Te estamos llorando, Chapecoense

por Javier Rios R



Sobre Javier Rios R

Duele la muerte, nuevamente, esta madrugada de martes. Maldita por el infortunio de un avión que de rebote se transformó en la tumba de los modestos; del Chapecoense, hasta hace un año completamente desconocido para el mundo del fútbol y fiel reflejo de que los chicos pueden vencer a los grandes (como cuando le ganó a San Lorenzo o los poderosos equipos de Brasil).

Un equipo que removiendo los actuales cimientos del fútbol mercado remontó tres categorías del fútbol brasileño para cumplir el sueño de un barrio de Santa Catarina y de las familias de los jugadores, que vieron cómo este martes sus ilusiones expresadas en hijos, padres, nietos, hermanos… se estrellaban en el Cerro El Gordo del municipio de La Unión, en el Oriente del departamento de Antioquia, muy cerca de Medellín, cuando iban a cumplir otro sueño, jugar la final de la Copa Sudamericana.

Duele por la muerte y por los humildes. Hoy con un lamento que sólo guarda preguntas ¿Por qué no dejaron a este equipito de Santa Catarina viajar en un Charter? ¿Por que subieron sus ilusiones de volver a vencer a un grande de América en un vuelo de la aerolínea LaMia?

El fútbol de luto, como cuando cayó el avión de Alianza Lima y Colo Colo desinteresadamente le prestó parte de sus jugadores cuando la actividad era menos negocio y más humanidad. De luto por Danilo, Neto, Dener Caramelo Cleber Santana, Gil, Josimar, Tiago, Ananias y Kempes; al oído, unos desconocidos, pero que en la cancha fueron los encargados de guiar las ilusiones del municipio de Chapecó.

Esa humanidad que el próximo partido volveremos a expresar al abrazarnos y nuevamente rendir un minuto de silencio. Nuevamente por los modestos, los que luchan en contra del poder de un sistema adverso y logran el sueño de pasar de la cuarta división a primera en tres años.

Es que la muerte está tan segura de vencer y a nosotros no nos queda más que abrazarnos, volver a la cancha -o a la micro rumbo al trabajo- y, con nuestra polera de luto y rojo furioso, nuevamente homenajear a este plantel de hijos de trabajadores, que estuvo a minutos de llegar a destino para lograr un sueño, que esta vez sólo se quedará en nuestro recuerdo, sellado como en la tumba que el mundo del fútbol vuelve a llorar.




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