A propósito de las razones humanitarias: Chile, el jaguar de la hipocresía

por Cristobal Palma



Sobre Cristobal Palma

A principio de año la Corte de Apelaciones dio cuenta de la realidad inhumana de los presos en Chile: reclusos durmiendo casi apilados, falta de ventilación, chinches y otros parásitos, señalaba el informe. En 2014, el informe del Instituto de Derechos Humanos (INDH) fue categórico en señalar que gran parte de la población penal del país estaba expuesta a paupérrimas condiciones de habitabilidad, restricción de agua potable, incumplimiento de la hora de desencierro, golpizas cotidianas por parte de funcionarios de Gendarmería, tortura, traslados injustificados, falencias en la atención médica, entre muchas más. La Encuesta de Percepción de Calidad de Vida Penitenciaria de 2013, expresa que en Santiago un 50% de los reclusos declaró haber sufrido violencia física por parte del personal de Gendarmería. Son miles, los relatos de exposición a tratos inhumanos y vejatorios que los presos y presas han señalado a la prensa, aún más los que estos revelan a sus familiares y organizaciones sociales en privado. La realidad carcelaria chilena es brutal.

Hace bastante tiempo, el mismo informe del INDH lo señala, un número importante de organizaciones de la sociedad civil viene promoviendo la creación de una Ley de Ejecución Penal, para terminar con los vacíos legales y la inconstitucionalidad de los reglamentos penitenciarios que, entre otros factores, permite la permanencia de prácticas atentatorias a los derechos humanos de los y las privadas de libertad.

Sorprende entonces, que el debate actual sobre la realidad penitenciaria esté volcado, por supuestas razones humanitarias a otorgar medidas especiales, e incluso indultos, para los reos de Punta Peuco recluidos por delitos de lesa humanidad. Sorprende porque dicha cárcel posee, como señaló la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados en 2013, condiciones de vida considerablemente más confortables que cualquier otra cárcel del país. No hay en Punta Peuco hacinamiento, existe completa libertad de movimiento, los reclusos poseen regímenes de visitas totalmente confortables, cancha de tenis, etc.

Resulta de una hipocresía espantosa que ante los graves problemas que han salido a la luz pública durante este año, como el señalado al principio y las similares condiciones en que viven los niños y niñas más pobres del país en el SENAME, las autoridades incluido el Ministro de Justicia, responsable directo esta situación, formen parte de la actual campaña abierta de impunidad promovida por la derecha y algunos parlamentarios de la Nueva Mayoría, acompañada fielmente de personeros cercanos a la clase política como el Sacerdote Fernando Montes, el polémico rector Peña, o recientemente Patricio Fernández, director del TheClinic y miembro del Consejo Ciudadano de Observadores del proceso constituyente.

El extremo de la vergüenza llega hoy con la editorial de TheClinic, donde Patricio Fernández usa como moneda de cambio, precisamente, la realidad de miles de reos comunes expuestos a condiciones infrahumanas para esgrimir unas supuestas razones humanitarias en favor de los condenados por delitos de lesa humanidad recluidos en Punta Peuco. Para diferenciarse de la derecha, de “la mano dura” y la “puerta giratoria”, Fernández promueve la impunidad absoluta de estos ex militares. Por qué entonces no se le ha visto ni a él, ni a Peña, ni a Montes, organizando una campaña por el perdón e indulto de miles de presos comunes condenados por delitos menores, por qué no se les ha visto promoviendo la liberación de la Machi Francisca Linconao, anciana y autoridad mapuche encarcelada injustamente, que hoy está en huelga de Hambre, porque como todo en Chile, las prioridades están divididas por clase, la justicia está dividida por clase y los pobres deben poner siempre la otra mejilla y esperar, hasta la muerte si fuese la ocasión.

Hay que recordad que la misma derecha que hoy apela razones humanitarias, siempre que se trata de reos comunes, condenados por delitos contra la propiedad o tráfico de drogas, en su mayoría personas pobres, exige penas desproporcionadas e incluso justifica la exposición de los reclusos a tratos vejatorios, es la misma que aleona a los colonos en la Araucanía para exigir más violencia contra las comunidades mapuche. Si de lo que se trata es de hablar de razones humanitarias e indultos, demos palabra entonces a los miles de presos comunes que han cometido errores, hagamos votos por su pronta liberación, mejoremos estructuralmente las condiciones carcelarias, revisemos la relación entre la desigualdad y la condena, promovamos la inmediata liberación de todos los presos políticos mapuche. Hasta entonces, Chile seguirá siendo el Jaguar de la Hipocresía, donde, como dijera un cura de los buenos “la justicia es como las serpientes, solo muerde a los descalzos”.



Deja un comentario