¿«Maricón» es el que le pega a las mujeres?

por Francisco Rojas



Sobre Francisco Rojas

Por Francisco Rojas

Hace un par de días me puse a pensar en la campaña que hace algunos años impulsó Sernam, a propósito de la violencia contra la mujer, cuyo slogan era “«maricón» es el que le pega a una mujer”. Así tal cual. La idea de la campaña era reivindicar la connotación de la palabra «maricón», y querían lograrlo mostrando en la tele y los diarios, a distintas celebridades chilenas abiertamente homosexuales usando esta frase como señal de aprobación y apoyo a la causa.

Me pregunté si alguien se había pronunciado, en su oportunidad, respecto a lo problemático de usar esta palabra en una campaña del gobierno, asumiendo que históricamente, «maricón», se ha asimilado como un insulto de carácter homofóbico y discriminatorio hacia la comunidad LGBTIQ. Rolando Jiménez (dirigente del MOVILH), tras el lanzamiento de la campaña, declaró que era una muy buena manera de combatir la homofobia e inventarle un nuevo significado al concepto de «maricón», ya que finalmente el insulto se dirigiría a quienes realmente “se lo merecen”.

Pero, ¿se puede separar realmente esta palabra de su significado y connotación histórica en Chile? Yo creo que no.

Desde el gobierno de la UP, distintos medios de comunicación se encargaron de criminalizar sistemáticamente al movimiento homosexual en Chile. Ejemplo de ello son las grotescas coberturas noticiosas de periódicos como “El Clarín”, que en el año 1971 publicaba titulares del tipo: “¡Dos cabros pervertidos!; son los asesinos del profesor colipato y del taxista porteño” o “Colipatos asesinan a machote por traidor”. Sin importar el fondo del asunto, el impulso mediático siempre focalizaba sus esfuerzos en la orientación sexual de los atacantes, siendo en muchos casos una mera especulación, orientando naturalmente a la opinión pública a la idea de asociar homosexualidad con violencia.

Paralelo a este fenómeno, la clase política comenzó a utilizar como nunca los conceptos de “hombría” y “masculinidad” para descalificar y desacreditar las aptitudes políticas de sus adversarios, esto desde ambos lados (sí, la DC también), un ejemplo de esto es un encabezado de septiembre del año 1970 en “El Clarín” que hacía alusión al apodo con el que llamaban a Jorge Alessandri por ese tiempo: “matones de La Señora siembran terror en poblaciones populares” después agregan: “como saben que su candidato es cola de todas maneras, se han dedicado a sembrar el terror físico”. Naturalmente estas prácticas iban a llegar a la ciudadanía de una forma u otra.

Otro hecho concreto que retrata esta situación es aquel ocurrido en diciembre de 1971, en la denominada “marcha de las cacerolas vacías”, cuando un grupo de mujeres de derecha marcharon con ollas para protestar frente al Palacio de La Moneda contra el gobierno y la visita de Fidel Castro. Las manifestantes fueron reprimidas y agredidas –como es tradición- por un contingente de Fuerzas Especiales de Carabineros de Chile. Al día siguiente, los titulares de periódicos simpatizantes de derecha como “El Mercurio” y “La Tribuna” no dudaron en acusar una “falta de hombría” por parte de la Unidad Popular y su fuerza opresora hacia “mujeres indefensas”, declarando que eran todos unos “maricas” y responsabilizando directamente al MIR por los hechos, inventándoles hasta un sobrenombre: “MIRicones”. ¿Creativos, no?

Volvamos al principio. En el año 2010, el recién instalado gobierno de Piñera da comienzo a la campaña “maricón es el que le pega a una mujer”. La Ministra directora del Sernam, Carolina Schmidt, destaca en su discurso de lanzamiento que “(…) la violencia se basa en el abuso de poder y en una mala comprensión de la verdadera masculinidad. ¿Es más macho el que maltrata, golpea o denigra a una mujer? La respuesta es clara: el que maltrata a una mujer es un poco hombre, digamos las cosas como son”. Hacia 2013, tres años más tarde, Piñera lanza una nueva campaña denominada “No + violencia en el pololeo” con Karol Dance como rostro principal. En esta oportunidad, Sebastián Piñera elaboró un hermoso discurso donde ni siquiera se esforzó por utilizar las palabras en el orden adecuado y señaló que “El hombre que le pega a la mujer que quiere es un maricón y queremos en Chile no tener ese tipo de conductas”.

De estas dos declaraciones oficiales se pueden desprender dos cosas: la primera es una patronización salvaje de la mujer por parte del gobierno mismo, dirigiendo la campaña desde un enfoque machista y asumiendo que la verdadera masculinidad es esa en la que el hombre es el que cuida de la mujer y no lo contrario; el segundo punto, y por supuesto no menos importante, es que después de estas campañas la palabra «maricón» se transformó en un lugar común en el discurso de muchos y por consecuencia, la homofobia.

Independiente de hacia quién va dirigida la palabra “maricón”, el significado es uno solo: ser poco hombre, ser homosexual. Y que ser homosexual sea, por consiguiente, ser violento y desleal, es el mismo principio que seguía la política y la prensa hace casi 50 años, el mismo principio que sigue la gente en la calle cuando me gritan a mí o a mis amigos “Maricón!”, el mismo principio que usaron los asesinos de Marcelo Lepe cuando le dispararon por la espalda , el mismo que usaban los verdugos de Daniel Zamudio mientras lo torturaban.

Mi pregunta era si podíamos cambiar el significado de una palabra como ésta en Chile: la respuesta sigue siendo un rotundo no. En el momento en que se les ocurrió usar la homofobia como “carta” en contra de la violencia hacia las mujeres se cometió un gran error, sin darnos cuenta se le dio a todo el mundo el derecho de usar la palabra “maricón” cuando y como quisieran.

Pero a los que les duele de verdad no es a los misóginos ni a los machistas: a ellos no les importa nada. A los que nos duele es precisamente a nosotros, los maricones.




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