El trágico destino del Cobre, el sueldo de Chile

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Mientras los chilenos nos seguimos riendo de Donald Trump, como creyendo que las barbaridades que habla el magnate gringo están lejos de un país decente como el nuestro, en Chile se sigue cosiendo, con cada día que pasa, un bozal en las bocas de nuestro desarrollo, el bozal de la Ley Reservada del Cobre, ideada por Pinochet para saquear al Estado, impedir la inversión del “sueldo de Chile” en derechos y equidad, y constreñir a la empresa pública para que hoy salvadores como el UDI Ernesto Silva recomienden que llegó el momento de privatizar. La Ley Reservada del cobre -que destina el 10% de las ventas de Codelco a las Fuerzas Armadas- es un bozal perfecto que propicia un círculo vicioso: el de Codelco obligado a endeudarse para funcionar -en las últimas cuatro décadas la empresa más importante de Chile se ha encalillado en diez mil millones de dólares, mientras que sólo desde 1995 a la fecha el Ejército, la Armada y las Fuerza Aérea se han quedado con 17 mil millones de dólares de las exportaciones de la estatal-, el de Codelco impedido de recapitalizarse para dar más vida útil a su explotación –el Gobierno aprobó una recapitalización de 600 millones de dólares en 2015, lo que no se ha podido realizar porque, por la Ley, sólo durante la primera parte de 2016 se tuvieron que mandar 529 millones de dólares a las Fuerzas Armadas, lo que representa el 93% de los aportes de Codelco al Fisco-. Luego, es fácil para los gobernantes decir que no hay plata para la gratuidad educacional, que no hay un puto peso para construir nuevos consultorios en comunas como San Bernardo, donde espacios diseñados para treinta mil pacientes están llegando a los cincuenta mil.

¿Este es el sueldo de Chile? ¿Para esto es el legado de una nacionalización que costó tantos muertos? ¿Para satisfacer el descontrol de funcionarios corruptos que en un par de años le robaron a la producción de nuestros mineros 5.500 millones de pesos, sin el control de nadie, para jugar en un casino? Hoy, cuando diez años después algunos se dan cuenta que el Crédito con Aval del Estado es un error, que es estúpido endeudar por treinta años a cabros esforzados para que después el Estado compre la deuda a los bancos, generándoles el doble de ganancia y el doble de gasto a un Fisco que con esa plata podría dar gratuidad; son muchos los que se dan cuenta de la estafa a Codelco, desde todas las bancadas políticas se asume que si no se deroga la Ley, Codelco está destinada a ahogarse y disminuir. Bueno sería, eso sí, que no tarden diez años más en darse cuenta que el problema no se acaba con esta derogación, porque mientras el país debe escuchar al General Oviedo decir que gracias a esta Ley se mantiene la paz, la minería privada, esa permitida por las concesiones mineras creadas por la mente –otra vez- de José Piñera para hacer crecer las utilidades de millonarios chilenos y extranjeros, se sigue expandiendo, copando hoy el 70% de la producción total –según Manuel Ahumada, presidente de la Confederación de Trabajadores del Cobre-, pagando impuestos que son una burla –en 2015 las mineras privadas tributaron por Royalty apenas 89 millones de dólares, representando el 0,8% del total de impuestos pagados en el país, muy lejos de, por ejemplo, el impuesto específico al tabaco (3,5%) y combustibles (5%)-, y dejando a Codelco exhibiendo orgullosos comunicados para informar que en 2013 se redujo a apenas el 28,3% el porcentaje de trabajadores del total de la industria que se desempeñan en la cuprífera estatal. Orgullosos de achicarse, copando espacios con trabajadores subcontratados y enfermando de los nervios a obreros a quienes se acusa de producir menos cuando los datos aclaran que cada trabajador de Codelco produce entre 24 a 29 toneladas métricas de cobre fino al año, lo que equivale a siete millones de pesos mensuales. Presión que ha provocado aumentos en los accidentes laborales, llegando a tener en el último tiempo 16 accidentes fatales. Así se cierra el círculo vicioso perfecto: constreñir, asfixiar, usar los medios para una política del terror que llame a la inversión privada y, finalmente, dañar la calidad de vida de los trabajadores, siempre los más perjudicados: “Con la política de terror se está jugando con la vida de los trabajadores”, afirma Manuel Ahumada.

Hoy la Ley Reservada del Cobre, esa a la que El Mostrador le encontró una cláusula secreta que obliga al Fisco a llenar –con plata de donde sea- un piso de 90 millones de dólares anuales, tendría sus días contados. Pero terminar con este bozal al desarrollo del pueblo chileno, de la expansión de derechos tan vitales como la salud o la educación, no va a acabar con el problema mayor, el de nuestro principal recurso estratégico, un recurso no renovable y cuya extracción es siempre dañina para el medio ambiente, entregado a manos privadas que sólo concentran la riqueza y hasta se la llevan al extranjero. Mientras, que los corderitos nos sigamos descrestando en las calles, recibiendo lumazos y chorros de guanaco por exigir al Estado, a nuestro Estado, renacionalización, que deje de regalarse a los mercaderes que después hablan por los diarios, –Luksic, el mayor empresario minero local- recomendando más orden para un país que amenaza con irse de las manos. Su país, de sus manos. Porque el sueldo de Chile hace rato que no es de Chile.



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