El sentido de Beatriz Sánchez

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Beatriz Sánchez hace sentido, enciende a los decepcionados, mueve a la voluntad de levantarse a votar a quienes ya –con justa razón- no creen en nada, ni en nadie, porque a punta de descaro y corrupción les han arrebatado toda idea de fe. Beatriz hace sentido, porque representa eso que algunos llaman “la rabia bien llevada”, encausada, canalizada, dirigida sin miedo y con nombre y apellido, esa rabia que se racionaliza y se comunica, para en una columna de cuatro párrafos o en un editorial de dos minutos comparar con dureza y claridad la plata que recibe para educarse un niño municipal de Cerro Navia, sesenta mil pesos, con el medio millón que reciben para sus colegios privados los hijos de los gerentes coludidos.

Beatriz Sánchez hace sentido, porque es una mujer de trato cercano, una mujer común, sin cuerpo de televisión, “más ancha”, como ella misma dijo, y absolutamente encantada con lo que es, la negación del disfraz, ese que se ponen los acostumbrados a mostrar un rostro fabricado para lograr un objetivo. Beatriz se muestra como es, y se muestra con alegría, con rabia o desesperación, pero siempre como lo que es. Beatriz Sánchez hace sentido, porque siempre se percibe creíble, porque no se fuerza a jugar los roles que exigen los jefes y las encuestas, porque no se vende como el mesías salvador que pretenden ser, por ejemplo, Lagos y Piñera, los constructores de buena parte de nuestras injusticias, que ahora piensan que frunciendo el ceño y hablando fuerte van a volver a conquistarnos. Beatriz es la respuesta a la política de la autoridad a destajo, la autoridad masculina, “estadista”, la autoridad surgida exclusivamente de la cúpula de un partido. Beatriz hace sentido porque no te da órdenes, te explica, como lo haría una vecina o una amiga del trabajo, el por qué es necesario que la gente marche, proteste, reclame contra las pensiones miserables recibidas por ancianas y defendidas por las AFP como actos de galantería; y lo hace con una voz suave, intensa, con palabras que le salen de la guata, sin discursos preparados por asesores de republicanos que vendieron el agua y la luz. Beatriz explica sin adjetivos insulsos, no nos insiste en que llevemos arriba los corazones; lo hace simplemente sintiendo la injusticia, con ejemplos, con datos y cifras, para que se contextualice el más revolucionario, y a la vez, el más tranquilo, el que hace décadas dejó de creer en la política de los políticos que hacen leyes para quedar bien con sus amigos, los empresarios.

Beatriz, que quedó embarazada a los diecinueve años –cuando estaba en el primer año de universidad-, hace sentido en los jóvenes, en los que como ella, han debido enfrentar tantas veces el rechazo de sus sueños. Hace sentido en las mujeres profesionales que hoy se emocionan recordando que le ganaron a todos los que les dijeron que con esa guata gigante no iban a poder jamás salir de la carrera con el título en la mano. Y hace sentido también, Beatriz, en los hogares más sencillos de este país de hijos abandonados, en esos hogares donde –como ella misma dijo- “el hombre es el que deja la familia, y la mujer no, la mujer se banca a la familia siempre, con todos los hijos que tenga”. Cómo no va a hacer sentido la opción de una mujer que en la radio, todos los días, comenta esto, y luego lo conecta con el abuso de las isapres, esas que reafirman la posición de inferioridad que la Ley da a la mujer, y a las que –pese a todo- “tienes que mendigar para que te paguen las licencias”.

Pero Beatriz –definida como hiper feminista- no sólo hace sentido en las mujeres, porque sus comentarios enrabiados con el abuso, en todo momento circunscriben a todos. Porque es a la sociedad completa a la que Beatriz -la que renunció de ADN por las prácticas antisindicales contra un trabajador- busca remecer cuando interpela a la derecha que quiere obligar a niñas violadas a ser madres. “Una niñita de 11 años embarazada tras violación del padrastro, ¿no les remueve el espíritu? Los que están en contra del aborto, ¿qué dicen? ¿Qué proponen?”, dijo una vez la periodista que siempre hace la pregunta exacta, la justa y necesaria, la que luego de lecturas y contrastes, interpreta; esa pregunta que tanto escozor causó en los editores de medios cuando constataban que la opinión más fuerte de la radio la estaba dando una mujer de pelo corto.

Pero Beatriz Sánchez no sólo hace sentido como una voz válida en un vacío, porque tampoco se trata de dar crédito a cualquier voz de apariencia luminosa, Beatriz hace sentido en la política, porque ella es política, siempre ha asumido su rol social como comunicadora como un ejercicio político. Beatriz hace sentido porque siempre ha estado situada en líneas programáticas. No tuvo problemas en apoyar las reformas originarias del gobierno de Bachelet, y tampoco tuvo problemas para criticarlas e identificar sus trampas cuando éstas avanzaron. No valorarla en esa perspectiva sería seguir mirando la aparición de nuevos sujetos políticos, ciudadanos, como meras caricaturas del mismo modelo de siempre, sería hacer caso a la visión de Jaime Mañalich, quien dijo que es una “aficionada” que probablemente “al final no representa nada”, y que ese tipo de gente no puede gobernar al país. Bueno, Beatriz y su auge presidencial es en sí misma una respuesta a Mañalich, defensor de Piñera, es el espetar, con la fuerza surgida desde la más profunda convicción ciudadana, a los expertos, esos que sin aficionados inauguraron hospitales sin recursos, asesinaron la institucionalidad del Censo y crearon leyes codo a codo con las empresas beneficiadas. Beatriz es la respuesta a un señor caminando por la calle que se detiene a leer las portadas de los diarios para decir: “¿Para esto quiero expertos que nos cuiden de los aficionados?”

Beatriz Sánchez es honesta, lo dijo en enero, es periodista de alma, no tiene experiencia como dirigenta política, pero es esa misma honestidad la que enciende a las personas que ya no encuentran salida en el país de la desigualdad y la basura debajo de la alfombra. La gente que ahora dice que sí podría ir a votar, va a votar con la absoluta conciencia de que enfrente no habrá un barón de la política, y lo hará porque son esos barones de la política los que nos tiene como el paraíso de la colusión y el tráfico de las influencias. Beatriz hace sentido, porque no fue nada más que el curso de esta historia de huidas y desencantos el que la ubicó como un faro, el faro de la credibilidad que da a miles la posibilidad de volver a creer, lejos de la hipnosis que ya preparan los gobernantes del cinismo publicitado.




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