El verdadero festín es de Carabineros

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

¿Sabía usted que con los 16 mil 500 millones de pesos robados por decenas de carabineros se pueden financiar 115 pensiones de 400 mil pesos durante treinta años? ¿Sabía usted que con esos $16 mil 500 millones robados por decenas de funcionarios en el fraude más grande desde el inicio de la reforma procesal penal se pueden construir justo las 900 casas con luz y agua potable que necesitan las familias del campamento Felipe Camiroaga de Viña de Mar? ¿Sabía usted que con esos sacos de plata correspondientes a todos los chilenos se pueden levantar cinco Cesfam completamente equipados en las zonas más necesitadas de salud en las profundidades del país? ¿Y sabe usted, además, que con el robo al interior de Carabineros pueden estudiar gratis tres mil aspirantes a médicos por un año en la Universidad de Chile? Dato no menor, considerando que en el país todavía faltan cuatro mil doctores especialistas para un sistema público que no da abasto, un sistema que tiene a un millón y medio de personas esperando por una consulta y 240 mil por una cirugía. ¿Se dan cuenta, por lo tanto, las autoridades de Carabineros, la indignación, la sensación de abuso y de injusticia que sienten los ciudadanos cuando además conocen que los sinvergüenzas que saqueaban los fondos de remuneraciones, desahucios y asignaciones, gastaban el fruto del desfalco en diez autos de lujo –cantidad de vehículos que posee el Mayor Nelson Valenzuela-? ¿Imaginará el General Bruno Villalobos la desnudez de derechos en que se siente un habitante de campamento, una mujer honrada que gana el sueldo mínimo y que no tiene alcantarillado, cuando comprueba que procesados como el Teniente Coronel Robinson Carvajal cuentan con ocho propiedades? ¿Y aun así se atreve el General Villalobos a acusar a la prensa de “hacer un festín” y tirar barro a la institución por preguntar sobre su actuar en el pago de impuestos y el de los miembros de su institución?

¿Qué nos quiere decir el jefe de la policía militarizada? ¿Que son vacas sagradas? ¿Que como en el colegio nos enseñan su himno y nos obligan a vestir a los niños de verde, están fuera de la posibilidad del escrutinio? ¿Qué clase de vocación democrática es esta, en que un medio –Ciper- informa que el General a cargo de limpiar a la institución no paga impuestos por su casa –avaluada en cerca de $250 millones- instalada de forma totalmente irregular en una parcela de uso agrícola, y la reacción del aludido es increpar las acciones permitidas por la libertad de prensa con la soberbia propia de los militares que se creen sobre la subordinación civil? La reacción airada del General Villalobos, ese que por años eludió el pago de 400 mil pesos aproximadamente en el pago de contribuciones, no sólo es inadecuada, es también una grave falta de respeto hacia un pueblo que observa con extremo cuidado episodios de corrupción como este, episodios que profundizan la desconfianza en el sistema democrático. Es ese el lugar en que se halla Carabineros y su mega fraude, y por eso se hace tan inaceptable que la máxima autoridad, el representante de toda una institución cuestionada, ataque a los portavoces de sus fallas personales en lugar de aclararlas. Porque su acusación de “festín” no sólo es un amedrentamiento al periodismo, también es una embestida a sus propios subalternos, esos carabineros que ganan un poco más de trescientas lucas, que arriesgan su vida en persecuciones, que se comen el frío en las mañanas dirigiendo el tránsito, esos suboficiales insultados y honestos que nada tienen que ver con la deshonra de los procesados, y que lo único que están esperando es explicaciones, y más aún, claridad y confianza en el actuar de su líder.

No señor Villalobos, aquí nadie ha hecho un festín, aquí los profesionales de la prensa, con extremo rigor y cuidado, han informado, han pedido las explicaciones que todos merecemos, y si comparamos el nivel del desfalco con otros episodios delictuales, esos comunes, estamos lejos de un festín del morbo. Festín es lo que hizo la prensa cuando nos bombardearon con “el robo del siglo”, ese atraco en el aeropuerto de Santiago en que ladrones sin grado ni justicia militar huyeron con apenas un tercio de lo sustraído por los representantes del Orden y la Patria. Festín es el que ustedes, generales de carabineros, se hacen cuando cierta prensa baña de heroísmo la masacre de Fuerzas Especiales en la Araucanía, o cuando la justicia deja libres o reduce penas a funcionarios que balean por la espalda a jóvenes mapuche o estudiantes. Festín es el que se hacen los policías que se preparan como para una guerra rumbo a una marcha en la Alameda, provocando a veces sin razones los disturbios. Festín es el asedio desde temprano con tanquetas a las poblaciones en el Día del Joven Combatiente o el once de septiembre.

Festines hay muchos, General Villalobos, pero informar al país de su irregularidad en el goce de una vivienda millonaria, no es un festín, es una responsabilidad ética y un derecho democrático, más aún en el contexto en que usted se ha erigido como el Ibañez del Campo del caso, dando la imagen de una limpieza total, mientras la mayoría nacional aún no se explica cómo representantes de la institución en la que más han creído desde siempre, se gastan en lujos personales plata fiscal que equivale exactamente al aumento de este año en el Presupuesto del Sename. Si hablamos de festín, general Villalobos, hay que decir que el verdadero festín ha sido de carabineros.



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