Homenaje a la Moral Distraida

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Nos gusta la Moral Distraída porque son libres, felices, desinhibidos, calientes. Escuchando Mango con Petazetas nos sentimos coquetos, movemos las caderas, le damos al punteo del perreo, pero a la vez lo hacemos con cariño, con una sensación de compañía sana. Esa ricura se siente en las tocatas, pareciera que estamos bailando entre todos, en un espectáculo en que Camilito, Abel, Guille, Camilo, Amaru, Sebastián, Javier, Eduardo, Mauricio, Pablo y todos los chiquillos nos meten en su mundo, un mundo ante todo entretenido, con baile, miradas, tallas y sensualidad. Nos gusta la Moral porque de repente nos quiebran con palabras inesperadas o frases cotidianas en medio del clímax de canciones de amor. “Y fue una mierda” aparece como una verdad tan patente en Punto Final, justo cuando la nostalgia nos hace un guiño que no se termina de instalar. Es mejor mirar pal lao y encontrar con quien mover los hombros con la torpeza propia de un chileno tapado por desiertos y montañas, y seguir adelante, sumándonos con esfuerzo al caribe presente en los coros, esos coros con grititos de Celia Cruz, Wisin y Yandel, pero también con corazón de candombe y de la cumbia más impregnada en nuestro corazón borracho de bautizos y matrimonios. Y es aquí donde aparece la paradoja. La mezcla insolente de la Moral, medio show teatral y musical, medio banda reggaetonera, salsera, cubana, uruguaya y colombiana hace sentido en el país de las rarezas, el país de la identidad indefinida, el de las personas que buscan a oscuras reencontrarse con la ausencia de prejuicios y el fin de los tabúes, el país al que le apagaron el natural crecimiento y expresión de sus cuerpos y sonidos. La Moral Distraída hoy está haciendo sentido, con más de dos años sin bajar del top ten de descargas de disco y sin la vitrina de una banda de cumbia tradicional, en el país que le abrió las puertas al reggaetón en Sudamérica, en el país de la generación que vivió la revolución cultural del ponceo a mediados de los dos mil, en el país que se puede burlar de la ridiculez lais pasándolo bien, incluso siendo lais; en el país que hoy se atreve a decir que le gustan todas y todos, donde no sólo la cosecha de mujeres, sino también la de hombres nunca se acaba. En el país de una juventud que se niega, con la Moral siempre comprometida en conciertos ciudadanos, a dejarse abatir por las leyes que hacen de la educación el lujo del mercado. Nos gusta la Moral Distraída también cuando asentimos que queremos hacerlo de día, sin complejos, viendo cuerpos reales, ricos y naturales, sin vergüenza, así como yo y tú somos. Porque la belleza no se encuentra en las tiendas, esa es una construcción social y cultural, la belleza se encuentra en la honestidad, en la firme intención, esa que se huele mirando a los ojos, de reunirse para sentir el valor de una comunidad, una que suda, mezcla y hace sin temores. Y si yo te conocí en un taxi, fluyendo al son de vientos, percusiones y cuerdas inesperadas en medio de un rapeo, sólo ten mi número telefónico para cuando te sientas sola. O solo. Vamos a bailar. Vamo a mover el bote mamá.



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