Repudio a la Salud Pública: ¿Tan poco quiere Chile a su gente?

por Francisca Valdebenito Fica



Sobre Francisca Valdebenito Fica

¿Tan poco quiere Chile a su gente para que casi 25 mil personas en lista de espera para una hora médica o cirugía murieran en 2016? ¿Tan poco quiere Chile a su gente para que el estado no garantice salud pública de calidad? ¿Tan poco quiere Chile a su gente para que la salud sea un lujo y sólo quienes tienen mejores ingresos puedan pagar para ser atendidos de forma digna?

Mi alma humilde y mi familia me hicieron crecer estando agradecida de todo, de cada oportunidad, de cada cosa. Pero hoy me pregunto si puede uno estar agradecido de un sistema de salud pública que trata a sus pacientes como cualquier cosa, como si nos hicieran un favor, como si tuviéramos que darle las gracias por estar vivos.

Hace nueve años le pusieron un marcapasos a mi papá en el hospital Barros Luco, de ahí en adelante debía controlarse una vez al año. Sin embargo, en los últimos cuatro años, las posibilidades de conseguir una hora para su control fueron cada vez más difíciles ¿Qué pasó?. En 2014 comenzaron los problemas cuando no pudo conseguir un espacio para su control anual. Así, pasó casi un año en que cada cierto tiempo iba al hospital para pedir su hora. La respuesta siempre era la misma: venga el próximo mes, por ahora la agenda está copada. Papá iba cada vez, desde San Bernardo a San Miguel. ¿Tan en el pasado vivimos que no es posible contar con una línea telefónica para preguntar si por fin en algún momento existirá un cupo para poder atenderse? ¿En que se van las horas y cupos, si más de 25 mil personas murieron esperando por una atención? Finalmente, en 2015, papá estuvo grave por problemas con su marcapasos. Ni si quiera con eso fue posible conseguir una hora. Ante la rabia y la impotencia sólo a través de una periodista que me ayudó con un contacto, me llamaron en menos de una semana. De inmediato me pregunté qué pasa con toda esa gente que no tiene un contacto como yo. Papá tuvo su control, pero al año siguiente pasó lo mismo. Así, nuevamente esperamos casi dos años para un nuevo control, y otra vez, sólo con ayuda de nuestro contacto pudimos conseguir el cupo. Aquí la cosa iba peor. El marcapasos de papá ya no funcionaba. Llegó a su control a penas, y tuvo que esperar más de una hora y media en la sala de espera, pese a que mi mamá le dijo en reiteradas oportunidades a la secretaría que mi papá estaba mal, que por favor lo hicieran pasar. Me pregunto cuántas personas van de la misma forma a esperar por sus horas. Una vez en la consulta del cardiólogo, papá ya no dio más y se desmayó. El cardiólogo no hizo absolutamente nada para ayudarlo ni asistirlo. Sólo le dijo que necesitaba un cambio de marcapasos y que dentro de los próximos 30 días lo llamarían. Eso, por supuesto, nunca pasó. Tuvimos que insistir para saber por fin cuándo sería la operación, mientras papá seguía mal. Finalmente lo llamaron, un martes a las 10 de la mañana. Gloria, la secretaria de cardiología le dijo que se tenía que ir de inmediato o si no perdería la cama. ¿Así de violento tiene que ser el sistema? ¿Nos están haciendo un favor o nos están garantizando la salud? Finalmente se internó en la Unidad de Programas Quirúrgicos, que no cuenta con un médico tratante, sólo enfermeras y técnicos. El estado de los hospitales en Chile es deprimente y la atención es peor, las reglas, los horarios. Nunca pudimos hablar con el doctor, nunca nadie nos dijo si quiera cómo había salido la operación, porque ni las enfermeras tenían mayores detalles. Mi papá nunca recibió sus remedios, y pese a que le preguntamos reiteradamente a la enfermera por qué no se los daban, siempre tenían excusas. Solo el último día asumieron que habían perdido los medicamentos y que por eso no se los habían dado. Que rabia, que impotencia. Finalmente, cuando le dieron el alta, ni una silla de ruedas nos pasaron para sacar a mi papá del hospital, sólo porque en ese servicio no tenían. Lo habían operado hace un día, estaba débil y aun así ni una silla de ruedas pudieron conseguir. ¿Por qué el sistema público y el privado tienen que ser tan desiguales? ¿Por qué necesito mucho dinero para que mi papá no vuelva a pasar por lo mismo?

¿Tengo que estar agradecida, entonces, por qué mi papi tiene al fin su marcapasos? No, por ahora sólo tengo rabia con el sistema, que una y otra vez se ríe de nosotros y nos humilla de la peor forma. Tengo rabia con todos aquellos que trabajan en salud pública, con todos esos doctores, enfermeras, asistentes y administrativos, por su falta de profesionalismo y porque nos tratan como ciudadanos de otra categoría, como si fueran mejores que nosotros, como si nos estuvieran haciendo un favor.



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