Perú: a la deriva del neoliberalismo

por Javier Pineda Olcay



Sobre Javier Pineda Olcay

Por Javier Pineda Olcay

Perú enfrentó una de las elecciones más reñidas de su historia: Keiko Fujimori, hija del corrupto y asesino ex Presidente Peruano Alberto Fujimori y militante del conservador partido Frente Popular, contra Pedro Pablo Kuczynski, más conocido como PPK, político conservador que había sido Ministro de Energía en los 80 y de Economía y Finanzas en el año 2001 bajo el Gobierno de Alejandro Toledo.

Con menos de un 1% de diferencia de un total de 17 millones de votos ganó PPK, quien será el nuevo Presidente del Perú. En este estrecho margen el voto “anti-fujimori” fue clave, pues convocaron a masivas movilizaciones y finalmente declararon su apoyo a PPK en segunda vuelta. El liderazgo mediático fue de las “hijas de aquellas mujeres que Fujimori no pudo esterilizar”. Al igual que en las elecciones presidenciales pasadas, la polarización no estaba entre los candidatos, sino entre aquellos que apoyan el fujimorismo y quienes no, pues PPK en las elecciones presidenciales del 2011 apoyó en segunda vuelta a Keiko Fujimori por sobre Ollanta Umala. PPK justificaría su decisión sosteniendo que prefería una neoliberal declarada que un “salto al vacío” con Humala, aunque luego se retractaría de su apoyo a Keiko, al darse cuenta que el Gobierno de Humala fue un gobierno tipo violín: de esos que se toman con la izquierda y se tocan con la derecha.

La disputa en estas elecciones presidenciales no era por cambios económicos y políticos profundos sino que radicaba en volver a un “narcoestado” como en tiempos de Alberto Fujimori, asociado al crimen organizado, paramilitares y corrupción o aspirar a un gobierno neoliberal tradicional, con un crimen organizado de cuello y corbata amparado en un Estado de Derecho que permite el saqueo de las enormes riquezas del Perú. Para entender esta dicotomía y los desafíos del pueblo peruano es necesario remontarse al Gobierno de Alberto Fujimori, el cual sigue marcando la discusión.

El fujimorismo

La historia actual de Perú está marcada por la herencia del Gobierno de Fujimori, quien gobernó desde 1990 hasta 2000. Si bien llegó a través de las elecciones, el año 1992 realizó un “autogolpe” con la excusa de combatir a las organizaciones guerrilleras e instaurar políticas que mejoraran la situación económica. Disolvió el Congreso y el Poder Judicial, contando con el apoyo de las Fuerzas Armadas. En 1993 dictó una Nueva Constitución, que rige hasta el día de hoy, cuyo pilar es una figura presidencial autoritaria que concentra gran parte del Poder Político.
En estos años de Gobierno, Fujimori y Vladimir Montesinos – su Asesor a cargo del “trabajo sucio” que está actualmente condenado por corrupción – combatieron a las organizaciones guerrilleras de Sendero Luminoso (maoístas con presencia en la selva) y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (guevaristas con presencia en las grandes urbes). Si bien lograron descabezar a ambas organizaciones, en sus operativos mataron a cientos de civiles.

Asimismo, utilizaron la excusa del “terrorismo” para ejercer un gobierno autoritario y concentrar todo el poder.
En cuanto a las medidas económicas, implementó todas las recomendaciones del FMI, pese a que su rechazo a estas medidas lo hizo triunfar en las presidenciales por sobre le candidatura del Premio Nobel Vargas Llosa. Para frenar la inflación, adoptó el llamado Fujishock, el cual implicó un alza de los precios de productos básicos, una reducción de los salarios, varios despidos y pérdida de la fuerza del sector sindical; mientras se fortalecía la inversión extranjera y se privatizaban las empresas públicas. Esto llevó a altas tasas de crecimiento del Perú, pero que se tradujeron en sendas ganancias para los empresarios (muchos de ellos extranjeros) y miseria para el pueblo.

Finalmente, en 2000, luego de ser reelecto con acusaciones de fraude ese mismo año, decide renunciar a la Presidencia del Perú al conocerse un video que comprometía a Montesinos con casos de corrupción. Gracias a su doble nacionalidad, se quedó viviendo unos años en Japón, hasta que el año 2005 viaja a Chile. Luego de concederse su extradición, Fujimori es condenado el año 2007 en Perú a 25 años de prisión por violaciones a los derechos humanos.

Gobiernos de la consolidación neoliberal

Luego de una “normalización” política, el programa económico de los sucesivos Presidentes no realizaría modificaciones al neoliberalismo implementado por Fujimori. Alejandro Toledo -quien gobernó entre el 2001 al 2006– firmó una serie de Tratados de Libre Comercio que acrecentaron las inversiones extranjeras, como también abrió las puertas aún más para desarrollo de la minería y de la agroindustria, sectores en los cuales se han presentado las mayores resistencias por parte de comunidades indígenas y campesinas peruanas.

La estabilidad política, sólo sería alterada por el Andauylazo, en el cual Antauro Humala –ex militar hermano de Ollanta Humala– tomaría por asalto la Comisaría de Andauyla con un grupo de ex militares etnocaceristas (nacionalistas indigenistas). El resultado de esta acción fueron 6 muertos y una condena a Antauro por 25 años, los cuales está cumpliendo en prisión y no ha sido indultado por su hermano que es Presidente de la República.

Luego del Gobierno de Toledo, vino el de Alan García, quien ya había sido Presidente entre 1985 y 1990, destacando su Gobierno por las casos de corrupción y la hiperinflación en el ámbito económico. Su nuevo mandato –entre el año 2006 y 2011– no sería nada nuevo. Militante del APRA, partido de origen socialista latinoamericanista que devendría en un partido neoliberal como gran parte de los partidos socialdemócratas de la región, en su segundo Gobierno profundizó la internacionalización del Perú, firmando nuevos tratados de libre comercio y atrayendo más inversión extranjera.

Finalmente, el Gobierno de Ollanta Humala fue la promesa fracasada de la izquierda nacionalista peruana. Contando con el apoyo de los Gobiernos Bolivarianos de América Latina, se esperaba que Ollanta tuviera un Gobierno similar a los de Ecuador, Bolivia, Venezuela o inclusive, en el peor de los casos, como el de Argentina o Brasil. Sin embargo, “Gana Perú” -su alianza electoral- devino en una alianza de derechas, profundizando sus vínculos con Estados Unidos y la Alianza del Pacífico, mostrándose a favor del TPP e instaurando políticas neoliberales que en nada se diferenciaron de sus antecesores. Esto provocó la fuga de militantes que lo habían apoyado en las elecciones presidenciales, como es el caso de Verónika Mendoza.

Así, Humala entrega a un Perú inserto en la esfera política y de influencia de Estados Unidos, con un gran despojo de territorios y de riquezas realizadas desde hace más de 20 años por empresas nacionales y transnacionales dedicadas a la construcción, minería y agroindustria. Asimismo, un país golpeado por la corrupción y los altos índices de pobreza y falta de servicios básicos.

Escenario presidencial 2016

En primera vuelta se presentaron 9 candidatos. Dos ex Presidentes: Alejandro Toledo y Alan García; cinco tecnócratas neoliberales: Alfredo Barnechea, Luis Fernando Olivera, Pedro Kuczynski, Miguel Hilario y Pedro Flórez Arao; un candidato de izquierdas, pero en prisión preventiva por acusaciones de corrupción (que sería una “revancha” de grandes grupos empresariales por el rechazo a los proyectos mineros en la Cajamarca, Departamento del cual es Gobernador): Gregorio Santos; y dos mujeres que representan alternativas políticas diferentes: Verónika Mendoza y Keiko Fujimori.

A Julio Guzmán – quien figuraba segundo en las encuestas- y César Acuña, el Tribunal Electoral los descalificó de la contienda presidencial por errores en su inscripción y por entrega de dádivas durante la campaña electoral respectivamente, lo cual modificó completamente el panorama dos meses antes de la elección.

En las encuestas siempre figuraba primera con más de un 30% Keiko y luego de las exclusiones de candidaturas, PPK se posicionaba en segundo lugar. Sin embargo, la sorpresa la dio Veronika Mendoza, joven sicóloga representante de Cusco en la Asamblea Nacional y militante del Frente Amplio, quien desde un 2% de apoyo en las encuestas en enero de 2016 subió hasta un 20%, empatando técnicamente a PPK en casi todas las encuestas antes de la primera vuelta presidencial.

Verónika logró que distintas fuerzas de izquierda y provenientes de los movimientos sociales, principalmente el indígena, convergieran en su candidatura, superando los “traumas” generados por las experiencias guerrilleras de los 90. Esta fuerza del Frente Amplio planteó un programa que atacaba al neoliberalismo en Perú, teniendo como eje la recuperación de la soberanía del pueblo peruano sobre sus recursos naturales y sobre la dirección de su economía.

Este meteórico ascenso de Verónika no alcanzó para pasar a segunda vuelta. Keiko obtendría un 39,6% de los votos válidamente emitidos, PPK un 21.0%, Verónika un 18.74% y los otros 6 candidatos se distribuirían los demás votos, obteniendo todos ellos menos de un 7%. Lo más lamentable será la composición de la Asamblea Nacional, donde el fujimorismo (Fuerza Popular) tendrá mayoría absoluta con 73 escaños de 130; el Frente Amplio de Verónika con 20 escaños y Peruanos por el Kambio de PPK con 18 escaños. Los otros tres partidos tendrán los otros 19 escaños.
Quien brilló por su ausencia fue Ollanta Humala. Su partido, el Partido Nacionalista Peruano no presentó candidato presidencial ni lista de parlamentarios. La aprobación a su gestión presidencial no alcanza ni un 15% y su a esposa, Nadine Heredia, quien figuraba al principio de su mandato como su sucesora, hace unos días pidieron una orden de arraigo en su contra por el presunto delito de lavado de activos.

Frente a esto, PPK tendrá un difícil escenario nacional para gobernar. O llega a acuerdos con el fujimorismo o tendrá que gobernar por decreto a lo Macri. De todas formas, su panorama internacional es más promisorio: tendrá el apoyo de los Gobiernos de la Alianza para el Pacífico y de Estados Unidos, por lo cual a lo menos la continuidad de las medidas neoliberales en Perú está garantizada.

El desafío para el Frente Amplio será mayor. Deberán seguir construyendo fuerza propia y frenar las medidas neoliberales que vaya a imponer el gobierno de PPK. Asimismo, deberán apoyar las resistencias de los pueblos indígenas en contra de los proyectos mineros legales e ilegales que azotan a sus comunidades. Y en las próximas presidenciales, deberán superar la falsa dicotomía Fujimorismo-Antifujimorismo, a pesar de que el candidato presidencial probablemente sea Kenji Fujimori, hermano de Keiko y quien probablemente dirija la Asamblea Nacional al ser el congresista más votado del Perú y de Fuerza Popular.




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