¿Hasta cuándo, Axel Kaiser?

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

A Axel Kaiser no le basta con burlarse, también busca causar daño, provocar venganzas, mancillar la honra de los millones de chilenos que no ven dónde -cuando se levantan al alba dándose duchas con calefon que no calientan, echándose y sacándose el champú en menos de un minuto para que el gas le alcance a los hijos-están las maravillas de los Chicago Boys –los padres del Chile moderno- que hay que agradecer con un monumento. Axel Kaiser busca generar daño y odio en el cincuenta por ciento del país que gana menos de 305 mil pesos, busca tirria en los hogares chilenos que –en promedio- gastan 40 de 100 pesos en pagar deudas, cuando nos trata de malagradecidos e ignorantes por no dar las gracias a los ministros de Pinochet que privatizaron las empresas del Estado por corruptas e ineficientes. Busca, como en una afrenta borracha en medio de una fonda, que la gente se ponga a llorar o que por lo menos le devuelvan un combo, porque ¿cómo se puede hablar de eficiencia del modelo actual cuando la libertad de elegir no me permitió elegir y me mandó con mi abuelito con influenza a hacer una cola de doce horas para ser atendido en el hospital San José? ¿Axel Kaiser es derechamente malo, tonto o indolente para no considerar en su análisis los despachos de prensa desde ese hospital del norte de Santiago –un hospital para 500 mil pacientes que recibe una demanda de 850 mil-, que producto del abandono de la Salud Pública en virtud de la privada atiende a ancianas y niños en los pasillos, sentados o hasta de pie porque las 35 camas de atención y los médicos ya no dan abasto? ¿Sabrá Axel Kaiser que en el sistema público chileno faltan 3.800 médicos, la mayoría de los cuales se van a clínicas privadas porque allí ganan el doble o el triple? ¿Sabrá Axel Kaiser que en Chile los ancianos pensionados con el sistema que él denomina “el más exitoso en la historia occidental” ni siquiera tienen plata para pagar un pasaje de bus que los lleve a una clínica en donde no se hacen colas para quitar los resfriados? “–Que vayan a una de su comuna, entonces” diría el filósofo, a lo que deberíamos responder que en su Chile moderno, el de los benditos Chicago Boys, de 58 centros privados con hospitalización de la Región Metropolitana, 36 se ubican en Providencia, Las Condes, Ñuñoa, Vitacura y Lo Barnechea. Parece que su Chile, el que defiende ante los ojos de El Mercurio con textos financiados por Nicolás Ibañez –ex dueño de Líder- a través de su fundación, no es el Chile de todo Chile.

A veces Axel Kaiser nos da risa, pero esta vez causa escozor, causa rabia, provoca ganas de buscar, buscar y buscar datos que refuten su insolencia; sin embargo, hay respuestas que es mejor las den las imágenes, el llevar a Axel a una población de la periferia de noche, entre casas que parecen campamento, o encerrarlo entre las decenas de pasajes de una villa de blocks, con murales de quinceañeros muertos por balas locas, para que sienta el dolor de la brisa en comunas donde las señoras no cotizan, donde las ensaladas vendidas en la mañana a grito limpio ni siquiera alcanzan para pagar la deuda del Crédito Con Aval del Estado que dejó el hijo técnico de la familia, deuda que representa el 35% del ingreso familiar en Chile. Debería saber Axel Kaiser que en muchos casos, ese 35% paga carreras que ni siquiera se terminaron, paga la ilusión perdida, en casas desoladas por un funcionamiento diario en que la única tarea es sobrevivir, sobrevivir al abandono, la inseguridad y el crimen de cuadras y cuadras entregadas al narcotráfico y al delito propiciado por la falta de oportunidades de un país en el que si no se genera plata no se sirve, no se luce, un país donde si no se tiene plata no se surge ni se brilla, el país de la educación como un bien de consumo, como dijo Axel en su columna. El bendito Chile moderno con sindicatos a los que no se mete nadie porque es mejor negociar por fuera con un patrón que divide, un país con sindicatos de mentira en las empresas del privatizado Transantiago –obra neoliberal de continuidad de los Chicago, diría Axel-, un país en que los choferes de las micros amarran cinturones entre los pasamanos y sus cuellos para quitarse la vida, para rendirse ante un desarrollo que los adeuda de día y los escupe de noche.

No, a Axel Kaiser no le basta con burlarse, busca encono. ¿Qué más que encono y rencor podría buscar la exigencia de un homenaje a la privatización de la luz, el agua, el teléfono y la minería, en un agricultor del norte, de Atacama, un agricultor que ya no encuentra agua en sus canales para cultivar treinta lechugas? ¿Qué más que encono busca en los pescadores artesanales que no saben qué hacer en la miseria de las mareas rojas y las vedas de merluza provocadas por la voracidad industrial de los beneficiados por los ídolos de Chicago? ¿Qué más que dolor podría buscar una columna satírica de las virtudes del modelo en los habitantes de Caimanes, contaminados, o en los mineros del carbón, que con el cierre de las faenas del Estado “ineficiente” vieron partir también su dignidad?

Ahora es momento de que los mismos insultados respondan, es momento de decir basta, hasta cuándo, Axel. Cómo se puede tener tan poca sensibilidad, tan poco corazón, como para decir que las pensiones chilenas son las mejores de la historia del mundo mundial. Yo vi en la segunda marcha contra las AFP a las mujeres viejas, lentas y desoladas, lanzando rabia por los ojos mojados mientras gritaban al mundo en cartulinas grises la tragedia de 110 mil pesos tras décadas de profesorado. Yo sentí el desgarro de la voz vacía de un abuelo reclamando que el patrón lo obligó a cambiarse de sistema para hoy estar, como el 90% de los chilenos, entre los que no llegan a las 150 lucas. Yo sentí los puños al aire de los que jubilarán en diez años más para volver a ser los pobres de este palacio llamado Chile, de este sustento de alegría en un consumo pasajero.

Hasta cuándo las falacias, Axel, hasta cuando decir que ahora las empresas ya no son corruptas, dónde dejaste SQM, dónde el Caso Chispas, dónde Penta. Hasta cuándo la burla con los miserables, Axel. Hasta cuándo alabar como el mejor al modelo que permite a Matte coludirse para hacer más terrible la deuda con el precio del papel, para al año siguiente, en el primer semestre de 2016, aumentar en un 225% sus utilidades. Hasta cuándo aplaudir un sistema que con nuestros ahorros previsionales financia el 20% de las operaciones con el Paulmann gana 289 millones de dólares en este semestre, justo tres años después de estafar a casi un millón de clientes con el alza unilateral de las comisiones de sus tarjetas.

Hasta cuándo, Axel Kaiser, alabar la falacia de los pobres beneficiados con un modelo que destruye por dentro, que te calza zapatillas nuevas y te mata de a poco, de a poquito, sin remedios, en la infelicidad de la vulnerabilidad que te niegas a ver. No se puede más, Axel, no se puede.




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