El Golpe avanza en Brasil: el pueblo brasilero tendrá la última palabra

por Javier Pineda Olcay



Sobre Javier Pineda Olcay

Por Javier Pineda Olcay

El 11 de mayo el Senado ratificó el juicio político contra Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, avanzando el golpe blando de Estado que analizábamos semanas atrás luego de la votación en la Cámara de Diputados. Esta ratificación suspenderá las funciones de Dilma como Presidenta, dejando al corrupto de Michel Temer como Presidente Interino. Esta suspensión de funciones no podrá durar más de 180 días, pero por la composición del Senado quizás en un plazo inferior destituyan a Dilma, dejando definitivamente a Temer como Presidente.

La antesala estuvo precedida de un vergonzoso hecho que devela la institucionalidad erosionada de Brasil en estos momentos. El lunes 9 de mayo por la mañana Waldir Maranhão, Presidente interino de la Cámara de Diputados, emitió una resolución en la cual anulaba las sesiones de la Cámara en que se votó el impeachment contra Dilma, reconociendo en su declaración que “ocurrieron vicios que tornaron nulo de pleno derecho la sesión en cuestión”. El Senado, en sesión durante el mediodía desconocería la anulación y declararía seguir teniendo competencia sobre el impeachment. Para la noche, Maranhão “anularía la anulación de la votación que pretendía anular las funciones de Dilma como Presidenta”.

Sin vacilaciones, Temer anunció el mismo jueves su Gabinete de “Unidad”. Lo único que representa este gabinete es una unidad entre la derecha y las clases empresariales de Brasil, representadas por el PMDB, el PSDB y los evangélicos; como también, la unidad del patriarcado brasileño, pues de 30 cargos ministeriales ninguno es ocupado por una mujer, cuestión que no sucedía desde Dictadura. Como Ministro de Hacienda nombró a Meirelles, ex Presidente del Banco Central en tiempos de Lula, dando una clara señal al mercado. Y como Ministro de Relaciones Exteriores, nombró a José Serra, quien había sido candidato presidencial por la derecha, dando señales a la derecha latinoamericana y mundial.

La respuesta internacional ha incluido de todo: Gobiernos que rechazan el golpe, como Venezuela, Bolivia y Ecuador; Gobiernos que apoyan el Golpe como Argentina; y Gobiernos timoratos que manifiestan su “preocupación” como Chile. La derecha avanza con todo en Nuestra América, sin importarle ni siquiera las formas. Compiten en las elecciones por si ganan, pero si pierden no dudan en recurrir a golpes de Estado.

¿Qué se viene? En un plazo no superior a 180 días la Comisión constituida en el Senado deberá entregar su informe para determinar si Dilma debe continuar o no en su cargo. Luego, se convocará a una sesión final ante el plenario del Senado, dirigida por el Presidente del Supremo Tribunal Federal de Brasil. Para condenarla por el crimen de responsabilidad que le imputan, son necesarios dos tercios de los votos del Senado, es decir, 54 de 81 votos. Los golpistas cuentan con esos votos, por tanto, la única posibilidad para que no se materialice el golpe y Dilma quede destituida definitivamente, será la movilización y organización del pueblo brasileño e internacional. A pesar de que Dilma ha sido una de las pocas políticas no vinculada a casos de corrupción en Brasil, la derecha le inventó acusaciones que no califican como crimen de responsabilidad fiscal, pero que de todas formas como controlan el Congreso, les permite enjuiciar a Dilma. Esta cuestión es latente en las votaciones del Senado y de la Cámara de Diputados, donde los Senadores y Diputados hacían alusión a cualquier tema excepto el crimen de responsabilidad.

En el caso de Brasil, a pesar de los avances en superación de la pobreza y la democratización de ciertas instituciones en los Gobiernos de Lula y Dilma, su alianza con la burguesía nacional y empresariado local les pasó la cuenta. El Partido de los Trabajadores terminó con la corrupción metida en sus filas y en cuanto se acabó el dinero proveniente del aumento de precio de las materias primas (principalmente, petróleo y hierro) la derecha que había sido aliada no dudó en traicionarlos. Las bases sociales del PT en la medida que avanzaban sus gobiernos se iban perdiendo y burocratizando. La única esperanza para frenar el golpe recaerá en que los movimientos sociales sean capaces de organizarse nuevamente y puedan dar una lucha en la calle contra el golpe.



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