Ricardo Lagos, no lo queremos de vuelta

por Martin Espinoza C



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Por Martín Espinoza C

Las cartas ya están prácticamente todas arribas de la mesa. La realidad indica que dentro de los personajes mejor posicionados para asumir el desafío de una candidatura presidencial se encuentran, nuevamente, los expresidentes Sebastián Piñera y Ricardo Lagos.

Muchos de nosotros nos preguntamos qué está pensando la gente que todavía ve en estas ajadas personalidades políticas una opción real de gobernabilidad para el país. Tal vez, en una realidad paralela, podría llegar a entender qué es lo que generan ambos exmandatarios que a la gente le provoca ese “no sé qué” y los lleva a pronunciar sus nombres cuando Adimark o el CEP les consulta. Sin embargo, hay algo que sigo sin entender: ¿qué le pasa a este país que tiene una memoria tan malograda?

Sebastián Piñera es un hombre que a lo largo de su vida ha estado frecuentemente vinculado a casos de corrupción, malas prácticas y la generación dudosa de una fortuna de dimensiones difícilmente imaginables. Como si fuera poco, además fue el líder de un gobierno cuyos índices de aprobación jamás superaron el 50% exceptuando el oasis que le significó el rescate a los mineros y dueño de una desaprobación sólo superada por la actual mandataria. ¿Qué es, si no la mala memoria, lo que hace que el expresidente genere nuevamente simpatía en la población?

A continuación, la primera parte de “Piñera y Lagos, no los queremos de vuelta”, la dedicada al líder PPD:

Ricardo Lagos carga con el pesado mote de haber sido el primer Presidente socialista en Chile después de Salvador Allende. El mundo empresarial tuvo sus aprensiones cuando Lagos se adjudicó las elecciones tras una apretadísima segunda vuelta contra Joaquín Lavín, a quien tal vez recuerden por iniciativas como “la playa de Lavín”, “cómo hacer llover en Las Condes” y “Parque Las Nieves”, un intento casi humorístico por levantar un centro de esquí en plena comuna de Santiago.

Una vez sentado en el sillón de La Moneda, Lagos comenzó a hacer buenas migas con los altos ejecutivos. Sabía que estrechar relaciones con ellos podía ahuyentar el miedo a su gestión, pero en buen chileno, el expresidente se fue al chancho.

“Tanto Andrónico Luksic padre, como Anacleto Angelini me merecen admiración. Cuando era chico había un libro que se llamaba forjadores de Chile, y ahí figuraba José Santos Ossa y otros personajes que no salen en la mayoría de los libros de historia, donde aparecen sólo presidentes y generales. Mi percepción es que ellos son los forjadores de ahora”, afirmó Lagos en 2006 a La Tercera dando cuenta de su opinión respecto al empresariado.

Partió con un cariñito a la familia Angelini. En el marco de la agenda Pro Crecimiento –idea pactada entre La Moneda y la Sofofa, promovida con energía desde el gobierno de la Concertación-, en 2002 el Presidente Lagos envió al Congreso la “Ley Corta de Pesca” que se mantendría vigente por los próximos 10 años. Con la ayuda de su compañero Andrés Zaldivar, en ese momento presidente del Senado y accionista de la industria a través de la empresa pesquera Eperva (también de propiedad de Angelini), logró extender el dominio industrial de la pesca hacia la I y II región de Chile. La ley fue promulgada en menos de un año y medio y aumentó el valor de las acciones de Itata, pesquera del grupo, en más de un 200% en menos de 2 años.

Hay quienes se sorprendieron cuando se descubrieron casos de corrupción, tráfico de influencias, cohecho y otros cuando atraparon a nuestros políticos y empresarios con las manos en la misma masa. Lo cierto es que la práctica no es en absoluto nueva, y uno de los acontecimientos más ejemplificadores en esta materia fue el caso MOP-GATE.
El ministerio de Obras Públicas (MOP) protagonizó el escándalo pagando sobresueldos a 129 funcionarios de la empresa de Gestión Administrativa y Territorial por trabajos que jamás habían sido ejecutados. El fraude al fisco, organizado a través de la sobrevaloración de los contratos y la triangulación de dineros, fue avaluado en 1.253 millones de pesos. En el embrollo estuvieron involucrados sujetos de renombre como Carlos Cruz, titular del MOP que pasó 61 días en prisión preventiva por ser considerado un peligro para la sociedad y fue condenado a pagar una multa de 800 millones de pesos, o Héctor Peña, dueño de GATE condenado a 60 días de presidio y al pago de una multa de 777 millones de pesos.

Cómo obviar el vilipendiado sistema de transporte público de la capital, el Transantiago, una de las más grandes obras de la Concertación. Con un déficit económico permanente por culpa de un modelo de negocios calculado de forma errónea, con subsidios permanentes de parte del Estado para con las empresas privadas, con el sacrificio de la calidad del servicio de Metro para subsanar la mella proveniente de las micros y con graves fallas en su proceso de implementación, el Transantiago se ungió como el brindis con champagne para el gobierno de Lagos y la resaca del ron en bolsa para el de Bachelet.

Con micros recién fabricadas -espaciosas y con aire acondicionado-, la construcción de paraderos gigantes con diseño moderno, la implementación de un sistema de pago a través de tarjeta y la promesa de disminuir los tiempos de traslados, el Transantiago juraba cambiar el sistema de transporte público de la capital.
El día llegó y la ciudad colapsó. Y no un día. Mil. Al día de hoy aún hay cientos de miles de chilenos que lamentan la existencia de uno de los proyectos más revolucionarios de la era concertacionista.

Otro de los regalitos que heredamos de la era de Lagos fue el Crédito con Aval del Estado, un sistema ideado con el objetivo de aumentar el acceso de la juventud chilena a la educación superior (logro desbloqueado). Uno de los problemas del CAE es que fue en directo beneficio para entidades privadas, algunas –incluso- investigadas por lucrar en educación.

Aterrizando el panorama del CAE, lo cierto es que es un método de financiamiento en el que la banca privada no tiene nada que perder y en el cual los grandes beneficiados son un puñado de grupos “educacionales” de dudosa calidad (sólo el grupo Laureate ha recibido $590 mil millones por CAE). Un estudio de la Fundación Sol afirma que: “El total de recursos entregados por los Bancos entre 2006 y 2015, a través del CAE, a las instituciones de educación superior acreditadas donde se matriculan los alumnos beneficiados, es de $3,44 billones (millones de millones). Sólo cinco bancos se han adjudicado el 95 % de los créditos: Scotiabank, Corpbanca, Estado, Itaú y BCI”.
Hoy tenemos más de 700 mil estudiantes endeudados sólo producto de dicho crédito y una banca privada permanentemente recibiendo aportes del Estado. “En 2006 el CAE representaba el 2,4% del presupuesto de la partida de Educación Superior, hoy ya supera el 35% y el Fisco compromete recursos por $610.087 millones. El argumento de la escasez de recursos para a acudir a la Banca, claramente dejó de ser válido”, sostiene el mismo estudio.

Si estas, Lagos y Piñera, fueran las cartas presidenciales de ambos conglomerados políticos, en cualquier escenario los empresarios ya se frotan las manos. Saben que serán tratados con guante de seda.

Hoy, más que nunca, Natalia Valdevenito nos hace sentido con su mensaje en la Quinta Vergara: Lagos y Piñera, no los queremos de vuelta.




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