Haz estallar las piedras con tu voz, Camila Vallejo

por Arolas Uribe



Sobre Arolas Uribe

Por Arolas Uribe

 

Hay que tener coraje para ser Camila Vallejo. Hay que tener coraje para ser mujer, ser de izquierda, ser atea y ser feminista, en un país facho, que celebra las fiestas patrias con un día de te deum y otro de glorias al ejército, que tiene partidos confesionales que frenan cualquier reforma decente, que le prohíbe a las niñas abortar si las violó su papá o su abuelo, que sospecha de cualquier liderazgo que no sea tradicional.

El pecado de Camila Vallejo es ser inteligente y competente, mucho más que varios hombres del Congreso. Y peor: su mayor pecado es ser bonita. Porque en este panel de hombres machistas que es el mundo, a las mujeres se les enseña a ser una cosa u otra. Y Camila Vallejo es la rebeldía y la belleza.

Hay belleza en Camila Vallejo dirigiendo la Fech y el movimiento estudiantil, hablando de política, debatiendo en el panel de hombres que siempre fue Tolerancia Cero, en un país que esconde a sus mujeres, que las relega a lo doméstico, que no las deja liderar, que las interrumpe cuando hablan. Hay belleza en Camila Vallejo llegando al Congreso, levantando el puño izquierdo y ocupando un escaño en ese parlamento mezquino donde sólo el 16% son mujeres. Hay belleza y lucidez en esa columna que publicó en The Clinic para el día de la mujer de este año, que dice: “Quien pertenece a un pueblo originario será discriminado, pero lo será doblemente si además es mujer; quien pertenece a la clase trabajadora será explotado, pero lo será doblemente si además es mujer”.

Camila Vallejo tiene la garra de Gladys Marín y la dignidad de Violeta Parra. Es la mujer que necesitamos muchas mujeres. Que siga removiendo el agua podrida de Chile. Que no la derrote el machismo del Pastor Soto diciéndole callejera. El de Gumucio, argumentando que está en el Congreso por su aspecto físico. El de Edo Caroe, tirando ese chiste fome y horrible en el Festival de Viña sobre ella y Giorgio Jackson. El de LUN, publicando esa portada asquerosa que la acusaba de no haber querido bailar la colita. El de Chile, evaluándola mal en las encuestas porque Camila Vallejo no sonríe, es seria, es real y hace rato que se desprendió del mandato conservador que obliga a las mujeres a complacer.

Camila Vallejo hace la política que necesitamos, empujando políticas públicas en el Congreso y recordando que lo personal es político, mostrando que remover ese “en nombre de Dios y la Patria” es tan relevante como aprobar el aborto. Porque en la bisagra de lo macro y micro político todo está conectado.

Sigue hablando, que nadie te calle ni te intimide. Haz estallar las piedras con tu voz, Camila Vallejo.




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