Homenaje a tu primer CD: Los discos no se manchan

por Patricio Perez



Sobre Patricio Perez

Por Patricio Pérez

En estos días en que la vida del CD está más al limite de entrar en la UCI que estar de fiesta, no es casualidad que nuestros primeros discos estén escondidos abajo de la cama, tirados al fondo de un cajón o en una caja guardada a falta de espacio en una casa que lo reemplazó un computador o unos parlantes bluetooth.

Discos perdidos que parecen tristes, como un juguete olvidado de Toy Story, pero que esconden todo lo que eres. Si algo te puede definir como persona, es ese primer CD que compraste en la vida, que la mayoría de las veces es de algo que no te enorgullece: pudo haber sido el disco de “Aria’ Ario” de Paolo Meneguzzi, o el infaltable “Furaçao 2000” de Mekano o una banda de nü metal en que jurabas que serían los nuevos Metallica o The Beatles. Tus sueños, un amor fallido, o tu primer logro personal puede estar representada en una de las canciones de ese disco, y aunque te resistes a reconocerlo, jamás te dejará en la vida.

Quizás fuiste de las personas que nació con la marraqueta crujente bajo el brazo, que sería como tener 4 años y comprar con conciencia el “Dark Side of The Moon” de Pink Floyd. Pero eso es demasiado raro. Siempre nuestros primeros discos vienen más impulsados por la guata, como comprar un cassette para romperla en la sala del curso al día siguiente, o para coquetear o porque era simplemente lo más cool. Y cuando es así, muy rara vez son álbumes de más de dos años de existencia.

Jamás olvidaré que mi primer CD fue un disco que vendía Salo en los kioscos y que traía canciones basadas en Dragon Ball Z (pero que nunca salieron en la que vimos por la tele, como una muy estúpida llamas “Rock the dragon”) y que además, traía un bonus interactivo para el computador. Una basura, pero me entretuvo tres tardes enteras hasta que murió rallado por la frustración de haber perdido tres miserables pesos. Después la colección mejoró con uno en vivo de Soda Stereo.

Así como yo, después noté que a mis amigos les pasó lo mismo. Sus primeros CDs eran bandas sonoras de películas o el primero de Backstreet Boys, comprado para ser el más bacán del furgón escolar, o el de New Radicals por una sola canción, la que ahora suena para las publicidades de Movistar. Todos en general, adquiridos en la vieja Feria del Disco, una tienda de barrio o en la calle, pensando en lo inmediato, en los amigos o porque en el fondo, cuando estabas a solas en la pieza querías lucirte haciendo lip sync con el espejo.

Quizás consultar sobre el primer disco a cualquier persona puede tener tan mágico como consultar al tarot. Habla más de nosotros mismos como muy pocas cosas del mundo. Por eso, nunca desprecies a tu primer cassette o CD que compraste o amaste con el alma de tu vida: es igual a tu primer amor y no lo podrás borrar jamás.




1 comentario sobre “Homenaje a tu primer CD: Los discos no se manchan”