Agenda Corta Antidelincuencia, detención sin sospecha y el populismo inútil que solo daña

por Alejandro Basulto



Sobre Alejandro Basulto

Por Alejandro Basulto

Antes de empezar a denunciar y a desnudar tanto su populismo como lo ineficaz que es la Agenda Corta Antidelincuencia en muchas de sus medidas, aunque sea para algunos innecesario, se dejará de antemano en constancia que este texto no es un manifiesto en defensa de la delincuencia, sino que por lo contrario: critica y exige medidas eficaces contra dicho flagelo social que hoy a tantos preocupa.

Ahora como bien dicen, o mejor dicho, confiesan los defensores de esta magna obra de populismo penal: “La Agenda Corta busca acabar con la sensación de inseguridad”, no entonces con la delincuencia como tal, sino que solo alterar la percepción de la ciudadanía haciéndole creer que con este pack de medidas promulgado, estará más segura.

Habiéndose ya hecho esa introducción, pasemos a realizar una lectura amplia del contexto en que se legisló este proyecto de ley que recientemente fue despachado por el Senado. Un contexto político-social en el que se ve que la ciudadanía está asustada e indignada ante la impunidad de los delitos, llegando a manifestarse con respecto a esto de manera pacífica y hasta violenta en algunos casos. Por su parte, los políticos, y por sobre todo el Congreso, son los más cuestionados en su mal manejo de la delincuencia (como también por sus mismos delitos). Ergo, la Agenda Corta nace de un descontento de la ciudadanía contra la autoridad, que estos últimos buscan revertir de una manera populista para así salvarse a sí mismos, de manera temporal al menos.

Y es ahí donde aparece la frase “falta más mano dura”, a lo que los políticos-populistas respondieron subiendo penas y quitando en muchos delitos la posibilidad de que el imputado apele a una pena sustitutiva. Esto claro, se hace sin importar que los delitos a los que se les subieron las penas, ya las tengan altas, y que esté comprobado penalmente que no funciona como factor disuasivo endurecer las penas cuando estas ya son graves. Tampoco parece que se pensó mucho al negar el acceso a las penas sustitutivas a ciertos imputados, ya que en ellas, a diferencia de la cárcel (que es una universidad del delito), la reincidencia – según un informe hecho por Paz Ciudadana y la Universidad Adolfo Ibáñez – es de solo un 27,7% (siendo hasta de un destacable 19,5% en la libertad vigilada), frente al horroroso 57,4% de reincidencia que posee la prisión.

Hay que hacerle un claro énfasis a lo de “querer meter más gente la cárcel y por más tiempo”, ya que ojo, que solo estamos detrás de Estados Unidos en cuanto a más presos por habitantes (tenemos 266 reos por cada 100.000 ciudadanos). Y esto se ve reflejado en el hacinamiento penal y las condiciones infrahumanas que hay en prisión (no solo para los internos, sino que también para los gendarmes) que se detallaron en el reciente informe de la Corte de Apelaciones. Y todo esto, explica y reproduce la alta reincidencia que tiene hoy y que ha tenido también antes, la cárcel.

Pero no toda medida penal es mala, per se. Por ejemplo, si por fin habláramos de medidas penales contra los “delincuentes de cuello y corbata”, quienes al cometer sus delitos solo arriesgan una multa y en caso de que les salga una pena que les incomode, no les cuesta nada pagar y librarse de ella. Si de una vez por todas el empresario que se colude y evade impuestos, o el político que se deja comprar por el poder empresarial, pagaran todos ellos con cárcel, ahí sí recién hablaríamos de un claro avance contra la delincuencia y la desigualdad judicial. Ya que donde no existe pena efectiva y se coloca una, se logra una importante disuasión del delito. Además que es un hecho que desde arriba vienen los abusos y se generan las condiciones criminógenas que padecen quienes están abajo.

Ahora también, la Agenda Corta Antidelincuencia, además de ser inútil y hasta dañina, vulnera derechos. Un ejemplo son los allanamientos que podrán realizar las fuerzas policiales sin permiso de un juez (violando la intimidad y la privacidad en el hogar a la que tiene derecho cada ciudadano), lo que sumado también al hecho de que uno podrá irse preso por “agredir” a un carabinero sin que haya quedado un rastro visible de la agresión (violándose así el principio de la igualdad ante la ley), nos da todo esto como resultado un claro espacio de oportunidades para los abusos. Y a esto se le suma otra medida que hoy ya existe, la cual busca ser empeorada, que es el Control de Identidad (que atenta contra la presunción de inocencia y libre tránsito que nos garantiza la Constitución), que ahora será “preventivo”, o mejor dicho, sin criterios – al menos en papel -para quitarle todo eufemismo.

La “detención sin sospecha”, hoy en su “versión limitada” que es el control de identidad, ya da espacio a abusos; si solo basta ver los videos de las denuncias ciudadanas contra Carabineros o el informe que elaboró la Comisión de Derechos Humanos de La Legua. Y quienes legislan a favor de esta medida, obvian ya la ineficacia del control de identidad actual, el cual el 2014 contó solo con un 2% de efectividad, habiéndose realizado en 2.000.000 de ciudadanos, según cifras otorgadas por Carabineros.

El Control Preventivo de Identidad -que es una medida de control social – además hasta podría terminar germinando más delincuencia. Al respecto, el destacado criminólogo alemán Fritz Sack, dijo que “la sobrerrepresentación de miembros pertenecientes a los estratos sociales más bajos en la estadísticas criminales (…) no tiene lugar a causa de sus situaciones de insuficiencia psíquica y social, que impulsan a un comportamiento criminal más acentuado, sino que resulta de su marcada tendencia a ser seleccionados y definidos como criminales por las instancias de control social”.
Por último, al respecto, es increíble ver el cómo se busca darle más facultades a los cuerpos policiales, siendo que estos han demostrado una y otra vez, no tener el suficiente criterio (además de no necesitar más atribuciones para su labor). Y sin dejar también de lado el hecho de que como uniformados tienen un sistema judicial propio (la famosa “Justicia Militar”) que les da altas posibilidades de que sus abusos y delitos queden en la impunidad.

Lo que falta son políticas de inserción – la conducta delictual nace en la marginación social como también en la ausencia de referentes positivos – y de reinserción, que logren prevenir y reparar la conducta delictual en las personas.

Está por ejemplo, el dato dado por SENDA, de que 8 de 10 consumidores de pasta base, delinque, sumándole a esto – además de la ausencia de una debida disuasión penal para el narco que los introduce en la drogadicción – la inexistencia o la falta de centros de rehabilitación de drogas gratuitos en los sectores con mayor vulnerabilidad social.

También se hace urgente revisar nuestras propias instituciones y lo que se hace con los niños en Chile, donde por ejemplo, el SENAME, que es sinónimo de abusos y negligencias, en vez de proteger y rehabilitar a los menores de edad, les daña. Y que además por cierto, un 90% de sus hogares son privados, siendo muchos de ellos los más criticados en su funcionamiento (¡Hay más Lissettes en ellos!). ¿Cuándo se va a hablar de una re-estructuración seria del SENAME? Y ojo, hoy además es casi un órgano político, ya que es un espacio para quienes no tuvieron éxito en la elección popular, ¿y si entonces también hablamos de otorgarle su necesaria autonomía ante la política partidaria?

Y la “mano dura” que muchos piden no es una buena opción. El mejor ejemplo de aquello es la sanguinaria Dictadura que tuvo este país entre 1973 y 1990, donde los delitos se duplicaron entre 1981 y 1986, dado esto por las políticas económicas y sociales implementadas en esa época, según consta el mismo INE y un estudio de historia criminológica hecho en la Universidad de Chile.

Por eso también es bueno saber, que está confirmado que donde hay menos desigualdad, hay menos factores criminógenos, y por lo tanto, también menos delitos. Noruega, Eslovenia, Islandia, Suecia, Finlandia, Alemania y Holanda, están entre los países menos desiguales, más seguros y con menos presos del mundo. ¿Por qué no vamos hacia allá, mejor?

Despertemos, y hay que entender, de una vez por todas, que con este populismo penal solo generaremos más condiciones criminógenas y nos llenaremos de presos que después saldrán peor. O sea, estaremos criando cuervos que después nos sacarán los ojos.



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