Homenaje a Bob Dylan: más que un poeta

por Jerónimo Díaz



Sobre Jerónimo Díaz

Por Jerónimo Díaz

Ayer Bob Dylan se adjudicó el premio Nobel de literatura, y la opinión de la gente parece estar dividida. Hay quienes se alegran por el reconocimiento del artista y su larga trayectoria, mientras que otros se quejan por los más diversos motivos: que no escribe poesía sino canciones, que el Nobel se lo merece Haruki Murakami o, derechamente, que no amerita el galardón. Y bueno, ¿lo merece?.

Bob Dylan irrumpió oficialmente en la escena musical el año 1962, con su disco debut homónimo. Antes de eso, había impresionado en festivales de música folk, no por su voz (descrita alguna vez por David Bowie como “una voz de arena y cola fría”) ni por sus habilidades con la guitarra y armónica, sino por su increíble habilidad a la hora de contar una historia. La destreza poética que demostraba este mozuelo de apenas veinte años no dejó indiferente a nadie. Luego de un par de años Dylan se había convertido en la referencia mundial de la música folk, idolatrado por jóvenes de todo el mundo.

Pero Bob Dylan no se limitó sólo a hacer música y poesía; sus primeros discos rebalsan de contenido político y social, inspirado directamente por músicos estadounidenses comunistas como Woody Guthrie o Pete Seeger. The Times They Are A-Changin’ (1963), su tercer disco de estudio, gira alrededor de la protesta social, los derechos de los afroamericanos y la miseria de la clase trabajadora americana. Sin embargo, la reticencia de Dylan a ser clasificado en un sólo género o estilo lo llevó a dar un vuelco radical en su obra, que culminó en la publicación de sus tres discos más importantes entre 1965 y 1966.

En estos álbumes, abandonó la guitarra acústica, armónica y la protesta social explícita y abrazó la banda de rock, la chaqueta de cuero y la poesía altamente simbólica y crítica pero críptica. Desde reflexiones existencialistas hasta canciones de amor, su obra del período dorado merece el más alto reconocimiento por parte de la comunidad literaria. Bringing it all back home (1965), Highway 61 (1965) y Blonde on Blonde (1966) son clásicos de la música popular y literatura mundial y hasta el día de hoy demuestran ser tremendamente influyentes e innovadores.

Ya desde los años 70 en adelante su producción no fue la misma de la década anterior, pero aun así dejó joyas como el disco Blood on the Tracks (1973), un lamento de amor que cualquiera que tenga el corazón roto debería escuchar, o la canción Hurricane (1975), sobre el boxeador Rubin Carter, injustamente condenado de asesinato y eventualmente liberado gracias al perfil público que su caso adquirió luego del tema publicado por Dylan.

Y para quienes todavía creen que su poesía es mediocre y no merecedora del más alto galardón que puede recibir un poeta en el planeta, alégrense. Alégrense porque este premio no es sólo un reconocimiento a un artista; este premio representa la admisión de la academia tradicional a que la poesía no solamente se hace escribiendo y publicando volúmenes, sino que también se puede cantar y representar de diversas formas. En unos años más podríamos estar viendo a artistas de los más diversos ámbitos siendo reconocidos por su trabajo literario, independiente de que sean músicos, escritores, dramaturgos o simplemente oradores. Porque la poesía no nació con los escritores, nació de los rapsodas, que eran analfabetos y solamente cantaban o declamaban la sabiduría popular de pueblo en pueblo, manteniendo vivo el espíritu de sus respectivas culturas.

“And I try to harmonize with songs 
The lonesome sparrow sings”

Como un gorrión solitario, Dylan sigue cantando y sigue conmoviendo a todos sus oyentes.




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