Sebastián Piñera, no lo queremos de vuelta

por Martin Espinoza C



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Las cartas ya están prácticamente todas arribas de la mesa. La realidad indica que dentro de los personajes mejor posicionados para asumir el desafío de una candidatura presidencial se encuentran, nuevamente, los expresidentes Sebastián Piñera y Ricardo Lagos.

Muchos de nosotros nos preguntamos qué está pensando la gente que todavía ve en estas ajadas personalidades políticas una opción real de gobernabilidad para el país. Tal vez, en una realidad paralela, podría llegar a entender qué es lo que generan ambos exmandatarios que a la gente le provoca ese “no sé qué” y los lleva a pronunciar sus nombres cuando Adimark o el CEP les consulta. Sin embargo, hay algo que sigo sin entender: ¿qué le pasa a este país que tiene una memoria tan malograda?
Sebastián Piñera es un hombre que a lo largo de su vida ha estado frecuentemente vinculado a casos de corrupción, malas prácticas y la generación dudosa de una fortuna de dimensiones difícilmente imaginables. Como si fuera poco, además fue el líder de un gobierno cuyos índices de aprobación jamás superaron el 50% exceptuando el oasis que le significó el rescate a los mineros y dueño de una desaprobación sólo superada por la actual mandataria. ¿Qué es, si no la mala memoria, lo que hace que el expresidente genere nuevamente simpatía en la población?

Que Sebastián Piñera no vuelva (esta es la segunda parte de un reportaje que incluye a Ricardo Lagos)

Desmenuzando el currículum del otrora honorable senador podemos percibir más de algún episodio irregular. La mayoría son de conocimiento público y masivo, pero repasarlos nunca está de más.
Siendo Gerente General del Banco de Talca, entre los años 1979 y 1980, Sebastián Piñera y la directiva de la entidad bancaria realizaron préstamos millonarios a empresas de papel fundadas por ellos mismos. Luego, las empresas beneficiadas reinvirtieron ese mismo dinero en el banco aumentando artificialmente su capital. A la postre el episodio sería la principal razón para que el Banco de Talca declarara su quiebra.

Pero eso no es todo. Evidentemente Piñera había infringido la ley, por lo que se ordenó una orden de captura en su contra. El hermano del Negro se mantuvo 24 días prófugo y luego fue tomado preso. En 2009 Mónica Madariaga, ministra de Justicia durante ese periodo de la dictadura, afirmó en una entrevista haber intercedido indebidamente ante la Corte Suprema por petición de José Piñera, hermano de Sebastián y ministro del Trabajo de Pinochet, con el objetivo de apurar su excarcelación: “Mientras fui ministra, los tribunales de justicia fueron independientes. ¡Que diga algún magistrado que yo les pedí algo! Una sola cosa pedí: La libertad de Tatán Piñera cuando estaba preso por el Banco de Talca. Yo llamé al juez que tenía la causa porque Pepe (Piñera), mi colega de gabinete, me preguntó cómo podía estar preso su hermano. El magistrado le dijo que estaban todos los antecedentes para dar la libertad, y la dio. Es el único caso en que he intervenido indebidamente”, señaló en aquel entonces.

Conocido es también el episodio que enfrentó a Sebastián Piñera y Evelyn Matthei –ambos militantes RN con aspiraciones presidenciales en la derecha- a comienzos de la década del 90’. Fue Ricardo Claro, un tipo que tampoco se ha destacado por su transparencia y recto orden ético, quien lo echó al agua en 1993 en el denominado “Piñeragate”. Nadie que tenga un caso con su apellido sucedido de un “Gate” puede ser elegido Presidente de la República de su país. Hacerlo dos veces sería pecado.

Como cada domingo, Megavisión emitía su programa “A eso de…”, esta vez con la visita del dueño de la estación, Ricardo Claro. El empresario llevaba con él la radio Kioto que haría detonar la polémica. La grabación –asumida como un espionaje- de una conversación telefónica entre Sebastián Piñera y su amigo Pedro Pablo Díaz dejaba en evidencia las intenciones del entonces senador de manipular los contenidos de una entrevista a Matthei con el propósito de ridiculizarla y sacarla de la carrera por el sillón de La Moneda. En la grabación se pueden escuchar frases del empresario como “La gracia es que trate elegantemente de dejarla como una cabrita chica, despistada, que está dando palos de ciego, sin ninguna solidez, ¿me entendís tú, o no?”. Otra jugarreta oscura que se suma al currículum del otra vez precandidato presidencial.

Sobre la incursión de Piñera en el negociado de las tarjetas de crédito no hay mucha claridad. Tampoco él ha ayudado a esclarecer los acontecimientos, por algo será. Lo cierto es que a fines de la década del 70’ el empresario sólo participaba de Bancard, empresa operadora de las marcas Mastercard y Visa, con menos de un 2% de las acciones. A mediados de la del 80’ ya era el poseedor de gran parte de la empresa que, a fines de la misma década, vendería a Transbank en alrededor de 40 millones de dólares. Además de su participación en Bancard, en 1987 funda Fincard, una empresa emisora de tarjetas de crédito que apuntaba a masificar el uso del “dinero plástico” en todos los sectores de la población. Actualmente en Chile hay más de 20 millones de tarjetas de créditos (bancarias y de casas comerciales) y un porcentaje importante de la población se mantiene endeudado gracias a ellas.

A pesar de haber utilizado a la dictadura militar como la cuna de su fortuna, Piñera se ha preocupado de hacer pública su postura opositora al régimen afirmando que para el plebiscito optó por el No. Sin embargo, ha protagonizado uno que otro episodio en los que nos ha hecho cuestionar la coherencia de su discurso. Uno de ellos ocurrió mientras Augusto Pinochet yacía preso en Londres. En una manifestación en Alonso de Córdova con Manquehue, comuna de Las Condes, mientras un avión con la leyenda “Mi General no se rinde” se paseaba por los aires a espaldas de Piñera, el magnate articulaba su discurso: “El senador Pinochet y su familia están viviendo tiempos difíciles en Londres. Y por eso merecen toda nuestra solidaridad. Esto constituye un agravio y un atentado a nuestra soberanía y dignidad. Queremos decirle al juez Garzón que lo entienda muy bien: ¡Chile ha sido es y será siempre un país libre y soberano!”. De una sola línea el hombre.

Sin duda quedan episodios por mencionar, como cuando hizo que Endesa España pagara cifras exorbitantes a los accionistas mayoritarios (entre ellos, él) perjudicando a la gran mayoría de los accionistas minoritarios de la empresa Enersis en lo que fue apodado “El negocio del siglo”. O también el involucramiento de Sebastián en el Caso Penta en el cual, según declaración de Hugo Bravo, Fundación Futuro –creada y presidida por el susodicho- habría recibido “de manera fraudulenta” 50 millones de pesos.

Hoy Sebastián Piñera se ubica en el lugar 688 de los seres humanos más millonarios del planeta y es tercero a nivel nacional con una fortuna avaluada en 2,5 billones de dólares. No podemos entender esa cifra. Tampoco podemos aplaudir mucho de Piñera. Lo que sí podemos hacer es loar la capacidad del hombre para sortear con éxito episodios dignos de película de mafiosos. Un ejemplo.

Vea aquí a Piñera en el acto pro Pinochet




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