Un poco de humanidad, por favor

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

¿Cómo puede haber gente que en su sano juicio justifique matar a un delincuente por el robo de un auto? “bien muerto”, “se lo merecía”, “no quedaba de otra” dicen algunos para validar el asesinato de ladrones, para dar brío a palizas que aniquilen al que trató de quitarme lo propio. ¿En qué nivel de falta de humanidad estamos, de ausencia de sensibilidad, de sentido común? El lunes, el Juzgado de Garantía de San Bernardo dejó en prisión preventiva a un padre y su hijo por, presuntamente, dar muerte al hombre que les robó un auto, a quien –según testigos- persiguieron por más de un kilómetro y medio hasta detener para luego golpear con un palo y rematar en el suelo. Según la jueza Magdalena Casanova, el relato de los testigos se condice con las lesiones del muerto, por lo que dictó una investigación por homicidio simple. Suiguiendo esta tesis ¿Por qué no detenerlo, ya rendido, hasta que llegue la Policía? ¿Por qué no subirlo al auto e ir a dejarlo a Carabineros? ¿Por qué está la necesidad de venganza, de ensañamiento, de hacer valer el peso de la captura, de demostrar con la mayor de las violencias el rol del que dispone? Se podría entender el descontrol de una víctima al calor del forcejeo, del enfrentamiento, de la legítima defensa, pero este no es el caso. Según la Jueza, no fue un robo con intimidación y tampoco hubo legítima defensa, porque “no hubo una acción de repeler un mal inminente”, sino captura y venganza. Pero más allá de este caso, de lo que diga la investigación sobre la culpabilidad o inocencia de los imputados, lo que duele es la forma en que la violencia ha impregnado el espíritu de las personas ante este tipo de situaciones. Cuando en los comentarios de un sitio que cuenta la noticia alguien comenta “bien la jueza, no hubo legítima defensa”, aparecen veinte respondiendo que “debería pasarte a ti a ver si opinas lo mismo”, “ojalá te roben y te maten CTM”, “seguramente ya eres delincuente, por eso tu comentario”. ¿Tanto abandono de la razón hay en el país que no hay lugar para entender que la violencia, la venganza y el abuso frente a otro puede ser un despropósito? Duele comprender el salvajismo al que las relaciones humanas han llegado cuando la alevosía pasa a ser considerado un valor en sí mismo. Porque, debe ser muy desesperante y triste llevar en la frente el “Matar a todos”, la clave de las ideologías más perversas, como una marca ante la vida. ¿De verdad estamos entendiendo lo que significa matar, quitar la vida, cuando alentamos el asesinato de un ladrón en una circunstancia no apremiante? Duele comprobar la vehemencia con que compatriotas, vecinos, izan la bandera del crimen como la solución para alcanzar la paz, para que no se metan con mis bienes, para que dejen de correr peligro mis autos. No es novedad que Chile es un país enfermo, un país fundado en la burla a los explotados, en las trabas de los peces gordos a los chicos que construyen su crecer, en el abuso a los que sólo buscan vivir, pero lo que descoloca es comprender la instalación de esa enfermedad en el sentido más común de nuestros amigos. Descoloca no permitir el espacio de la duda, no detenerse a pensar en que quizás sí está mal que se mate a un ladrón por el puro afán de la alevosía. Descoloca no detenerse a ver que el germen de la violencia, ese que mueve a mucha más gente que a los que llegan a la delincuencia, está metido hasta los huesos de las personas más cercanas. Este texto no tiene el más mínimo afán de “defender a los delincuentes”, por favor, si está creyendo eso, créame que no es así. Yo tampoco soy un delincuente y ni siquiera estoy dando el debate sobre lo que es la delincuencia, sus causas y lo que hay que hacer para solucionarla. Tampoco se obvian las legítimas críticas al funcionamiento del sistema de justicia. Lo único que quiero proponer es un poco de pausa, de paz, para entender lo dramático, lo terminal, lo abismante de un país que comienza a funcionar en la lógica de la muerte, de la venganza interminable, del ajuste de cuentas ad eternum, como fórmula de diálogo. A todos descoloca la prisión preventiva de dos hombres afectados por un robo, pero sería a lo menos sano que también a todos descoloque la saña, la muerte y la realización de un deseo –el de justicia- en el término de la vida del otro. Un poco de humanidad, por favor. Un poco más de aprecio a las personas que a los autos. Un poco de pavor para mirar que así, alentando con vehemencia el valor de la paliza, nos vamos a terminar matando entre todos.




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