La Revolución de los Deudores

por Maria Virginia Parra



Sobre Maria Virginia Parra

Por Ma. Virginia Parra

¿Qué harías si no debieses el crédito con el que estudiaste? ¿Qué estarías haciendo ahora mismo sin esa deuda? ¿En qué habrías podido invertir tu tiempo y dinero los próximos 10, 15 o 20 años de tu vida, si no tuvieses que pasarlos pagando el doble de lo que te costó la carrera?

Janine estaría casi lista para irse a vivir a Australia, o quizás incluso se quedaría en Santiago, su ciudad de siempre, montando su propio negocio y viviendo de lo que más le gusta hacer. Con la plata que le debe al Fondo Solidario y la inversión que le tomaría poner a Amaranta si la demandaran (o el día que la demanden) por no pagar, ya se habría recorrido toda Latinoamérica mochila encima, lo mismo que estaría haciendo Max si no tuviese que quemarse las pestañas día tras día en una pega que detesta, mientras que Cris se tuvo que reorganizar las expectativas y los intereses gracias a la combinación matadora de Dicom, Fondo Solidario y Banco Santander, así que ya ni piensa en querer comprarse un auto o una casa (y si lo hiciera tampoco es que podría), pero si no tuviese esa deuda por lo menos estaría viviendo solo desde hace un buen rato.

Ninguno de ellos se conoce, tampoco tienen mucho en común, excepto la deuda educativa que arrastran y se rehúsan a seguir pagando.

Hoy en Chile son más de 700 mil las personas que, como ellos, acumulan en conjunto una deuda de más de 2,5 billones de pesos. Es gente con ideologías, religiones, formas de pensar, edades y condiciones totalmente distintas a quienes la deuda educativa les ha convertido en un sujeto social por sí mismo, uno que tiene ahora la capacidad de tomar consciencia de su situación y resistirse, levantarse, reclamar, no pagar.

Desde que se le abrieran las puertas al mercado en la educación superior y su sistema de financiamiento se viera cada vez más orientado a la demanda, el derecho universal a la educación se convirtió en un bien de consumo y así como quien quiere comprar una tele nueva, para acceder a esta cuando no tienes el dinero en mano no te queda mucha más opción que pedir prestado.

En teoría y dentro de ese mismo escenario, un crédito como el Aval del Estado (CAE) debería de representar una gran ventaja: Al no tener el puntaje para una beca o crédito para la universidad tradicional de tu elección, ni mucho menos el nivel económico suficiente para presentar a un aval apto para que el banco o la universidad te presten la plata, el Estado responde por ti, él te pone la mano para que puedas estudiar, titularte y conseguir una carrera bien pagada que no solo te permita alcanzar el tan deseado sueño de la movilidad social sino además devolver de a poco y tranquilamente el dinero invertido en tu educación.

En teoría.

Después de 10 años de implementado este “beneficio social”, de ese universo de 700 mil deudores, 85% lo son gracias al CAE y 910 mil millones de dólares han pasado del Estado a los bancos gracias al incentivo de la recompra de carteras de créditos, donde si el banco se pone con la plata para financiar tus estudios, unos meses después el Fisco le comprará ese crédito con un sobreprecio, que en algunos casos llega a ser de hasta 60% cuando en un principio se suponía que no iba a subir de 6.

Pero eso no es nada comparado con lo que tienen que pagar los deudores, no solo del CAE, sino del Fondo Solidario, del Corfo y de todos y cada uno de los créditos otorgados por la banca y las instituciones privadas para lograr acceder a un título en el segundo país con los aranceles más altos del mundo.

Por una parte, el que toma el crédito y consigue un trabajo al terminar los estudios, está destinando por lo mínimo 10% de su sueldo a pagarlo y con el estado de los salarios en Chile esto significa que adiós proyecto de vida, hasta más tarde postgrado, negocio o casa propia. Mientras que el moroso desertor ni siquiera puede darse el lujo de apartar algo de su sueldo para pagar el crédito, así que de ahí se va a DICOM, le quitan la devolución de impuestos, lo demandan, lo embargan, le sacan plata de la cuenta y la promesa de una mejor calidad de vida gracias a la educación superior se queda en eso, una promesa.

Solo del CAE y el Fondo Solidario hay 160 mil morosos enfrentándose a esto, pero aún así, para algunos parece ser suficiente el riesgo con tal de levantarse y protestar en su contra.

Para Amaranta, el no pagar implica apartarse por completo del sistema, vivir en el “underground”, sin tarjetas, sin boletas, sin cotizaciones, ignorando por completo esos 10 millones que debe desde que egresara en 2013 y esperando que la carta de embargo no llegue nunca. Es lo mismo que viene haciendo Juan Pablo, la cabecilla de Deuda Educativa, desde hace años, dejando nada a su nombre, nada que rematar en caso que el banco decida perseguirlo algún día, mientras que Paulo se escuda en las llamadas sin contestar, los números bloqueados y el golpe de suerte de una demanda desestimada por no haber sido notificado correctamente. Todos ellos demuestran que evadir la deuda, salir del ciclo, es posible, pero implica tomar la responsabilidad de informarse y asesorarse, de entender las consecuencias a las que te enfrentas.

En el caso de Cristian, uno de los miembros fundadores de No Pago, la protesta y la desobediencia civil es lo único que siente que le queda para retomar su poder y reclamar ante una situación que lo mantiene huyendo de una deuda de 15 millones por una carrera que apenas costaba seis y ni siquiera pudo terminar.

Así como ellos, cada vez son más los deudores que se dan cuenta que tienen no solo derechos, sino también el deber de hacer algo al respecto. Es a ellos a quienes respalda Carola Canelo cuando dice que no hay que pagar el crédito, o movimientos como Deuda Educativa y No Pago, los mismos que llaman a marchar este domingo 4 de septiembre para exigir una condonación de la deuda, mientras que reúnen gente para presentar la primera demanda colectiva en contra de los bancos acreedores del CAE o amenazan con dejar de pagar en masa, respectivamente, poniendo en demostración que si bien por ti solo tus deudas son un peso, al unirte a otros pasan a ser la base de tu poder, lo necesario para que empiece la revolución, para hacer ruido y acabar de una vez por todas con un sistema que se creó sobre la injusticia y la desigualdad, uno que prometió cosas que no podía cumplir y que hoy tiene a miles en las mismas, desilusionados por el futuro que se les tira encima con intereses y dígitos que no paran de aumentar, porque el mayor acceso a la educación superior no les representó una oportunidad de surgir, sino un nuevo grillete que arrastrar.



Deja un comentario