Homenaje a José Balmes: Un artista siempre necesario

por Jose Parra Zeltzer



Sobre Jose Parra Zeltzer

Por Jose Parra Zeltzer

Poco rato había pasado desde que las Redes Sociales estallaron con el triste fallecimiento del cantante mexicano Juan Gabriel. Entre dolientes publicaciones y emotivas muestras de recuerdo, empezó a aparecer otro tipo de información, en similar tono, pero con distinto protagonista. Ya se ha creado un código en torno a estas noticias ominosas: cuando abundan los rostros, se reiteran hitos y se levantan consignas, no hace falta un “vuela alto” o el más formal “se ha confirmado la muerte de” para saber el motivo de tanto despliegue de conmoción digital. Y sí, el domingo falleció José Balmes, pintor chileno de notable trayectoria, nacido en España y venido al país a bordo del buque Whinnipeg en el año 1939, con una amplia carrera como docente en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile y una prolífica actividad política desde la ribera de las luchas sociales. Pocas veces un artista nacional logró hacer confluir de manera tan fecunda el compromiso con un ideal de sociedad y la exploración de nuevos horizontes estéticos para la pintura. Su labor en Grupo Signo a inicios de la década de 1960, junto a Gracia Barrios, Alberto Pérez y Eduardo Martínez Bonati, se vuelve un punto de quiebre para el arte en Chile, abriendo la ruta para inexploradas latitudes pictóricas, que de la mano del “informalismo”, le dieron al Grupo reconocimiento internacional.

Su partida es sin duda una pérdida enorme para la cultura nacional. Su compromiso con las luchas del pueblo estuvo siempre actualizándose, participando en un sinnúmero de actividades y exposiciones que vieron en el florecimiento del arte chileno, un lugar donde las gentes pudieran encontrar identificación y reconocimiento. Desde la colaboración con las candidaturas de izquierda a inicios de los 70, donde destaca su lugar a la vanguardia de los 30 artistas que conformaron la iniciativa “El Pueblo tiene Arte con Allende”, hasta el extenso trabajo de solidaridad con Chile bajo Dictadura que realizó durante su exilio en Francia, pasando por diversas obras que lograron transmitir, a partir de la abstracción propia de su estilo, las preocupaciones y designios de los oprimidos del mundo. El lienzo era su propio campo de batalla, donde al brochazo jamás le faltó ímpetu ni espíritu, y la técnica gruesa de su mancha, como todo gesto que tiene sentido, siempre encontró un lugar donde expresar, ya en el color, ya en su ausencia, una mirada sobre la sociedad.

Maestro de maestros, la magnitud de su figura probablemente no tenga parangón dentro de las artes visuales nacionales. Tanto así que impactó su obligado exilio y conmocionó su regreso. Era imposible mantenerse al margen, que no influyera ni arrastrara con su presencia. No fue extraño, entonces, que mientras haya estado afuera generara una tensión con los que estaban dentro, ni que cuando volviera produjera un choque con una escena que se las había tenido que ver con la censura institucional y las trabas dictatoriales hacia la circulación artística. Será tarea de las y los teóricos e historiadores responder a la preguntan por si el arte chileno durante el Régimen Militar hubiera alcanzado el desarrollo que tuvo, generando novedosos y crípticos lenguajes visuales, si personalidades como Balmes hubiesen permanecido en Chile. Se trata de un momento complejo, y digno de profundo contraste y análisis, pero lo que queda en claro es la cualidad del artista para hacer girar un campo en torno a su visión y producción.

Son pocos los pintores locales que, sin abandonar el mundo de las “bellas artes”, logran trascender la esfera meramente artística e incidir directamente en la gráfica del pueblo. La obra de Balmes adquirió una impronta característica que ya está cargada de contenido social. Vemos su trabajo en lienzos que adornan las manifestaciones ciudadanas, en publicaciones que cuestionan el orden establecido, en afiches estampados con exceso de engrudo, que vienen a colorear un tanto el tramado gris de nuestros muros. Quizás sin saberlo, muchos imitan su grafía frágil, su trazo ceniciento, su color potente. Y es en esa trascendencia que su nombre seguirá invocándose. Más allá de su lugar en los anales de la historia del arte local, y las adhesiones y distanciamientos que pueda provocar en otros, su obra permanecerá como ejemplo del artista que pensó su quehacer desde y para un pueblo, el que históricamente ha necesitado un imaginario con el que pueda reflejarse.

En la presentación de la iniciativa “El Pueblo tiene Arte con Allende” se puede leer la siguiente declaración de principios por parte de los artistas: “Queremos hacer un arte que sea testimonio de las luchas y realidades de nuestro pueblo, un arte libre que no se deje colonizar; que sea rebelde y nuevo. Un arte valiente e insobornable.” José Balmes fue uno de los que buscaron con más insistencia esta idea, persiguiéndola como sueño durante el Gobierno Popular, luego defendiéndola como acto de solidaridad en Dictadura, y finalmente recordándola como anhelo en un contexto como el actual, donde ante las lógicas neoliberales no parece ser más que una utopía. Hoy, cuando prácticamente todo lo relevante nos es informado mediante notificaciones, retwiteos y reacciones en Facebook, se hace urgente recordar a quienes, como Balmes, consideraron indispensable la labor del artista al tanto de los vaivenes de su pueblo, conectado con la realidad, alerta y atento, con la brocha y el pincel siempre dispuestos a denunciar mediante su gesto, las injusticias de nuestro sistema. Es una lástima que haya que esperar a que se mueran muchos de nuestros artistas para volver a levantar su trabajo, pero en tiempos actuales donde los cambios se están demandando en las calles, su obra será cada vez más necesaria.

Foto de Sebastián Moreno extraída de patricioguzman.com




1 comentario sobre “Homenaje a José Balmes: Un artista siempre necesario”