Triste homenaje al frío, la muerte de los pobres.

por Javier Manriquez



Sobre Javier Manriquez

Por Javier Manríquez Piérola

A veces el suelo es un cartón, o un piso de cerámica antes de una cortina de metal. Otras veces un basurero junto a un local de la feria libre. Es de noche. De vez en cuando los perros ladran y uno se imagina el vapor breve que sale de sus hocicos. Tienes escalofríos. Te duele la espalda, tus pies están mojados, no hay niguna parte de tu cuerpo que se sienta bien en este minuto. Se escucha una sirena, a lo lejos. Encorvado en posición fetal entre el abrigo y tu gorro, dando la espalda a la calle, nadie te ve.

La temperatura de tu cuerpo baja uno o dos grados. Tus manos se entumecen y de pronto pierdes la motricidad fina, aunque no te das cuenta.

El vello de tu cuerpo se eriza, como cuando eras chico y te emocionaba una película: tu cuerpo está tratando de crear una capa aislante del frío. Esto no sirve de mucho porque no tenemos tanto pelo, pero es útil en otras especies. Tu cuerpo no lo sabe y lo intenta de todas maneras.

Has tenido varias noches así. Va a pasar. Pareciera que hoy hace un poco más de frío, pero va a pasar. Piensas en el café de tu amiga en Gran Avenida. Cierras los ojos y tratas de apretar los puños. Una sensación de calor recorre tu cuerpo.

Un suspiro de alivio inesperado. Descansas: tus músculos ya no funcionan.

La temperatura de tu cuerpo bajó otros dos o cuatro grados. Los escalofríos se vuelven más violentos, pero no los sientes. Estás confundido, empiezas a perderte en la oscuridad de tus párpados, como cuando hace años cerrabas los ojos con fuerza y veías puntitos de colores.

Tu cuerpo pelea, se vuelve económico: trata de mantener calor sólo en los órganos vitales. Pierdes el color de la piel. Tus labios, orejas, y dedos se empiezan a teñir de azul.

Hace más frío pero ya no tiritas. El suelo ya no parece tan duro, estar ahí ya no parece tanto estar ahí.

No podrías hablar aunque quisieras, y tu pensamiento se mueve apenas, lento en un mar pesado y profundo, tu mamá entra a tu pieza y te cubre con una frazada, te da un beso en la frente.

Los procesos metabólicos celulares se bloquean.

Tu cuerpo baja de los 30 grados, y toda la piel expuesta se vuelve azul. Te pierdes en el sopor de tu cabeza.  Tus órganos principales fallan, pero no te das cuenta. Se produce la muerte clínica, pero no te das cuenta.

Debido a la disminución de la actividad celular en la hipotermia de fase tres, la muerte cerebral tarda un poco más tiempo del habitual en producirse. Pero no te das cuenta. Nadie se da cuenta.



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