Amigo, está muy mal ese chat de hombres donde traficas machismo

por Arolas Uribe



Sobre Arolas Uribe

La misma semana de la marcha por #NiUnaMenos, supe que en una organización política que respeto caleta (y que se dice de izquierda) hay un chat sólo de hombres donde se trafica machismo. Donde se comenta lo ricas que están algunas compañeras. Donde se demuestra la masculinidad llenándose la boca con el aspecto de las mujeres, en secreto y complicidad. Esa misma semana, en mi pega, que es una organización de derechos humanos, caché que pasa lo mismo. Y pregunté un día, en el almuerzo, enojadísima: ¿tienen un chat sólo de hombres donde se trafica machismo? Y medio en hueveo y medio en serio, me dijeron que sí. Eso fue lo último para que el corazón se me fuera a la mierda.

No tengo nada en contra de que haya chats o grupos de whatsapp sólo de hombres. El problema es cuando se vuelven rincones para reproducir y potenciar esa masculinidad tradicional y violenta que se construye denigrando a las mujeres, a lo gay, a lo trans. No es que se envíen mensajes diciendo eso explícitamente, sino que es un discurso soterrado en las bromas homofóbicas o en comentar el aspecto físico de una compañera o mandar fotos filtradas de alguna famosa que se distribuyen sin su consentimiento o enviar fotos de minas en pelota en general.

En mi oficina igual hay espacio para el feminismo. Los cabros hacen preguntas. Escuchan. Pero ese día, en el almuerzo, reaccioné tan enrabiada, que uno de ellos se cabreó. Ayer, después de varios días, nos sentamos a conversar. Me dijo que le había dado lata que pasara del tono pedagógico que uso siempre a uno agresivo, porque en esa rabia sintió que yo lo metía en el mismo saco que los violadores y los femicidas. Y que, además, nosotras también tenemos chats sólo de minas.

Y yo respondí: primero, no es que meta a toda la gente en el mismo saco, obvio que no es lo mismo un acosador callejero que un amigo que huevea por whatsapp, pero todas esas prácticas sí constituyen machismo. Y en el continuo de violencia, todo alimenta al patriarcado.

Después le dije que sí, en los chats de minas a veces circulan fotos de García Bernal. Pero acá no se puede jugar al empate. Un acto de violencia es mucho más grave dependiendo de quien lo ejecute y será más dañino dependiendo de quien lo reciba. En esta sociedad no es lo mismo vivir como hombre que como mujer, porque lo masculino es hegemónico, los hombres ostentan privilegios, acumulan el capital y el poder político. Entonces es más grave una agresión de parte de un hombre-adulto-blanco-hétero contra cualquier persona que escapa a ese canon: mujer, pobre, indígena, trans, gay. Políticamente hablando, no es una batalla entre iguales, sino entre personas que no gozan del poder de igual forma en la sociedad.

Además, como grupo dominante, contribuyes a replicar estereotipos nocivos, estereotipos que tú, por tu privilegio, raras veces padeces.

El capitalismo no sólo explota la tierra, también explota los cuerpos de las mujeres como objetos de consumo. En todos lados se trafican nuestros cuerpos. Para vender cervezas, celulares o películas. Son usados entre amigos para validarse entre ellos como machos. Y así, una y otra vez, en público y en privado, nos reproducen primero como objetos y después, muy después, como sujetos.

Un grupo es dominante en tanto pueda asegurar a sus herederos. Las masculinidades funcionan así. Los hombres confían en otros hombres. Aprenden que las minas son cosas que se trafican por whatsapp. Y eso, a la larga, perpetúa la exclusión de las mujeres en espacios de toma de decisión que hoy están secuestrados por varones. Las mujeres son el 51% de la población y sin embargo el 96% de las gerencias más millonarias de Chile las dirigen hombres y más del 80% de los parlamentarios son hombres.

Es verdad que no es lo mismo un chat estúpido que una violación en grupo, pero que esa actitud chica, mezquina, del chat sólo de hombres o del comentario idiota en un asado, es parte de un circuito de violencia y de machismo, de una cadena con eslabones en distintas dimensiones y que es clave cortarlo en algún punto para que el engranaje deje de funcionar. Porque de una forma sutil pero profunda ese grupo de whatsapp machista igual alimenta la desigualdad.

Mi amigo estuvo de acuerdo. Yo también con su crítica sobre la agresividad. Supongo que siendo feminista, el rol educativo viene con el paquete. Nos pedimos disculpas mutuas. Al final, me aseguró que ese chat no es tan así. Le creo. Dijo: ojalá lo vierai, en realidad nos dedicamos a puro hacernos bullying. Y yo altiro pensé en la violencia entre hombres como forma de camaradería. Pero eso, quizá, lo conversemos otro día.




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