No te caigas, Marcelo Díaz

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

No te caigas, Carepato. No te caigas Marcelo Díaz, como no te caíste cuando te mandaron a préstamo a La Serena, cuando nadie te quería, cuando tu precisión aún no despertaba, cuando te pusieron de Diez papayero para que tomaras confianza. No te caigas, Carepato, porque no nos debes nada. No le debes nada a un país de ingratos históricos y chaqueteros oportunistas al que tuviste que demostrarle desde el sacrificio más tosco, desde el destierro, que tu talento aún estaba vivo. No te caigas, Carepato, como no te caíste hace más de diez años, cuando tu hermano decidió dejar el mundo, y tú tuviste que seguir solo, entendiendo la existencia como una aventura que en el momento más inesperado te da un golpe que te destroza la cara. Pero tú no te caíste, no te entregaste, no fuiste débil; llegaste a Europa, salvaste a un equipo del descenso, y no se lo sacaste en cara a nadie. Nunca sacas en cara nada a nadie. No te caigas, porque somos nosotros, los de pronto exigentes críticos de nivel mundial, los que antes de cualquier condena debemos agradecerte, a ti y tu control de la pelota, a ti y tu inteligencia que percibe antes que cualquiera hacia donde tiene que ir un pase, a ti que nos acostumbraste a que después de dar un habilitación perfecta te veremos tirado en el piso recuperando una pelota que perdió uno de tus compañeros, a ti, que en este esquema de fútbol posmoderno, de una ofensiva demoníaca, pusiste la pausa, la calma, el momento de pisarla para repartirla sin soberbia.

No te caigas, Carepato, como no te caíste en la final de la Copa América Centenario, cuando te expulsaron a los 28 minutos del primero tiempo, el expulsado más temprano en una final de Copa América desde 1987. Y no te caigas, porque en esa oportunidad, tal como ahora, fueron tus compañeros de sueños, aventuras, carencias y promesas, los que estuvieron ahí para contenerte y protegerte. Porque a ti nadie te daña, ni los críticos más mezquinos ni el destino que te apuñala. Así como esa vez tus compañeros te protegieron llegando a los penales para convertirnos en bicampeones, esta vez te cubren en un círculo para darte una palmada por la espalda, para mirarte a los ojos y gritarte sin hablar que debes levantarte, porque en esta proeza que en siglos hemos desconocido, la proeza de estar en el ojo del huracán de la excelencia del deporte más competitivo del mundo, tú no eres ni por lejos ni por cerca el responsable de no tocar la gloria. La gloria, tú y tu generación nos enseñaron, ya está con nosotros, en las copas que no teníamos, y en la dignidad que también te da la derrota. No te caigas Carepato, No te caigas tú, que desde cabro chico ibas a la barra de la U como socio incógnito, que como cadete pasaste al primer equipo azul con sueldo de juvenil, enamorado de una camiseta, y que varios años después, luego del destierro y la travesía por el desierto, volviste para ser campeón precioso de la Sudamericana, con esa misma camiseta. No, no te caigas Marcelo Díaz, porque hoy eres más grande que ayer, porque los modestos, los humildes, lo que lo han dado vuelta todo en la vida, año por año, no se pueden caer cuando un tropiezo te saca las lágrimas. No te caigas Marcelo Díaz, porque hoy es este país, al que has hecho un poco más feliz desde tanto sigilo y anonimato, el que te levanta. En 2018, queda Rusia todavía. No te caigas, Marcelo Díaz.



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