El Brexit y el ocaso de la Unión Europea

por Javier Pineda Olcay



Sobre Javier Pineda Olcay

Por Javier Pineda Olcay

Esta semana el brexit llenaba todos los titulares. Mediante un referéndum que había sido promesa de campaña del Ministro del Partido Conservador, David Cameron, este 23 de junio 17 millones de británicos (51,9%) votaban abandonar la Unión Europea mientras 16 millones (48,1%) votaban mantenerse.

La salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), conforme al procedimiento establecido en el artículo 50 del Tratado de Lisboa, implicará que las autoridades británicas con las de la UE deberán acordar – a partir de los próximos dos años posteriores a la comunicación oficial donde manifiesten abandonar la UE – como se relacionarán económica y políticamente. Este plazo probablemente, por la magnitud de las materias a regular, se prorrogará siempre cuando se cuente con la unanimidad de los 26 Estados miembros que conformarán la Unión Europea.

Las “profecías” económicas se comienzan a autocumplir. La libra esterlina se devaluó en un 11%, lo cual hace “más pobres” a los británicos en los mercados internacionales (esta devaluación no es nada nuevo para los países “emergentes”, los cuales han visto devaluadas sus monedas durante los últimos años en porcentajes similares). La globalización produce fenómenos particulares: las ganancias se concentran cada vez más en manos de unos pocos, mientras que las pérdidas se socializan. Hasta los trabajadores chilenos se verán afectados, puesto que las AFP tienen aproximadamente el 10 por ciento de los fondos de pensiones en Europa. Estos factores macroeconómicos, aunque a veces poco se entiendan, producen resultados fáciles de entender: los pobres siempre pagan.

El brexit ha sido catalogado como un terremoto político y económico cuyos efectos aún no se pueden dimensionar.

El referéndum

David Cameron, en el año 2014 como estrategia para mantener el apoyo de su Partido Conservador y ser reelegido como Primer Ministro en las elecciones de 2015, prometió convocar a un referéndum para decidir la continuidad del Reino Unido en la Unión Europea. La campaña por la salida de Gran Bretaña de la UE fue impulsada por sectores conservadores, liderados por el Partido de Independencia del Reino Unido (UKIP) y sectores del Partido Conservador. Su gran figura es Boris Johnson, ex Alcalde de Londres. Su “programa” sería la lucha contra la inmigración, la independencia del Reino Unido y el aumento de los salarios en las zonas rurales empobrecidas de Gran Bretaña, a las cuales les mienten diciendo que la migración empuja sus salarios a la baja. Incluso el líder del UKIP, Nigel Farage, sostenía que los 350 millones de libras que se entregaban cada semana a la Unión Europea se invertirían en educación y en el sistema nacional de salud británico, pero en tanto se conocieron los resultados del referéndum dijo que “no podría garantizar dicha promesa”. Esta posición fue apoyada principalmente por los trabajadores mayores de 55 años y pensionados.

Por el contrario, la campaña por mantenerse en la Unión Europea (remain) fue apoyada por sectores del Partido Conservador liderados por David Cameron, Primer Ministro, y George Osborne, Ministro de Finanzas. Asimismo, el Partido Laborista en bloque apoyaría mantenerse en la UE, pero tendría un desempeño tibio durante la campaña. Esta posición más allá de plantear la integración europea, se basaba en el caos económico y político en el cual se sumiría Gran Bretaña. Esta posición perdería en el referéndum, pero recibiría apoyo mayoritario en los jóvenes británicos, en Escocia e Irlanda del Norte y en la “clase media” profesional británica.

Panorama incierto y posibles efectos del referéndum

El primer efecto ha sido el auge del espíritu independentista y nacionalista en el Reino Unido. Así como los defensores del brexit apelaron al nacionalismo británico y a la independencia de la Unión Europea, en Escocia y en Irlanda del Norte se han visto permeado de este espíritu nacionalista. La Primera Ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, ha planteado que se realizará un nuevo referéndum por la independencia de Escocia, lo cual en caso de ser favorable a diferencias del realizado en el año 2014, les permitiría adherirse a la Unión Europea como Estado independiente. Asimismo, el Partido Sinn Féin de Irlanda del Norte ha planteado su independencia nuevamente y la unificación de Irlanda, demandando la realización de un referéndum también.

El segundo efecto es el estremecimiento del país en el ámbito económico. La libra esterlina se devaluó en un 11 por ciento y algunos economistas anuncian que podría llegar hasta un 25 por ciento. Esto encarecerá las importaciones pero beneficiará las exportaciones. Aún es difícil determinar los resultados concretos.

Un tercer efecto es geopolítico, pues se debilita aún más la posición de la Unión Europea. Se producirá el efecto en cadena de referéndums revocatorios en otros países de Europa donde la derecha radical y populista ha crecido. Destacan en este caso Francia (donde Marine Le Pen ya comenzó a hablar del frexit), Finlandia (donde ya comenzaron a juntarse firmas), Dinamarca, Hungría y Suecia (donde gobiernan los conservadores) y Holanda.

China y Rusia se verán beneficiados de esta situación. Mientras la Unión Europea perdía a la segunda economía más grande la zona, el Grupo de Shangai celebraba su decimosexta Cumbre en Uzbekistán, donde aprobaron el ingreso de la India y Pakistán. Gran Bretaña ya está asociado al Banco chino de Inversiones e Infraestructura desde 2015, con la esperanza de atraer las inversiones chinas. China espera obtener el know how de las bolsas de valores de Londres para fortalecer su poderío financiero.

El cuarto efecto será la incertidumbre con que vivirán los 3 millones de ciudadanos europeos que viven en Gran Bretaña y los más de 8 de millones de migrantes provenientes de otros continentes quienes deberán esperar estos dos años para saber su situación. El discurso xenófobo y racista ha logrado apogeo con el brexit, por lo cual estos últimos serán los más afectados con políticas anti-inmigratorias que de seguro aplicarán los conservadores en los próximos años.

Unión Europea: cosechas lo que siembras

Finalmente, la Unión Europea cosecha lo que siembra. A pesar de ser el modelo de integración política y económica a la cual se le atribuye haber alcanzado el mayor periodo de paz en la historia reciente de Europa, se ha vuelto una institución tecnocrática en la cual manda la troika (Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y Comisión Europea). Hace unos meses la troika imponía condiciones económicas a Grecia que prácticamente la obligaban a abandonar la Unión Europea (el Grexit), pero al parecer no importaba, pues Grecia representa menos de un 2% del PIB europeo.

Estas políticas de austeridad, que han provocado desempleo y desmantelamiento de los Estados de Bienestar europeos han generado descontento popular. Los beneficios de la globalización sólo se han restringido a las élites políticas y económicas y los gobiernos administrados por los Partidos Conservadores y Socialdemócratas derechizados han fracasado (similar situación a la chilena entre la Derecha y la Concertación). Asimismo, otro elemento que ha generado malestar es la crisis de migración, la cual ellos mismos han provocado en conjunto a Estados Unidos, invadiendo países como Libia, Siria, Afganistán e Irak, de los cuales proviene gran cantidad de migrantes. La única solución es la paz, a la cual se oponen las grandes industrias armamentísticas y petroleras beneficiadas por el conflicto.

Lamentablemente, con excepción de España, este descontento ha sido capitalizado por la derecha radical, con fuertes componentes xenófobos y de un discurso anti-inmigración y nacionalista. El mismo fenómeno se ha producido en Estados Unidos donde Donald Trump se presenta como candidato presidencial del Partido Republicano.

Sin embargo, frente al ocaso de la Unión Europea, el brexit abre la oportunidad para que fuerzas regeneradoras de la izquierda se redefinan a sí mismas – Zizek dixit – y propongan alternativas de integración europea que desplacen el gobierno tecnocrático de Bruselas que sigue los mandatos del mercado y de las multinacionales. Estas propuestas alternativas de integración deben tener como eje los intereses de los trabajadores y de todos los excluidos por el neoliberalismo global. El Movimiento Nuit debout es un ejemplo en Francia, el cual se ha comenzado a configurar como una alternativa a la derecha radical en alza y a la élite política gobernante. Nuevamente el dilema será entre socialismo o barbarie arropada de un discurso xenófobo y nacionalista.



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