Los chilenos no somos ejemplo de ninguna democracia

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

¿Los ultra demócratas chilenos, esos que hoy festejan cada paso que da el gobierno de Maduro hacia el caos institucional, qué hicieron cuando en 2009 un golpe de Estado casi mató al Presidente de Honduras, Manuel Zelaya? ¿Qué hizo Soledad Alvear y sus soldados cuando el congreso de Paraguay decidió mandar para la casa a Fernando Lugo, el presidente más democrático en la historia del país? ¿Puso el grito en el cielo la DC cuando en lugar de Lugo se instaló a un empresario que volvió a arraigar la senda de la corrupción y del despojo que convirtió a Paraguay, de la mano del dictatorial Partido Colorado, en un paraíso de abuso y de pobreza a la que queda condenado el que no tiene santos en la Corte? ¿Qué hizo el gobierno de Chile, ese que tramitaba leyes con la venia de senadores designados por Pinochet, cuando en 2002 un golpe de Estado echó en helicóptero a Hugo Chávez desde el palacio de gobierno de Venezuela? Bueno, ese gobierno de Ricardo Lagos fue el único gobierno de Sudamérica que validó al golpista entrante, que dio la aprobación a un hombre que con su sed de venganza ya preparaba la represión de los socialistas. Para que lo sepamos. ¿Sabe usted quién era en ese entonces la canciller de Lagos que instó a la celebración de un golpe de Estado? Soledad Alvear, el rostro conservador de los que hoy por redes sociales hacen gárgaras hablando de democracia y exigiéndole a Venezuela una pureza institucional que su partido y su historia -una historia que alentó a la dictadura chilena que hizo desaparecer a miles de compatriotas- nunca ha ostentado. Porque si de democracia liberal hablamos, que venga Mandela a darnos cátedra, no un demócrata cristiano que hasta el día de hoy en las poblaciones defiende que sacar a Allende era una necesidad patriótica.

Hoy duele profundamente lo que vive el pueblo de Venezuela -por distintas razones-, duele recibir noticias de gente que no tiene qué comer, de personas que hurgan en la basura para desayunar, pero por favor, no seamos nosotros los chilenos, la cuna de lo que es un país levantado por una dictadura sangrienta, quienes demos lecciones de cómo un país debe caminar hacia la más correcta representatividad y respeto a las instituciones. ¿Representatividad de qué, Chile, el país que en la misma semana que exige a un país vecino ser más digno en su democracia toma presa a una dirigente vecinal por transmitir, desde su junta de vecinos, programas en una radio comunitaria? ¿De verdad tenemos cara para hablar de democracia y libertad de expresión nosotros, los indignos e incapaces de cambiar leyes que hacen posible que esa mujer organizada pase tres años en la cárcel por simplemente querer comunicar? ¿Somos el mismo país que después habla en la tele, esa tele dominada por los más grandes empresarios de la nación, de la falta de medios en Cuba o Venezuela? Hagamos todas las críticas posibles, planteémonos todas las reflexiones necesarias, pero por favor no seamos descarados, porque Chile es cada día más, un país de mierda, no una perfecta democracia.

¿Con qué cara vamos a hablar de democracia, de respeto al pueblo a través del Congreso, los que aprobamos en un 7% la labor de los parlamentarios? ¿Con que autoridad damos clases de democracia los que ya no creemos en el Congreso porque éste ha demostrado a Chile que casi la mitad está investigado por haber sido financiado por empresas que buscan preservar la desigualdad de la que después los diputados imputados hablan en las noticias? No, no tenemos cara para hablar de democracia los que contemplamos cómo se pasean campantes en el poder legislativo, senadores machistas decidiendo por mujeres que se mueren abortando clandestinamente, senadores que redactaron leyes dictadas por sus beneficiarios, los dueños de las pesqueras y las mineras, multimillonarios que luego nos patean la cabeza pidiendo más desarrollo y crecimiento. No tenemos cara para pedir democracia al mundo los que pensamos que aquí todas las voces valen lo mismo, mientras en los diarios leemos que es irresponsable trabajar menos horas a la semana porque Chile está en el acabose económico, pero las isapres ganan al año 50 mil millones de pesos. ¿Esa es la democracia tan preciada que mostramos al resto de los países, la que mete presas a presidentas de juntas de vecinos por transmitir por radio, la que masacra por la espalda a niños sólo por llevar apellidos mapuche, la que obliga a niñas de once años a parir la guagua concebida por su padrastro violador, la que reprime a ancianos que reclaman por haber sido obligados a entregar su plata previsional a inversionistas que los dejaron con una pensión miseria de cien dólares? No, no me hablen de democracia, no me intenten hacer firmar cartas de condenas a procesos políticos extranjeros los que validan el modelo que mata a tres mil pobres al año esperando camilla en las postas públicas de la patria.

Venezuela, su contexto, las presiones, errores y virtudes que la tienen en crisis, duelen profundamente, porque a nadie le gusta mirar una sociedad sumida en necesidades, pero amigo demócrata cristiano, amigo UDI que visita a criminales de lesa humanidad pidiendo impunidad, no me venga usted a decir que desde Chile daremos la receta; porque este, el país cumbre de la desigualdad, el país más desigual del mundo de la OCDE, el país que será enseñado a las generaciones del futuro como la máxima muestra de ausencia de derechos en virtud del abuso del mercado, el país que reclama por falta de crecimiento mientras las empresas crecen un 25% más en 2016, no va a dar la receta de nada, de absolutamente nada.

Paremos con el show, pidamos la verdad sobre los muertos provocados por nuestra exigua democracia, instemos por reformas laborales que garanticen el pleno derechos a huelga, informemos al mundo que por pedir contratos dignos la policía mató al minero Nelson Quichillao, marchemos por el fin de un Tribunal Constitucional que le dice que no a la titularidad sindical y a la gratuidad en la universidad, y paremos este show, el de la cátedra a Venezuela y al resto del planeta dictada por la más charcha idea de democracia, la nuestra; porque si algo hemos entendido desde este rincón del mundo, es que la posibilidad de un voto cada cuatro años no nos garantiza la más mínima dignidad ni igualdad de derechos frente al que tiene un poco o mucho más dinero. Mirémonos al espejo, revisemos el estado de esta, nuestra precaria democracia, y después pensemos en poner gritos en el cielo por los demás. No seamos cínicos, amigo UDI, amigo demócrata cristiano, y preparémonos para la siguiente colusión con un poco más de dignidad que siete lucas de reparación y cero días de cárcel.




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