Defensa pública del reggaetón

por Farruko



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Por Farruko

En la Feria reivindicamos la fiesta, la vida nocturna y el desenfreno, por lo cual no puede extrañar que seamos fans del reggaetón, ese ritmo que apareció en la primera mitad de los 2000 para revolucionar sexualmente a toda una generación. Y así como nos gusta el webeo, también nos declaramos feministas. Estas dos cosas al parecer no le cuadran a mucha gente que se enoja con nuestro humilde medio cuando, en medio de las prendidas noches del fin de semana, nos ponemos bellakos y publicamos reggaetón.

Entonces reflota la famosa afirmación reggaetón=machismo, y aparecen las acusaciones de inconsecuencia y demases. Ante esta coyuntura relevante para la nación, hemos decidido pronunciarnos para hacer una defensa pública del reggaetón y también dejar en claro por qué no caemos en ese odio al género que nos cambió la vida.

Para no ser repetitivos, alguien ya hizo este ejercicio, y el resultado es este gran artículo que da en el clavo en algo fundamental: el reggaetón no es de por sí machista, y tampoco lo es mucho más que cualquier otro género musical. También hace notar algo que no muchos parecen ver: la tirria en contra del reggaetón tiene mucho más de clasismo y mojigatería que de feminismo.

Al reggaetón se le puede criticar –y con justa razón- musicalmente: es artificial, hecho por productores, autotune y en su mayoría difundido a punta de playback. Pero eso no es muy distinto a la mayoría del pop. Y no veo el mismo escándalo contra Katy Perry o Britney Spears.

Muchos intérpretes recurren al machismo o cosifican a la mujer, pero eso pasa en todos los géneros musicales. Ensañarse con el reggaetón por algo que es un problema cultural transversal a la sociedad y, por ende, a la música, demuestra, finalmente, que no es el odio al patriarcado lo que está detrás, sino otra cosa.

Lo que le molesta a mucha gente -y quizás no se da cuenta- es lo explícito del reggaetón, y eso es un agravante al momento de criticarlo. Muchas veces se confunde el alto contenido sexual con el machismo, como si no se pudiera hablar de sexo cochinamente sin ser machista. Y otra cosa que entra a la crítica, y que tiene mucho de clasismo, es denostar al reggaetón por su “inferioridad” musical.

Hay hartos argumentos para decirlo, pero su artificialidad no es mucho mayor que la de otros géneros. El problema es que por un lado hay niños/as rubios gringos bailando y haciendo playback, y por el otro un cuma latinoamericano bailando y haciendo playback. Adivinen con quién se ensaña la mayoría.

Todos/as quienes tildan al reggaetón de machista, ¿se han dado el trabajo de escuchar las letras para corroborar eso? Si lo hicieran, se darían cuenta de lo explicado anteriormente: la gran mayoría son simplemente explícitas, cochinadas de acto sexual hechas canción, pasadas de rollos eróticas con ritmo, y también muchas canciones de amor, que la gran mayoría de veces no tienen un tono patriarcal.
Cuando los exponentes del género prometen devorarte, o hablan de la que te lame, chupa y besa, o te invitan a empezar en la playa y terminar en la cama, trayendo toalla (porque te vas a mojar) no están denigrando a un género, ¿o sí?. Lo más probable es que encuentren canciones que sí son machistas, pero también invito a hacer lo mismo con la trova, las rancheras o el rock para comparar cuántas canciones machistas hay por género, y les aseguro que el reggaetón no estaría de los primeros.

Además del sexo, el reggaetón, como género de los pobres de América Latina, también tiene mucho de recoger la realidad de la marginalidad: violencia, pandillas, y una cultura de ostentación y consumo. Pero eso lo hace el hip-hop gringo desde fines de los ’80 y a nadie se le ocurre decir que el rap en sí es violento.

Digan la verdad. En el fondo el reggaetón les molesta porque lo encuentran “chano” o “flaite”, porque personas frotándose y “haciendo el amor bailando” les parece ordinario o moralmente indebido. Porque si es moreno, pobre y hace música, lo más probable es que sea delincuente y machista, por lo cual no merece sitio en la música. O porque no pueden aguantar que esa rotería suene más en la radio que los Beatles, qué falta de cultura en este país, dios mío.

El reggaetón no es la gran cosa, no es docto ni de calidad lírica o musical notable en su mayoría, pero sí fue y sigue siendo una expresión artística y liberadora sexualmente de la marginalidad latinoamericana. Por ello en su interior están todas las contradicciones del pueblo pobre latino con sus machismos, su poca o nula formación musical, su tendencia a la comercialización y sus temáticas marginales que tanto asustan al arribismo local, empeñado en hacer como que no existen las poblas, las barriadas y las favelas. No seamos pusilánimes y sigamos perreando, compañeras y compañeros.




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