Hoy nos trataron como si fuéramos animales

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Como si fuéramos animales. Así se comportaron hoy las Fuerzas Especiales de Carabineros aturdiendo cualquier intento de movilización desde Plaza Italia. Estudiantes sin capucha y apoderadas armadas con una sola bandera y su voz fueron barridas de la Alameda por guanacos y zorrillos que parecían recién liberados de una jaula. Es la imagen decidora de la represión irracional mostrada hoy por un gobierno que decide responder con gases y agua ácida las demandas de estudiantes que sólo quieren hacer valer compromisos adquiridos incluso por las mismas autoridades que hoy se mantienen en el Ejecutivo. ¿Qué pensará Nicolás Eyzaguirre cuando se entera de niñas subidas a carros policiales siendo golpeadas en la vagina (denuncia que hoy hizo una detenida)? ¿Se acordará que fue él quien acordó llevar adelante un nuevo sistema de financiamiento de la educación pública? ¿O se hará el tonto nomás, como el indolente Burgos, que prefiere sonreír y viajar en helicóptero a inaugurar una nueva comisaría mientras sus subordinados lanzan lacrimógenas sobre las veredas? Este país se está convirtiendo en pura indolencia, con decisiones como la de la Intendencia de no autorizar una marcha, lo que nos lleva a recordar de forma viva el modo en que Hinzpeter y el gobierno de Piñera trataron las inquietudes democráticas de un sector, el secundario, que no quiere una ley de desmunicipalización que mantenga el pago por asistencia, preservando la desigualdad hacia colegios pobres a los que acuden niños que muchas veces tienen cien razones más urgentes de ocupación que ir al colegio, niños que además del aprendizaje de materias, deben combatir con pobreza, violencia y abusos al interior de sus propios hogares. No, eso no lo entienden Eyzaguirre y Burgos, y para remate, no lo entiende tampoco la Presidenta Bachelet, que opera como desentendida, respaldando la dirección de un gobierno que se ha convertido en una muestra gráfica de represión clásica y agenda populista como respuesta a inquietudes ciudadanas. “Yo lo apoyo, sobre todo con las indicaciones que le colocamos al final”, dijo la Presidenta respecto al control preventivo de identidad en una entrevista en que además advirtió que la violencia en la marcha del 21 de mayo se dio porque “a lo mejor” al caso Rodrigo Avilés inhibió a Carabineros. Avilés, el mismo joven por el que casi lloró cuando su padre visitó La Moneda exigiendo justicia, una justicia que aún no llega. ¿Qué quiso decir Bachelet? ¿Que si Carabineros no se comporta como simios no hay posibilidad para el orden? ¿Es banda ancha a la violencia de encapuchados o pagar las consecuencias con el desquicio de Fuerzas Especiales atacando a quien se cruce en frente? Al parecer, la institución acusó recibo del respaldo, porque este jueves no se inhibieron de nada. En un minuto, los carros policiales barrieron con todo lo que pillaron por la Alameda hacia el poniente, entre Plaza Italia y el GAM. El agua tóxica que parece te quemara los ojos cayó sin distinción sobre enfermeras que iban a trabajar, sobre mamás corriendo con sus niños de la mano, sobre periodistas que intentaban reportear, y sobre centenas de secundarios que no tenían ninguna gana de incendiar nada. La orden era barrer, desinhibidos, haciendo caso al llamado de un gobierno que además quiere entregar más facultades a funcionarios que han demostrado tantas veces que no cuentan con el criterio para registrar, contener y hacer su trabajo sin blanco o negros. Hoy la idea era que cayeran todos, dar un golpe de timón, como burlándose de quienes luchan por la no promulgación de la agenda corta antidelincuencia, como diciendo “así y peor los vamos a tratar cuando los podamos llevar detenidos por una hora a la nueva comisaría inaugurada por Burgos, golpeándolos en sus genitales”. Hoy la idea era desinhibirse, como lo hicieron el 4 de agosto de 2011, antecedente más potente de las consecuencias que tiene la no autorización de un recorrido en una marcha, y demostrar que las vidas de los estudiantes son inferiores. ¿Ya salió Burgos a lamentar el agobio sufrido por la menor de edad internada en la Posta Central luego que los gases ya no la dejaran respirar? ¿Ya dijo algo Bachelet sobre los más de 100 estudiantes detenidos y todavía sin información sobre su libertad? ¿Habrá primado en esas detenciones el bajo riesgo de arbitrariedad al que apela para respaldar el control preventivo de identidad, acusado de discriminador por todas las instancias serias posibles? ¿Mostrarán hoy los canales de televisión que azuzan la violencia todos los días con sus reportajes sangrientos y su transmisión en vivo de los portonazos, a los jóvenes sin capucha y las apoderadas canosas recibiendo chorros en la cara sin ninguna provocación más que las ganas de manifestar? Aquí no se trata de si respetar o no un recorrido, sino de constatar el amparo de Carabineros en las decisiones políticas de un gobierno para ejercer toda la violencia de su maquinaria represora, una que carga muertos y heridos cada vez que los llaman a no inhibirse, una que nos trata como animales por la pura convicción de la fuerza bruta, una que estaba más que lista para dar el golpe simbólico que se da cada vez que desde la Intendencia se niega la Alameda. Hoy el llamado de los secundarios es a tomarse los colegios, como la última medida posible que deja una operación política gubernamental que decidió responder con la respuesta del guion de siempre: la de la violencia a secas.



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