No tenemos cara para criticarte, Fidel

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Fidel no habrá construido un país en el que en un mes podemos comprar unas zapatillas Reebok y al otro unas Nike, pero tampoco construyó uno en el que esas mismas compras se hacen al mismo tiempo en que un ser humano se suicida y todo sigue como si nada, con los vendedores del mall anunciando las ofertas mientras la policía cubre un cuerpo destruido antes que los clientes indiferentes sigan sacando fotos para burlarse en sus redes sociales. Desde la precariedad de un país pobre, Cuba, Fidel jamás permitió que en su tierra reinara la normalidad de la muerte, de la violencia, la normalidad de los balazos sonando a esta hora en las poblaciones de Pudahuel y San Bernardo, ni la irrelevancia de la vida, como se asume la existencia con tanta frialdad, todos los días en los ocultos guetos de pobreza de Chile, aquí en la Patria en que supuestamente vibran los derechos humanos, en sintonía con los gráficos de crecimiento de nuestra economía ¿Derechos? ¿Humanos? ¿De qué tipo de humanidad estamos hablando? ¿De la de mujeres mapuche pariendo engrilladas? ¿De la del Estado concesionando el cuidado de niñas como Lissette, una de las doscientas diez criaturas muertas -desde el 2005- al cuidado de este país garante de democracia? No, que no nos venga Felipe Kast a enrostrar el orgullo de odiar a Fidel. Que no venga a hablar de sanidad de democracia el que legisla gracias al aporte reservado -en un 99%- de incógnitos empresarios. Que no dispare a la memoria de la revolución más inspiradora de los rebeldes de América el que exige dejar de pedir derechos para preocuparnos de más deberes, el que vota en contra de la despenalización del aborto para luego ir a meterse oportunistamente a la marcha #NiUnaMenos, resultando expulsado por evidente inconsistencia.

¿De qué derechos humanos hablan los catedráticos de la moral democrática chilena? ¿Del derecho a la educación de un estudiante de la Universidad de las Américas, quien tiene que pagar casi hasta para ir al baño en beneficio de una transnacional que declara violar la ley reconociendo lucro? ¿Hay derecho humano, está viviendo el derecho humano de la educación en ese cabro de dieciocho años que tiene que trabajar limpiando caca en el McDonald’s para pagar lo que no le cubre el Crédito con Aval del Estado, que además lo dejará endeudado por quince años más? ¿Hay derecho y humanidad –en el más profundo sentido de la palabra- en los niños discapacitados que tienen como único recurso prestar sus cuerpos en tratamiento promocionando las virtudes de un papel confort coludido, de un aceite y una Bilz y Pap, para asegurar la atención de aquí al próximo año? ¿Hay dignidad en un país que se toma de la mano en cadena nacional para reproducir el aplauso de 80 mil personas, en la Teletón, a Andrónico Luksic, el empresario que limpia su imagen de inversionista contaminante de agua donando a la salud de los chilenos menos del uno por ciento de sus utilidades anuales? Me temo que no.

Cuba no es el paraíso del socialismo en la tierra, está llena de dificultades potenciadas por el criminal bloqueo económico de Estados Unidos. En muchos aspectos Cuba es menos desarrollado que Chile, pero lo que no podemos desconocer desde acá, desde el país que –como dijo @rectaprovincia– depende de completadas y bingos para costear tratamientos de cáncer, es el sentido de amor por la humanidad que atraviesa cada eslabón de la vida de un cubano. Son los eslabones de amor que convirtieron a sus médicos en los primeros en hacerse presentes con dos hospitales de campaña en el Chile terremoteado de marzo de 2010. Chillán y Rancagua no los olvidan. Cómo los van a olvidar en Rancagua, si se quedaron casi un año reduciendo la lista de espera con un trato cercano que sorprende, lejos de la idea del doctor-dios que a veces nos hace, en el país de las isapres, enfrentarnos con miedo a la medicina. Es la misma humanidad que llevó a Cuba a formar veinte mil médicos latinoamericanos de forma totalmente gratuita, proceso iniciado en 1998 que devolvió a setecientos chilenos a trabajar a la salud pública que celebra como gracia la incorporación de un par de patologías al Auge.

Es el amor que les reconoce la ONU, con la admiración a su conversión –contando con un PIB similar al de la pura comuna de Vitacura- en la nación con menor desnutrición y analfabetismo de América, en la primera Patria del mundo en cortar la transmisión del VIH de una madre a un hijo, y en la primera en mandar las tropas de paz al Africa para combatir el ébola. No. Los transicionales demócratas chilenos no tienen cara para burlar a Fidel, para compararlo con la imagen de un dictador como Pinochet, porque mientras uno abría cuentas con nombre falso para guardar la plata robada a punta de tortura, el otro usaba los recursos de su Estado para liberar del yugo de la colonización a países como Angola, sin pedir nada a cambio. No se puede hablar de militares como espejos de dominación a secas. Chile, el país de la Internet de lujo, el de las cincuenta mujeres muertas al año por femicidios, el de más de cien mil abortos realizados ante el riesgo inminente de la desprotección, no tiene cara para mofarse del líder de un proceso que hoy a pura educación da muestras sustantivas de avances en la política de género, como la paridad de hombres y mujeres en el Parlamento sin necesidad de cuota (sí, porque si no sabía, en Cuba hay elecciones cada cinco años a las que se puede presentar cualquier persona, aunque no sea del Partido Comunista), como la paridad salarial desde 1959 o las casi nulas cifras de femicidios. ¿Esa no es la defensa de un derecho humano? En ningún país del mundo los derechos humanos se respetan todos a cabalidad, lo dice la ONU, lo que representa un permanente desafío para todos. En Cuba, por ejemplo, se entiende la libertad de expresión como que cualquier periodista puede realizar la crítica que quiera en un medio, y así pasa con duras palabras hacia el proceso publicadas en el diario Juventud Rebelde. Lo que Cuba no permite es la creación de medios representantes de sectores privados, derecho humano pleno en Chile, derecho humano que nos tiene con la totalidad de los canales de televisión al servicio de Luksic y Falabella, y con ningún diario de circulación nacional que no sea de derecha ¡Vaya derecho humano el de la propiedad del capital para monopolizar la información! ¡Vaya derecho humano el de una televisión que debe ser denunciada al CNTV para que cubra la huelga de Sodimac! Gracias Chile.

Fidel no fue perfecto. Nadie jamás lo fue. Cuba puede y debe ser mejor. Las voces pueden y deben ser más diversas y aún más críticas. Cuba debe actualizarse permanentemente y abrirse a las experiencias comunicacionales de la tecnología, pero no le pidan a Cuba, desde Chile, el país que hace pocos días recién catalogó el delito de la tortura, el país en que no renuncia el jefe de Carabineros cuando un guanaco casi mata a un estudiante tras azotarlo sin razones en el suelo, que renieguen de Fidel, el hombre que lideró una revolución que no los tiene con iPhone, pero que no los muestra al mundo encadenándose a rejas porque la pensión gestionada por el mercado no alcanza para almorzar y comprar medicamentos a la vez. Prefieran el silencio al insulto a Fidel cuando un familiar les cuente que aquí, en Chile, fueron atendidos en la indignidad del pasillo de un hospital; porque en la Cuba socialista de Fidel, el barbudo, faltarán miles de cosas, jabones de crema y bálsamos para el pelo, pero no un kilo de arroz ni un balón de gas que mantenga activas las mentes que jamás dejan de estudiar, de soñar con un mundo mejor, otro mundo que sea posible, sin injusticias.

No tenemos cara para criticarte, Fidel; ni por no generar –a imagen de un mundo mediático capitalista e inquisidor- una generación de recambio, ni por la supuesta voluptuosidad de tu soberbia, porque aquí, en Chile, es nuestra la soberbia neoliberal que nos mata por ser pobres e ignorantes, por no tener derechos ni la plata para elegir; es nuestra la soberbia que nos alza endeudados y victoriosos – generando miseria mientras los presidentes tan democráticos hacen fortuna en paraísos fiscales- como una de las tierras con más grosera inequidad en la distribución de la riqueza en el mundo. No, no tenemos cara los que pedimos medallas olímpicas a boxeadores que la mitad del día entrenan y la otra mitad recogen la basura, mientras en Cuba la educación física en los colegios va todos los días. No tenemos cara los que accedemos a la cultura sólo cuando Paris trae monos gigantes a pasearse por el centro. Los que todavía no tenemos un ministerio de Ciencia, mientras Cuba se afianza como potencia farmacéutica y biotecnológica, no tenemos cara. A Fidel, el referente que no fue perfecto, el de la Cuba con uno de los más bajos índices de homicidios en el mundo, de seguro la historia lo absolverá. Porque según la Unesco, esta noche ciento cincuenta millones de niños en el mundo dormirán en el frío de la calle, pero ninguno será cubano. Y en eso Fidel algo tuvo que ver.




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