Tengo miedo

por Felipe Vega Leiva



Sobre Felipe Vega Leiva

Tengo miedo. Declaro el miedo de perder a las mujeres que amo cada vez que sus tacos o zapatillas se alejan de mí, abriéndose paso en una ciudad que hace más de cuarenta años prometió que el hombre libre y nuevo algún día abriría las grandes alamedas, y a la fecha ese hombre, esos hombres que prometieron hacer patria en los escombros de un país acaecido por la violencia del Estado, esos hombres que se callan y se mofan, esos hombres que piropean y que manosean como quien tantea una palta madura, no han hecho más que reafirmar sus privilegios.

Tengo miedo de perder a mi madre, a mi hermana, mis amigas, mi sobrina y a mis estudiantes a manos de la tiranía machota que empala vírgenes a merced de su calentura. Tengo miedo de que el fuego deje de ser metáfora de un amor irracional, y se vuelva un arma letal no de amor, sino de odio contra el cuerpo imberbe de una menor que nada tiene que saber de libido. Tengo miedo de que se nos vayan las nuestras porque a esos hombres se les da la gana.

Tengo miedo de algunos hombres. De esos hombres que se incomodan cuando alguien dice feminismo. Tengo miedo y rabia de tanto baile folclórico y saludo a la bandera, huasos atrincherando chinas, y silenciándose ignorantes ante la aberración hacia niñas que contra su voluntad, perdieron la posibilidad de amar hasta incluso perder la posibilidad de soñar: hasta incluso perder la posibilidad de saber lo que es vivir.

Tengo miedo y asco por esos hombres que se asustan cuando una mujer tiene voz. Tengo asco de ser tachado como un igual a los misóginos que me rodean en el metro, en la calle y en mi trabajo. Tengo miedo de que las voces de las mujeres se acallen con una cachetada porque al varón de turno se le plantó la gana, volviendo a la retina de su memoria la historia violenta con la que fue criado y que decidió reproducir.

Tengo miedo de esos hombres.

Tengo miedo de ser hombre y abusar sin darme cuenta. Tengo miedo de esta sociedad en la que creí tantas veces. Tantas veces como voté por algún partido, así tantas veces como comulgué expiándome de mis pecados de niño cochino. Tantas veces como califiqué a mis queridas estudiantes con un número que marcaría su vida y determinaría en el futuro que por muy inteligente que fuera, mujer se quedaba como para andar rogando sueldos iguales.

Tengo miedo de ser lo que odio. Tengo miedo de ser machista. Me aterra la posibilidad de pisarme los zapatos. No vengo hablar por la boca de nadie. Conozco a mujeres de voces sencillas y de voces aguerridas, de cuerpos indómitos y cuerpos sutiles. Conozco mujeres que amo, y otras que solo conozco. Conozco a tantas mujeres que no logro sonreír con el chiste corto que las invalida como un iguales a mí. Conozco a tantas mujeres inteligentes y valientes que he llorado sólo por saber que existen a mi lado. Conozco también a mujeres que no son tan valientes, que no han podido serlo porque a la vuelta de la esquina un piropo. A vuelta de la esquina un manoseo. A la vuelta de la esquina violación. A la vuelta de la esquina muerte.

Tengo miedo de ver crecer a mi sobrina en una sociedad como esta. Tengo miedo de su adolescencia, de que se enfrente a jóvenes que naturalizan la violencia y convierten un golpe y un empujón en pan de cada día. Tengo miedo de que esos jóvenes que perpetúan la violencia como estilo de vida, y que hoy en día son mis estudiantes (afortunadamente los menos), sigan creando una sociedad donde las mujeres que vengan sepan que camino a sus casas, por muy de memoria que conozcan la ruta, está latente la posibilidad de ser violentada.

Tengo miedo de que nuestra tierra no cambie.
Tengo miedo de que la vida se nos apague y no veamos nuestros sueños.
Tengo miedo por las mujeres que amo.
Tengo miedo de esos hombres.
Tengo miedo de esos hombres.
Tengo miedo de esos hombres.

Dedicado a todas las mujeres.




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