Piñera, el vende Patria

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

La mayor miseria que deja la antipatriótica jugada de Piñera, que con su inversión en una pesquera peruana antes y después del fallo de La Haya se hará más rico explotando los pescados que antes eran chilenos y que ahora son peruanos, es el sentirse tontos, títeres, estúpidos defensores de una bandera, alentando a nuestro Presidente en la defensa de un mar que creíamos nuestro para después comprobar que tanta pasión, discusiones y hasta xenofobia llevada a combos en algunas ciudades del norte no tenía más sentido que el de sustentar un circo, el circo de hacernos creer que algo de lo que Chile y Perú estaban peleando nos pertenece. Da vergüenza que no se venga el país abajo, que no se provoque una manifestación nacional, al conocer que nuestra máxima autoridad, el mismo que en el puro 2012 aumentó en cien millones de dólares su fortuna –siendo Presidente- y que hoy defiende con garras y dientes su nueva candidatura, engañó a todo un país, como el buen inversionista que es, moviendo las fichas de sus capitales no incluidos en su fideicomiso ciego, a través de una compañía en la que su propia hijo tomaba decisiones. “No sabía”, dice. Já, como si al caso importara. Es simple, Sebastián Piñera, siendo Presidente de la República, invirtió sus capitales a través de una de sus compañías en una pesquera peruana que se benefició con la derrota del mismo país que ese Presidente tenía que defender. Desquiciado. La soberanía de Chile perdió, el pueblo pescador de Arica perdió, pero Piñera, junto con Perú, ganó. Plata ganó.

Todavía recuerdo las hordas de pobres y tristes cabros chilenos que se creían nazis en la Catedral en enero de 2014, envueltos en decenas de banderas y gritos antiperuanos; “Chile para los chilenos”, decían los idiotas mientras Piñera adquiría el 9,1% de Exalmar, la segunda pesquera más importante de Perú y la que más beneficios de explotación tendrá con los 22 kilómetros de costa que ganó el país vecino, porque la ganada es una zona que por concesión les pertenece. Todavía recuerdo a los automovilistas que pusieron banderines en los vidrios, los que dijeron en tantos bares “les vamos a ganar a estos peruanos culiaos”, ignorando que los únicos beneficiados en este litigio comercial iban a ser los grandes inversionistas, los mismos que a la vez controlan el poder político de ambos países; porque PPK, el nuevo presidente de Perú, curiosamente también era director de la misma empresa Exalmar cuando Piñera hizo todas sus operaciones. PPK, ayer socio comercial de Piñera, mañana quizás rivales y colegas en un tribunal o una cumbre internacional, haciendo la mímica de la representación del pueblo mientras sus cuentas bancarias siguen y siguen creciendo, moviéndose al mejor postor, usando información que pocos tienen, apretándose la guata de tanta risa viendo a los nacionalistas marchando a puntos limítrofes, límites que en sus cambios sólo indican cuál empresario gana y cuál pierde. Hoy Piñera ganó, el que el próximo año le va a pedir el voto, ganó. Ganó la plata de la venta de unos peces por los que usted izó la bandera siguiendo un fallo ingrato desde su casa. Ayer decíamos que quien ganara en La Haya daba lo mismo, porque el mar de Chile es de siete familias. Bueno, hoy sabemos que es de ocho familias, aunque una de esas familias gozará de su parte de mar con los colores del Perú. Es la familia de Piñera, el que dice que no hay plata para gratuidad universal en la educación, pero que a la vez evade impuestos -que podrían servir para eso, o para no concesionar los hospitales- depositando su fortuna en paraísos fiscales. Es Piñera, el vende Patria.




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