Por mi hermana, por todas, marchemos hoy

por V.M.G



Sobre V.M.G

Hace días leí en titulares “El ‘aberrante’ caso del empalamiento de una niña Argentina”, todos los medios ocupaban la palabra empalar. Significa que fue torturada, atravesada y penetrada por tres hombres hasta que no resistió, Lucía Pérez, de 16 años, murió de un paro cardíaco cuando era sometida a esas aberraciones. Una niña.

Leer esa historia me hizo recordar lo que vivimos como familia, aunque un tío me dijo, “Agradezcamos que no la mataron”. Mi hermana de 18 años fue violada por su mejor amigo del colegio, el que iba a tomar té a la casa y estaba presente en las fotos familiares. La violó luego de una fiesta camino a mi casa, después de agredirla, le dijo “Soñaste lo que pasó”, “No le des tanto color, yo he hecho cosas peores y nadie se ha enterado” y por último “Si le cuentas a alguien me vas a arruinar la vida”. El peligro para las mujeres muchas veces está bajo el mismo techo o en sus mismas redes de amistades.

Los violadores, en su mayoría, no padecen trastornos psiquiátricos, son sujetos normales. No violan por gratificación sexual, sino por abuso de poder.

Él fue formalizado por el delito de violación en grado consumado, pero fue dejado en libertad por su irreprochable conducta anterior. Está libre. Mi padre llamó ese mismo día para saber cuándo sería la audiencia, y le dijeron que esperara, por lo menos 20 días porque no tenían información.

Aún seguimos esperando. Un vecino anoche me dijo “Se echan a un par de minas y queda el cacareo”. A él, que tiene una hija, le digo: ¿sabes lo que se siente levantarse en la mañana y pensar que la torturaron -porque sí es una tortura-, pensar que gritó y no estuviste ahí para protegerla, vivir sabiendo que quien la violó se burló de ella cuando estaba herida y pedía ayuda, de que sangró y tuvo mucho dolor por días, que tuvo que exponer su cuerpo desnudo ante médicos y que, cuando denunciaba, el funcionario de la PDI le preguntaba “¿estás segura? ¿Alguna vez le hiciste creer a él que te gustaba?”? ¿Sabes lo que se siente esperar dos años? porque eso es lo que tarda un proceso judicial.

No quisiera exponer esto. No quisiera relatarles esto, pero es así. Sé que no es sólo nuestra historia, y en medida que deja de ser propia se hace colectiva. Es importante que existan consignas, sobre todo al movilizarse, hay que aunar voluntades tras un objetivo para hacerlos a todos participes del mismo problema. Espero que hoy seamos muchas, muchos, y que no tenga que morir otra más. A mi hermana, el compromiso de seguir día a día buscando justicia.

Atte. V.M.G.



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