El insoportable machismo de Jorge Hevia

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

A veces se hace insoportable escuchar a Jorge Hevia comentando los Juegos Olímpicos. Más allá de la imprecisión de sus datos, de lo inapropiado de algunos comentarios en general, del juego al borde de la discriminación con los apellidos extranjeros, escucharlo se vuelve incómodo, siempre, cuando se trata de mujeres compitiendo. Da la impresión que no pudiera comportarse, que no sabe mirar la ejecución de una disciplina por parte de una mujer obviando que es una mujer. No las puede ver simplemente como deportistas, tiene la necesidad de remarcar que son mujeres y que él es hombre, y que antes de cualquier observación atlética se trata de “oh, una mujer, hermosa, rica, fea, rubia, negra o gorda”, haciendo algo que pertenece inicialmente a los hombres. Es como un púber de colegio de hombres recién llegado a uno mixto, desorientado en su primera conversación con el sexo opuesto. Varias veces me aguanté recriminarlo cuando trataba a las competidoras con un “la” antes de mencionar su apellido, “la Kobrich”, “la Simone”, “la chica argentina”, “la Ducó”. ¿Me estaré pasando un rollo? Pensaba, recordando que Pedro Carcuro hace lo mismo, pero ya no aguanté más cuando trató insistentemente a Francisca Crovetto no sólo como “la Crovetto”, sino como “la Panchita”, “vamos Panchita”, en un tono evidentemente paternalista, como dando una molestosa protección a la tiradora, un refuerzo emocional que podría ayudar su desempeño o consolar un fracaso. ¿Le dice vamos tomacito a Tomás González? ¿Le dice “el” González a Tomás González? No ¿Le dice Felipito a Felipe Aguilar? No. La idea que deja con estos comentarios es la de un periodista que representa a una generación televisiva que entiende como una gracia la presencia de mujeres en el deporte, como una intromisión en un mundo en que la seriedad y el respeto están resguardados primero para los hombres, una realidad en que las mujeres son un añadido, un agasajo para la vista, una particularidad a destacar. Esto, sin mencionar los dichos derechamente machistas, como la solicitud de escote en las gimnastas, siendo incluso muchas de ellas menores de edad. Esto, sin mencionar la ordinariez en que cae cuando una especialista nadadora recuerda que lo mejor que tenía para el deporte era su espalda, y él añade innecesariamente que “la espalda no es lo único bueno que tienes”, provocando risas nerviosas que en realidad expresan un “qué chucha”. Las palabras de Jorge Hevia en la transmisión de los Juegos Olímpicos muestran la posición de una generación televisiva ante la aparición pública de las mujeres, una posición machista y paternalista, que sin educación de género ni sensibilización por parte de un entorno que le diga que la está cagando, ejerce a través del lenguaje un trato insoportable que ubica a las mujeres, también en el deporte, como un objeto para el goce de hombres, un objeto del que se es simbólicamente propietario o protector. El lenguaje de Jorge Hevia impacta porque trae de vuelta normalidades tan ochenteras y noventeras que en el desarrollo actual de derechos y respetos no tienen espacio ni relajo. Si se desubica habrá reacciones, y si sigue hablando del récord de “la Ayana”, si sigue preguntando a Sebastián Keitel cuánto marca “la Keitel”, su hija-niña atleta –provocando otro ¿What?- la audiencia no quedará indiferente.




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