Homenaje a la Fonda Permanente La Popular

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

En las siete pantallas gigantes del Hipódromo Chile, un video muestra a una peluquera, quien desde su puesto de trabajo saluda con emoción a los y las trabajadores de Chile, que como ella, en vísperas de un Primero de Mayo exigen al Estado más derechos y respeto por la vida en comunidad. La presencia de la señora no es casual. Su rol es el de presentar a la banda Guachupé en uno de los eventos más importantes del año para la música nacional: la Fonda Permanente la Popular. Abajo del escenario, las banderas de los hinchas de la agrupación se apostan para alentar el sentimiento del “club del amigo” de Tomás Maldonado, Robinson Acuña, Rodrigo Alveal y “Don Nelson” Alveal. Para poder pasar, antes los fanáticos de Bloque 8, La Transa, Villa Cariño y la Combo Tortuga tuvieron que abrir paso, retirase para esperar su turno. Aquí opera el sentido común y la generosidad, los protagonistas de la fiesta son ahora los abanderados de Guachupé, y a ellos se debe dejar pasar. No estamos solos “en ese viejo bar”, estamos juntos respirando un especial sentido de comunidad. Una nostalgia y deseo de abrazarnos nos embarga cuando llegamos al clímax de “Todo va lento”, y buscamos compañía cuando una letra nos enseña que “miles de fracasos en tu vida no te pueden hoy desalentar, lo que fue ya está, no te lamentes, lo que viene siempre fue mejor a lo de atrás”. Es momento de recordar a esas amigas que se fueron a vivir a países lejanos, a miles de kilómetros de distancia, o a los que esta noche no pudieron venir, afligidos por algún problema en su casa. Es momento de tomar el celular y enviarle a ese amigo un audio de Whatsapp, y es momento de encontrarse con nuevos rostros en medio de la fiesta, de abrazar a las compañeras nuevas, o simplemente de cruzar una sonrisa con alguien que ves por primera vez. Al finalizar su presentación, Guachupé piensa en los miles de músicos que están a punto de tirar la toalla por no encontrar espacios para tocar, como a ellos les pasó durante tanto tiempo, invisibilizados, y recuerdan que “somos una familia” y que brindemos por los que “no tienen la posibilidad de presentarse”.

La Fonda Permanente la Popular es un lugar especial. Se respira honestidad, no es un festival pretencioso, no te juzgan por la ropa ni por cuántos grupos de los que se presentan conoces. Hay espacio para que conviva el sound con el rock, con “Run run” interpretada por Joe Vasconcellos y con el hip hop. Para bandas con tres instrumentos de bronce y dos guitarras, o para una simple electroacústica acompañando la voz de Juanito Ayala, valiente, preguntando quién tiró la bala para Víctor Jara frente a decenas de miles, estudiantes, trabajadores, jóvenes, viejos, algunos curtidos de canciones combativas y otros recién estremeciéndose por los rostros de los detenidos desaparecidos que aparecen junto a la interpretación que azuza a que reviente la calle y que apunta a los delincuentes de etiqueta. La Fonda Permanente La Popular tiene esa gracia, que en base a un espíritu carnavalesco, impulsa la expresión de voces generacionales que en el código fiestero más insospechado te hablan de las carencias sistema de salud o del crimen del Estado contra Alex Lemún. La cumbia, entendemos hoy, eso que a tantos incomoda, es una posibilidad de protesta, de narración de historias de lucha, es –como podría ser el más estricto género musical- un espejo de las inquietudes de una sociedad que constata injusticias y desigualdades; todo, en la virtuosa libertad musical que permite gozar a veces de un arreglo de ska, a veces de un reggae romanticón, o hasta de un bolero. Cuestionando “por qué mierda no hay justicia en este país”, Juanito Ayala deja el escenario con las botas puestas, mientras se comparten más tragos de terremotos en medio del polvo, mientras los tempraneros que no se quisieron perder a Anita Tijoux ni a Inti Illimani duermen en un pedazo de pasto que ya les parece propio. Les costó varios turnos extras en la pega de empaque juntar la plata de las entradas y no están dispuestos a perderse la cumbia de la buena de la Combo Tortuga. Son los cabros de Conchalí, trabajan duro toda la semana, son las cabras de la Pintana y de Cerro Navia. Es momento de escuchar al profesor Pedro, docente del revolucionario Liceo Experimental Artístico, quien presenta con alegría a Café Tacuba. Es momento de sacar el pancito y aguardar, mientras Javo -bajista de La Transa haciendo el papel de don Rogelio Cucarro- nos recuerda con su calmado frenesí que estamos donde queremos estar.

En el pasto, besos son acompañados por el flameo de banderas mapuche, por chapitas de Salvador Allende y Clotario Blest. En un baño químico, adhesivos de “No más AFP” se sienten gloriosos cuando Villa Cariño entona “antes que tú te mueras”. En el coro, hasta los más borrachos que hacen fila para una hamburguesa de bajón, reaccionan a la hora de gritar que es hora de “que se acabe el Chile de Pinochet”.

Avanza la hora, la fiesta parece interminable. Grupos de amigos se rinden y emprenden el regreso a casa con las zapatillas embarradas. Otros, cumplen su promesa de gozar hasta el final, aunque mañana duela todo el cuerpo, aunque mañana con los audífonos rumbo a la pega, al estudio, recordemos que “es lunes otra vez”. Pero cuando quieras –pensamos al despedirnos de los que se van-, después de la pega quizás, te paso a buscar al lugar donde sea. Muy probablemente al encontrarnos decidamos irnos a la Fonda Permanente, ese rincón que con su trabajo de casi una década ha sido fundamental para que hoy conviva tanto amor y convicción, la convicción de compartir y ser felices en medio de la turbulencia, bajo la excusa extensa y hermosa de la música, la excusa de la música codificada en el movimiento tal vez más democrático, el de la cumbia que molesta, el que sin complejos te puede hacer bailar hasta al amanecer, con la anécdota de vida más sencilla, o camuflando las frases más políticas de Violeta o Víctor Jara.



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