hace unos días, volvió a estar en titulares la cuestión palestina-israelí. Hace unas semanas se viralizaba el video en el cual un soldado judío remataba en el suelo con un balazo en la cabeza al joven de 21 años Abdel Fatah Yusri al-Sharif. Las encuestas mostraron que el 68% de la población de Israel estaría de acuerdo con el asesinato cobarde del joven palestino. A nivel nacional, el conflicto cobró relevancia luego de la discusión entre Nicolás Copano y Daniel Jadue a raíz de la visita del primero a Israel, financiado por la comunidad judía. Además, a nivel universitario los estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile aprobaron sumarse al Boicot, Desinversión y Sanción contra Israel (BDS). El conflicto es difícil de entender, por la complejidad de elementos que aborda y la larga historia de ocupación y colonialismo que ha sufrido el Pueblo Palestino por Israel desde hace casi 70 años. De todas formas, intentaré hacer un breve recuento de la situación para entender las diferentes posiciones sobre el conflicto.

Reconfiguración geopolítica de Palestina luego de las Guerras Mundiales y ocupación israelita. 

Casi 68 años de ocupación. La cuna de las religiones nunca ha estado en paz y siempre ha sido considerado como un botín de guerra. Palestina comenzó el siglo XX siendo parte del Imperio Otomano. Luego de la Primera Guerra Mundial entre Reino Unido y Francia, este territorio pasó a ser considerado como el Mandato Británico de Palestina. Finalizada la Segunda Guerra Mundial los sionistas – aquellos que creen que los judíos debiesen tener un Estado – consiguieron del Reino Unido el apoyo para fundar su “hogar” en el territorio que habitaban los palestinos. Por supuesto, preguntarles a los palestinos no era necesario, pues para los ingleses y sionistas no existían: “Palestina es una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra”, dirían. Como sostiene Nur Masalha, no se trataría de un mal cálculo demográfico, si no de la negación del reconocimiento al pueblo palestino.

La idea del Estado Judío en Territorio Palestino tiene tres antecedentes políticos determinantes: (i) la Correspondencia Husayn-McMahon entre el jerife de la Meca Husayn – considerado descendiente del profeta Mahoma – y el Secretario de Exteriores Británico McMahon entre los años 1915 y 1916, bajo las cuales este último se comprometía a la creación de un Estado Árabe si estos ayudaban a vencer al Imperio Otomano en el Marco de la Primera Guerra Mundial, propuesta que no se concretaría y según McMahon siempre se excluyó a Palestina (a pesar que existe una discusión al respecto) de este Acuerdo; (ii) los Acuerdos de Sykes-Pikot de 1916 entre Reino Unido y Francia – ratificado por la Liga de las Naciones en 1922 – en el cual el territorio Palestino quedaba bajo el Mandato Británico, que incorporaría a la Declaración de Balfour, pretendiendo resguardar sus intereses en la zona con colonizadores europeos judíos que confiando en la posible revolución de los árabes oprimidos; y, (iii) la Declaración de Balfour, mediante la cual el Secretario de Exteriores británico, Arthur James Balfour, envió a la Federación Sionista la carta en que declaraba su compromiso con el sionismo: “El gobierno de Su Majestad considera favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y utilizará sus mejores esfuerzos para facilitar la consecución de este objetivo”.

Estas ideas tomarían forma en 1947, cuando los sionistas pedirían el reconocimiento del Estado de Israel ante las Naciones Unidas, a pesar del rechazo de los árabes. Naciones Unidas en la Resolución 181 de la Asamblea General (noviembre de 1947) dicta el “Plan de Partición” en la cual plantea la creación de un Estado árabe (45% del territorio de Palestina) y un Estado judío (55% del territorio) independientes, y un régimen especial para la ciudad de Jerusalén en lo que era territorio palestino.

El día 14 de mayo de 1948 se autoproclamaría el surgimiento del Estado de Israel, lo cual provocaría asimismo la primera Guerra Árabe-Israelí. Así comenzaría lo que los palestinos denominaron la catástrofe, al-Nakba, luego del éxodo de más de 800.000 palestinos entre los años 1947 y 1948, debido al desplazamiento realizado por los judíos sionistas que estaba fundando su Estado. Al día siguiente a la proclamación del Estado de Israel, entraría en guerra contra una coalición integrada por Egipto, el Líbano, Siria y Jordania, entre otros. Luego de unos días de Guerra, Israel contando con el apoyo de las Naciones Unidas gana, anexándose un 23% más de territorio que el considerado originalmente.

Testimonialmente, en la resolución 212 sobre asistencia a refugiados palestinos (noviembre de 1948), las Naciones Unidas le exigen a Israel que permita el retorno de los palestinos desplazados. Hasta el día de hoy, tanto esa resolución como la que establece la creación del Estado Palestino no han sido cumplidas.

Mientras en los otros países de África y Asia se fraguaban las luchas de liberación nacional que se desarrollarían a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, en Palestina se construían y afianzaban los pilares de colonización y apartheid que ha establecido el Estado de Israel en contra del pueblo palestino hasta el día de hoy.

Guerra de los Seis Días: la ocupación se extiende.

En 1964 se reconocía como interlocutor del Pueblo Palestino a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), fundada por diversas organizaciones políticas cuyos pilares han sido el Partido al Fatah, liderado históricamente por Yasser Arafat, que en un principio reivindicaba la lucha armada como vía de solución al conflicto, pero que después se fue “moderando”, para rechazar definitivamente la vía armada en los Acuerdos de Oslo. Este partido ha tenido el control de la OLP desde sus orígenes. El otro pilar es el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), partido de raigambre marxista-leninista que daría lugar a distintas fracciones. La posición de la OLP sería rechazar la existencia del Estado de Israel, planteando la recuperación de todo su territorio ocupado a partir de 1947-1948.

En 1967 estalla lo que se denominará como Guerra de los 6 días. Israel con el apoyo de las potencias mundiales vence a la coalición de los países árabes, anexándose la zona de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este que estaban en manos de los palestinos. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en su resolución 242 declararía la “inadmisibilidad de adquisición de territorio mediante la guerra”. En 1978, ante la ocupación constante de Israel en territorio palestino, la ONU prohibiría cooperación militar con Israel, pues reconocía que su aumento de armamento representa una amenaza para la paz y seguridad internacional. En 1979, la resolución 446 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas determinaría que los asentamientos israelitas en territorio palestino no tienen validez legal y son un obstáculo para la paz.

Inclusive, en la resolución 3379 (que sería revocada posteriormente por la presión de Israel) de la Asamblea General de Naciones Unidas se calificaba al sionismo como forma de racismo y se la compara con el régimen de apartheid de Sudáfrica.

Rodolfo Walsh, periodista argentino, en su artículo “La Revolución Palestina” narra que en 1900 había en Palestina 500.000 árabes y 30.000 judíos. Si en 1974 hay tres millones de israelíes y 350.000 árabes, no hace falta preguntarse dónde están las víctimas: están afuera de Palestina, expulsadas de su patria.

Las intifadas y los Acuerdos de Oslo.

Entre 1987 y 1993 surgiría la primera intifada o levantamiento popular, que implicó una defensa del pueblo palestino contra el accionar del ejército israelí. En 1992 Lebowitz diría: “Israel ha dejado de ser el Estado del pueblo judío y se ha convertido en un aparato de gobierno coercitivo de los judíos sobre otro pueblo (…) únicamente un régimen opresivo judío. El Estado de Israel no es actualmente una democracia ni un Estado que respete la ley, ya que gobierna a más de un millón y medio de personas privadas de sus derechos civiles y políticos”.

Asimismo, el año 1987 se fundaría, excluida de la OLP, el Movimiento de Resistencia Islámico – Hamas, que sería la expresión palestina de los Hermanos Musulmanes, quienes tenían presencia en gran parte de Medio Oriente y el Norte de África, ganando las primeras elecciones democráticas en Egipto luego de la primavera árabe en dicho país, gobernando hasta el Golpe de Estado apoyado por Estados Unidos. Su surgimiento se enmarca dentro del contexto de fin de la guerra fría e irían sumando apoyo mediante políticas de ayuda social.

Esta primera intifada terminaría en un proceso de paz truncado que finalmente dio origen a los Acuerdos de Oslo entre la OLP, dirigida por Yasser Arafat y el Estado de Israel. El acuerdo consistiría en el reconocimiento mutuo y el establecimiento de un plazo de 5 años para llegar a un acuerdo definitivo sobre la creación del Estado Palestino. Asimismo, se creaba la Autoridad Palestina (AP), que gobernaría la Franja de Gaza y parte de Cisjordania. Cisjordania se dividiría en tres zonas: en la zona A Israel mantendría el control de las fronteras, accesos internacionales y la “seguridad” sobre la zona, mientras que la AP tiene el control sobre los asuntos civiles (18% del territorio de Cisjordania); la zona B, en la cual la AP tiene el control civil y la AP en conjunto a Israel el control militar (21% del territorio); y la zona C, donde Israel tiene el control civil y militar (60% del territorio). La Franja de Gaza sería administrada civilmente por la AP, pero se encuentra completamente sitiada. En cuanto a Jerusalén, los palestinos sólo tienen el estatuto de “residentes”, sin derechos políticos.

Desde los sectores políticos palestinos hubo bastante rechazo a estos Acuerdos, y de hecho el FPLN no los aceptaría, retirándose del gobierno y sólo llegando a un acuerdo con Fatah y otras organizaciones el año 2000. Los Acuerdos de Oslo fracasaron: no se cumplieron y desencadenaron la segunda intifada, entre el año 2000 y 2005.

Esta segunda intifada sería menos exitosa, y sería arrasada por el Ejército de Israel que con el poder de las armas masacró a los palestinos que se rebelaban. Ante el fracaso del proceso de negociación, los sectores seculares irían perdiendo fuerza frente al islamismo radical de Hamas, que planteaba un programa radical en cuanto a la recuperación de tierras, pero asimismo buscando implementar la sharia en territorio palestino.

Intensificación del conflicto: Muro del apartheid, asentamientos ilegales y Operaciones Plomo Fundido y Margen Protector.

El año 2002 Israel comenzaría a construir el muro del apartheid, que separaría a los Palestinos de los Israelitas y donde convertirían a Palestina en una gran jaula. La Corte Internacional de Justicia declararía ilegal la construcción de este muro en el año 2004.

En el año 2006 el Ejército Israelí sufre una derrota de manos de Hezbollah en el Líbano. Ese mismo año la Franja de Gaza elegía democráticamente a Hamas, que desplazaría del Gobierno del Fatah. El triunfo de Hamas es el resultado de más de 60 años de ocupación israelí y 15 años de negociaciones que no han producido otra cosa que miles de muertos y detenidos, represión, miseria y prisión para los palestinos.

Israel comienza a asociar a Hamas con Al Qaeda, y contando con el apoyo de Bush, declaran a Gaza como base terrorista decidida a destruir a Israel. Los ataques de Israel a Gaza comenzaron desde enero de 2007 (año que se registraron más de 300 muertos) pero se intensifican en 2009 en lo que se denominó “Operación Plomo Fundido”. Gaza se convirtió en el laboratorio de la industria armamentística israelita y sus medios de propaganda e intelectuales saldrían a defender el genocidio, en el cual utilizaron armas prohibidas por el Derecho Internacional Humanitario, como lo es el fósforo blanco. Hablaban de operaciones quirúrgicas contra las bases terroristas, pero lo cierto es que caían en casas de civiles, en hospitales, mercados, mezquitas y escuelas. Pretenden construir un desierto para luego llamarlo paz.

La justificación de esta operación era una respuesta a los cohetes caseros lanzados por Hamas, los cuales provocaron desde el 2002 hasta el 2009 18 muertes. Los israelitas en 22 días mataron a más de 2.000 personas, destruyeron fuentes laborales, causando un desempleo superior al 60% y más del 80% de las familias gazatíes vive de ayuda humanitaria.

En 2014 se repetiría la masacre del Ejército de Israel al pueblo palestino en Gaza, en la llamada Operación “Margen Protector”, matando 2.251 palestinos, de los cuales 1.462 serían civiles. Ni las escuelas de Naciones Unidas se salvarían de las balas. Para las madres que sufren, Gaza se ha vuelto una “fábrica de ángeles”: 551 de los muertos eran niños. Hasta el día de hoy Gaza sigue ocupada e Israel controla el aire, mar y accesos terrestres de este territorio.

Pero la violación de los derechos humanos del Pueblo Palestino no sólo se realiza mediante la guerra. También han negado la ciudadanía y derechos políticos a los palestinos en Israel, e inclusive en el último tiempo han adoptado la medida ilegal de negar la “residencia”, para así terminar de desplazar completamente a los Palestinos de Jerusalén. Asimismo, los asentamientos ilegales de colonos israelitas en territorio palestino han aumentado día a día, a pesar del rechazo de la comunidad internacional. Sumado a las demoliciones de casas, carreteras diferenciadas, el muro y los checkpoints, hicieron de Palestina una prisión, siendo esta situación similar al sistema de apartheid sudafricano. Este apartheid se construye sobre un Estado de Israel que es un Estado de todos los judíos del mundo y no de todos los habitantes de la tierra que ocupa. Esto se ha traducido en estatutos jurídicos diferenciados para judíos y no judíos. En respuesta a esta situación, a principios de este año algunas organizaciones palestinas llamaron a la tercera intifada.

Resistencia Palestina y salidas al conflicto

La resistencia palestina tiene su origen en la violencia y despojo que ha producido la ocupación israelita. Las formas de expresión han sido desde las intifadas levantadas por organizaciones sociales y de base, hasta la campaña de Boicot, Desinversión y Sanción al Estado de Israel, surgida el 2005. Esta campaña levantada por más de 500 organizaciones de la sociedad civil palestina pretende que la comunidad internacional aplique dichas medidas coercitivas (BDS), llamando a romper vínculos institucionales con Israel, hasta que este cumpla con el Derecho Internacional y los principios universales de derechos humanos, terminando con el actual apartheid respecto de los palestinos. Surge un año después de la resolución de la CIJ sobre el muro, como una forma simbólica de reaccionar ante el estancamiento de las negociaciones y las violaciones de Derechos Humanos sufridas por los palestinos a manos de Israel. Esta campaña ha ido cobrando fuerza al pasar de los años y se ha transformado en una medida efectiva de presión al Estado de Israel, provocándole pérdidas económicas de más de 31 mil millomes de dólares sólo el año 2015. Además se han sumado desde Campus Universitarios en California hasta supermercados europeos.

La orientación de estas formas de resistencia tiene un objetivo: la liberación del pueblo palestino. No obstante, existen dos grandes posturas al respecto: (i) un sector, liderado por Fatah, plantea el establecimiento de un Estado Palestino, reconociendo las fronteras con el Estado de Israel fijadas en 1948 por Naciones Unidas y vulneradas en 1967 por Israel luego de la Guerra de los 6 días; (ii) para otro sector, el problema sería el sionismo: ideología que promueve la limpieza étnica, la ocupación y ahora también las masacres masivas (Ilian Pape y Omar Barghouti, entre otros). Por tanto, la única solución sería Israel y Palestina unidos en un solo Estado laico, democrático e interreligioso.

En esta última discusión es importante mirar lo que está haciendo el pueblo kurdo. El confederalismo democrático, planteado por el líder kurdo Abdulah Öcalan, pareciera ser una forma de democracia comunitaria que puede ser una manera práctica de dar cabida a la diversidad étnica y cultural de la población de un único estado democrático para toda Palestina.

Finalmente, frente a esta situación de masacre y genocidio que ha sufrido y sigue sufriendo el pueblo palestino no se puede guardar silencio. Lo que está pasando en Palestina no es guerra. Una guerra asume dos ejércitos enfrentados en el campo de batalla. Esto es un asedio unilateral donde Israel pone las armas y Palestina los muertos: no apoyar al pueblo palestino es ser cómplice de las vejaciones que sufren. ¡Palestina Libre!




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