Viva Chile, todavía

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Una vez más estamos llorando. Y no lo podemos creer. ¿Por qué no lo podemos creer? Porque nunca en la puta vida habíamos sido ganadores. Estamos llorando porque tiritamos con la sola idea de ser grandes. Nos enseñaron a ser chicos. Nos sometieron, nos quisieron en la comodidad del ser mediocres. Del conformarnos con llegar sólo a cierta parte. Messi es el mejor jugador del mundo. Los argentinos hoy en televisión se burlaban de nosotros. Decían que la historia estaba con ellos, y es verdad, que lo del año pasado fue suerte, puede ser, que los penales no dicen nada. Pero cómo no van a decir nada si nos han hecho sentir en la gloria dos veces en menos de un año, sin dudas. Cómo va a ser suerte si la pelota final le quedó al más cuestionado de los últimos procesos. El catalogado tantas veces como el más malo de esta generación de oro. El Gato Silva. El Gato Silva contra Lio Messi. Y al Gato no le temblaron las manos, no se le pegaron al suelo los pies ¿Por qué será? ¿Por qué será que un estadio para ochenta mil personas hoy nos engalana como los mejores, otra vez? ¿Qué querrán decirnos estos cabros que tienen calles en Buin, Renca y Puente Alto? ¿Qué querrá decir el temple tímido de Charles Aránguiz pateando con tanta precisión, sin ningún temor al edificio deportivo más caro del mundo? ¿Querrá decirnos Charles, y todo este grupo curso, que lo hacen por la unidad de todos nosotros? ¿Será este un mensaje a seguír creyendo en nuestros valores y principios, cuando a veces percibimos que la dignidad se cae a pedazos con los fundadores de la UDI presos, con las cuentas del PPD -el partido más insigne de la actual democracia- pagadas por SQM, con una anciana encadenada a una AFP porque le informaron que por vivir más van a bajar sus pensiones? ¿Querrá esta generación que merece un monumento gritar que aún hay motivos para creer, para amar el sentirse chileno pese a los carabineros marchando como un ejército por Cal y Canto para lanzarse a reprimir la ya cansada movilización social? Yo creo que sí, si no, no lloraríamos. Porque no lloramos por los premios de los auspiciadores y los comerciales desagradables de las marcas. Lloramos porque es bonito, así de sencillo, es bonito saber que ganamos algo. Jara fue un monstruo, el más preciso en el fondo, el más inteligente, virgo, el más calmado, el más rutilante frente a las estrellas que no levantan una copa hace más de veinte años. El apodado Jarita, el sindicado como el feo sin merecimientos para pasearse junto a Alexis y Vidal. Jara, Chapita, Beausejour, Aránguiz después de meses aturdido por una lesión que pudo ser fatal, la fuerza del norte de Puch. Aparecieron los incógnitos, los de atrás, los comunes, los que de la mejor forma posible nos pueden decir que todos podemos salir adelante. Los que no firman contratos de locura con sponsors mundiales. Viva Chile, viva la mamá de Vargas pidiéndole desde el hospital que se quedara jugando. Vivan todos los que viven por demostrar que vale la pena seguir juntos, porque estos títulos funcionan como urgencia, la urgencia de la gloria. Dos copas seguidas y únicas en cien años como un impulso anímico que levanta el rostro al mirar el carnet de identidad y descubrir otra vez que soy chileno, rostro moreno, abusadores furtivos, abuelas que se esconden en el baño para los penales, familias enteras estremecidas bajo la lluvia encendiéndole una vela a San Expedito o Cayetanito. Hoy para rogar que gane Chile, mañana para pedir que nuestros hijos, madres y maridos vuelvan sanos y salvos a casa, a bordo de micros que te tratan como una miseria. Viva Chile, todavía. Con la garra de estudiantes organizando por enésima vez marchas que terminan llegando a la casa en puras imágenes de disturbios. Con la valentía de viejos que se van a morir con el cartelito de no más AFP en el ataúd. Viva Chile por niños que miran a Alexis salir con las piernas inflamadas pero el pecho erguido para demostrar que los de esta era también podemos. Una vez más estamos llorando, y no lo podemos creer, porque no podemos creer que estar viviendo aquí, con estos, los nuestros, sigue valiendo la pena, como valió la pena no echarse a morir después de la expulsión de Díaz, como valió la pena esperar que la mano de Bravo tapara ese tiro que nos enlodó la cara, sensación terrorífica tantas veces conocida en nuestros días de lucha, fríos, atrasados, a la espera de una sopita caliente, sopita que otra vez se puede tomar en Copa.



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