Unas palabras para Salvador Allende

por Alejandro Basulto



Sobre Alejandro Basulto

Por Alejandro Basulto

Hablar de Salvador Allende, es tener que referirse a un demócrata, a un idealista que dio su vida por sus ideales. Es tener que contar acerca de un hombre que desde pequeño admiró a su abuelo Ramón Allende Padín, un político revolucionario para su época y un médico que atendía gratis cuando el bolsillo de su prójimo tenía más polvo que monedas. Esta admiración del “Chicho” hacia su bisabuelo, se plasmó en su desempeño como Ministro de Salubridad durante el gobierno del Frente Popular (1938-1941), donde creó el Servicio Nacional de la Salud, garantizándole este derecho tan esencial a más de 3 millones de chilenos (de un universo de 4,6 millones), sin dejar de lado otros dos programas: uno que beneficiaba a mujeres embarazadas y otro que le daba desayuno gratuito en los colegios a los niños – siempre tan olvidados – de este país.

Tener que dedicarle unas palabras a Salvador Allende, también es tener que hablar antes del zapatero-anarquista Juan Demarchi, quien a través de conversaciones le inculcó a en ese entonces joven Allende, la importancia de muchas de las banderas de la lucha social que llevaría el “Chicho” de más grande.

Narrar sobre la vida de alguien como el presidente de la Unidad Popular, es tener que ceñirse a su afán justiciero. El mismo que tuvo durante su voluntario servicio militar, cuando ante al castigo injusto del cual eran sujetos sus compañeros, protestaba con la misma fuerza con la que después dio sus discursos como presidente, siendo así muchas veces arrestado por insubordinación.

Tener que relatar sobre Salvador Allende, es recordar las tantas veces que fue detenido y arrestado por enfrentarse a la dictadura de Carlos Ibañez del Campo, cuando él era un flamante y respetado dirigente estudiantil. A la democracia y al pueblo se le defiende, corriendo los riesgos que se deban correr.

Ahora contar sobre Allende durante su etapa como parlamentario, en la que sus propios compañeros y enemigos de su partido lo enviaban a “distritos imposibles” para evitar su elección, pero que para sorpresa y rabia de ellos, aun así salía electo. Es tener que ceñirse a su fama de “socialista romántico y moderado”, que le valió por ejemplo, tras su sobresaliente desempeño como presidente del Senado, recibir un homenaje y cumplidos por parte de El Mercurio, el mismo periódico que después, recibiendo dinero estadounidense, conspiraría sediciosamente en su contra.

Tanto era el apoyo popular que tenía el “Chicho”, que durante sus candidaturas para conquistar la presidencia del país, la derecha y la oligarquía levantaron a candidatos populistas (caso del “cura de Catapilco”) y permitieron que la CIA interrumpieran en nuestra soberanía nacional, financiando las compañas de los opositores de Allende (como sucedió con Frei Montalva).

Y tener que referirse a su etapa como presidente de la Unidad Popular entre 1970 y 1973 (lapsus corto por culpa de la sediciosa y vende-patria oligarquía), es narrar sobre sus primeras 40 medidas de gobierno, donde la familia, el niño, la madre y los sueldos como también las jubilaciones justas, eran su gran prioridad. Entregar gratuitamente útiles y transporte escolar además de leche a los niños del país, fue una de sus obras más nobles y revolucionarias.

Y para qué explicar sobre el track one y el track two de la CIA y la derecha chilena; para qué tener que referirse a los asesinatos del comandante René Schneider y del edecán naval del presidente, Arturo Araya, por parte de los ultra-derechistas criminales de Patria y Libertad; para qué tener que contar sobre el desabastecimiento sedicioso por parte de los empresarios; o para que también hablar de la dictadura que vino después, la de los “libertadores de Chile”: Un periodo oscuro donde hubo muerte, narcotráfico, robo sistemático y por si todo esto no fuera ya suficiente peso y sufrimiento para los hombros de un pueblo ya golpeado, además hay que agregarle el total abandono y mutilación de la clase obrera, como también la construcción de una sociedad que le preocupa más mirar su ombligo que solidarizar en las necesidades que tenga su vecino.

Parar qué hablar de todo ese sufrimiento. Hoy es el natalicio del presidente Salvador Allende, quien quiso evitar todo ese dolor. Él iba a realizar un plebiscito dando la opción de revocar su mandato, ya que tenía bien claro que a un presidente elegido por el pueblo, solo este mismo pueblo lo podía sacar de La Moneda. Siendo este democrático intento junto con un inspirador discurso de paz y esperanza, los últimos gestos de un demócrata idealista que en Chile no pudimos aprovechar.



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