Amigo institutano, que entren mujeres el otro año

por Fran Valenzuela



Sobre Fran Valenzuela

Por Fran Valenzuela

Marina tiene 11 años. Ella es la mujer más valiente de este año en Chile. Quizás no lo sabe, pero en ese pequeño corazón feminista se está enfrentando a 203 años de tradición institutana y a, aproximadamente, 400.000 años de patriarcado -como me contó un amigo historiador-.

Ella, siendo muy pequeña, sintió ese malestar que genera la injusticia de que te cierren las puertas o te discriminen sólo por ser mujer. Sin haber leído teoría feminista, le hizo sentir a Chile el sexismo de su educación y de los muchos otros privilegios que se construyen en el ámbito educativo, más allá de la variable socioeconómica. Marina, sin saberlo, nos enseñó una lección de feminismo: habló de derechos e igualdad interpelando a una institución que, jactándose de ser una de las mejores del país, hoy le niega la entrada.

El Instituto Nacional abrió sus puertas por primera vez en 1813, bajo el gobierno de José Miguel Carrera. Tal como su sitio web lo indica, es el establecimiento más antiguo de Chile, cuna de la educación pública chilena y uno de los pilares fundamentales de la República. En sus dependencias se gestaron importantes transformaciones culturales y educacionales. A 203 años de su existencia, el Instituto Nacional jamás ha abierto las puertas a una mujer. Si bien en 2013, el Centro de Estudiantes de ese año manifestó la importancia de admitir mujeres, nadie tuvo noticias sobre resoluciones que cambiaran la normativa de admisión.

Parece increíble, pero ¿Cómo es posible que una institución que dice ser la cuna de la educación pública tenga una base de discriminación tan profunda? Nadie analiza mucho al respecto, pero lo cierto es que en Chile nacer con pene o vagina determina muchas cosas en tu vida, incluyendo si puedes o no acceder a determinados establecimientos educacionales.

Yo, tal como Marina y muchas otras mujeres de este país, escuchamos alguna vez que el Instituto era uno de los mejores liceos de Chile, pero también nos hicieron saber a temprana edad que, sin importar cuánto nos esforzáramos o cuánto deseásemos entrar, jamás podríamos hacerlo, simplemente porque nacimos mujeres. Lo mismo ocurre con muchos niños que nunca podrán elegir liceos en los que sólo se admiten niñas.

Marina no lo sabe, pero su carta desempolvó reflexiones sobre la educación que siempre quedan postergadas por otros temas que parecen “más importantes”, tales como la variable socioeconómica y el hecho de que en Chile la plata determina si tu educación es digna o no. Sabemos que son temas importantes, pero ¿qué pasa con el caso de Marina? ¿Qué es lo que realmente devela esta carta? Casi como un ABC de la educación no sexista, una niña de 11 años levantó la voz para recordarnos cosas que en esta columna creemos pertinente recapitular.

La división por sexos en establecimientos educacionales nace de la premisa de que hombres y mujeres no tenemos las mismas habilidades y/o roles sociales, por lo que nuestra educación debe ser diferenciada. Estas escuelas, liceos o colegios son un homenaje a la tradición, a reforzar los estereotipos que cada día crean desigualdad de género en la sociedad. Así, se crearon instituciones sólo para niños defensores de la patria, futuros profesionales y políticos, mientras que se hicieron otros sólo para niñas futuras dueñas de casa y madres. Aquí resulta interesante destacar la premisa inicial del actual Liceo 1, en su época “Instituto de Señoritas de Santiago” que afirmaba “formar futuras madres de familia y no prepararlas para seguir una carrera o profesión, siendo condición indispensable para su ingreso al plantel, que pertenecieran a familias honorables, aristocráticas y acomodadas”.

El sexismo en la educación tiene múltiples aristas, no sólo se encuentra en el hecho de que muchos establecimientos dividen por sexo al momento de admitir estudiantes, sino que también toca temas de contenidos, relaciones entre estudiantes, e incluso mal manejo de situaciones a nivel interno.

Marina apela a la igualdad, por eso y en homenaje a sus palabras, acá va un pequeño listado de los sexismos que podemos encontrar, además de la segregación por sexo en instituciones:

1) Invisibilización de las mujeres en los contenidos educativos: Este punto lo podemos resumir de forma muy simple, ya que cuando se trata de la historia, ciencia u otras disciplinas, somos técnicamente inexistentes en los libros que usan para enseñarnos.

2) Inexistencia de protocolos ante situaciones de agresión/acoso sexual: Muchos establecimientos prefieren omitir opiniones y/o acciones ante casos de abuso, aunque la agresión haya sido cometida al interior del establecimiento ó entre miembros(as) que estén relacionados a la institución.

3) No hay derechos sexuales y reproductivos: En muchos establecimientos no se proporciona información adecuada sobre estos temas, negando el derecho a una sexualidad saludable y responsable.

4) No hay políticas adecuadas de integración o de información sobre grupos LGBTI: Basta con recordar las denuncias por bullying o discriminación a niños(as) y/o jóvenes trans.

5) Prácticas docentes que fomentan desigualdad: Este punto es más complejo, ya que sabemos que existen docentes que tienen un accionar muy inclusivo, sin embargo y tristemente no son todos(as). Un ejemplo de ello son los estudios que demuestran que es recurrente que se valide más la opinión de los niños que de las niñas en el aula. También es común que se refuercen habilidades según género, de allí obtenemos cifras tales como las de UNESCO que afirman que niñas y niños rinden igual en matemáticas hasta cuarto básico, sin embargo ellas a esa edad ya dicen ser peores, cuando en realidad no lo son.

El listado es largo y siempre podremos reflexionar sobre otras dimensiones en las que el sexismo se hace presente en la educación. Durante este año hemos sido testigos de diversas acciones en las que los(as) mismos estudiantes han hecho patente demandas por una educación con igualdad de género. Vale la pena recordar las estudiantes del Liceo 1 que denunciaron sexismo en los gritos de manifestación de estudiantes del INBA y que a todo pulmón gritaron por las calles de Santiago “ALERTA, ALERTA, ALERTA MACHISTA, QUE TODO EL TERRITORIO SE VUELVA FEMINISTA”.

Hoy Marina, de tan sólo 11 años, es quien nos da una lección de igualdad y empoderamiento de nuestras niñas. Sería lindo que Chile la escuche, que el Instituto le de la misma oportunidad que le dio a su papá, que sus palabras no las olvidemos nunca y las podamos hacer realidad: “Tanto hombres como mujeres somos iguales en una manera intelectual, no inferiores ni superiores, sino que iguales”.



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